Batman vs Superman: Poder, ideologia y destino manifiesto.

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Los héroes o los superhéroes son el retrato de los sueños y deseos de poder que anidan en el interior de los seres humanos. Estos personajes superiores personifican gráficamente las ideas de grandeza, las aspiraciones de trascender por encima del común de los mortales.

Los poderes extraordinarios de los superhéroes comportan unas obligaciones sobre su uso, que al ser transgredidos los hace pasar al bando de los anti-héroes, pues como lo explica Stan Lee en el Hombre Araña: “Un gran poder implica una gran responsabilidad”.

Los códigos de valores en los que descansa la actuación de estos prodigios les acercan a los dioses griegos en su accionar para defender unos intereses muchas veces demasiado humanos, con una gran cercanía a la política y el poder.

El superhéroe juega un rol de enorme importancia en la formación de los niños que crecen leyendo sus aventuras e imitando sus acciones, interiorizando sus ideas acerca del mundo, en definitiva, moldeando el pensamiento de este ciudadano en formación.

Las relaciones de estos superhombres con la política no son nuevas ni ha cesado nunca, actuando como estrictos defensores del status quo sin cuestionar en profundidad el compromiso democrático del estado con los ciudadanos. En todo caso, ejerciendo la función de garantes de las leyes de control social.

El próximo estreno de Batman Vs Superman: Dawn of Justice (anunciada para el 2016), nos permite dar un vistazo a la carrera de ambos y hacer puntualizaciones sobre la idiosincrasia de estos “defensores de la ley”, aunque sea entre comillas.

Superman llega a la tierra procedente de Kriptón, planeta que se destruyó, y fue enviado a la tierra por sus padres porque aquí existía una atmosfera que le permitiría desarrollar poderes, mejorando sus posibilidades de sobrevivir.

El pequeño Kal-El aterrizó en las cercanías de una granja en Kansas creciendo con los Kent, Jonathan y Martha, en un sano ambiente conservador, como cualquier muchacho del Medio Oeste norteamericano. De ahí emanan sus cercanías con la ideología de los valores establecidos en la América profunda.

Superman defiende en primera instancia a la Pax Americana de Estados Unidos y su gobierno, como lo hizo en la Segunda Guerra Mundial combatiendo a los nazis, y como lo seguirá haciendo contra todo aquel que amenace a la llamada “primera democracia del mundo”.

Defender al ciudadano común es un esfuerzo colateral y enmascarador de su falsa filantropía, porque este superhéroe está más interesado en preservar la propiedad privada y los inquilinos de la Casa Blanca que a los del montón.

 

Los enemigos del hombre de acero, el General Zod y Lex Luthor, entre otros, lo son en función de las pretensiones de estos de producir un cambio en el manejo del estado, y por tanto, de la distribución de la riqueza para que pase a otras manos, cosa que el Kryptoniano no permitirá.

Los orígenes de Batman son tan trágicos y oscuros como el traje que usa, sus padres fueron asesinados por unos delincuentes y el juró combatir el crimen con todos los medios que tenía a su disposición, que no eran pocos, pues heredó una gran fortuna.

El hombre murciélago es un vengador, que en los primeros números del cómic que creara Bob Kane, no dudaba en acudir a violentísimos métodos que no lo diferenciaban mucho de los criminales que combatía.

El primer policía del mundo, con sus cuarteles en Ciudad Gótica, se bate contra almas tan trastornadas como el mismo, buscando mantener el orden para la clase que representa, y poder hacer sus negocios en paz, su otro objetivo vital después del trauma permanente de las muertes no superadas de sus padres.

El empresario Bruce Wayne es dueño del consorcio Empresas Wayne, manejado por su testaferro Lucius Fox. Una multinacional con intereses en la tecnología, en los sectores financiero, de alimentos, medicinas, químicos, entretenimientos, etc., proveedora, como no, del gobierno, y fuente de financiamiento del desinteresado pacificador de Ciudad Gótica.

 

Bruce Wayne posee también fundaciones benéficas para ayudar a los necesitados, financiar la investigación, el arte, la asistencia médica, o en la línea de lo que se llama responsabilidad social corporativa, un sucedáneo inventado para aliviar la mala conciencia de muchos empresarios.

Batman -Bruce Wayne-, al igual que Superman -Clark Kent-, tienen doble vida para justificar sus actividades heroicas. Wayne como un prospero empresario y filántropo; Clark Kent como el honesto y esforzado periodista. Pero ambos defienden los intereses de la sociedad opulenta.

 

Superman usa sus superpoderes, que son físicos, una combinación de fuerza bruta, habilidades atléticas y convicciones conservadoras, al contrario de Batman, un explosivo cóctel de fuerza entrenada, gran poder de deducción, mucho resentimiento, olfato financiero, y miembro de pleno derecho del sector empresarial y político que rige nuestro mundo capitalista.

El de Kansas es un extraterrestre inmigrante con una exitosa integración a la sociedad, y el de Ciudad Gótica es un honorable miembro de la alta sociedad, que vive en la periferia existencial. Diferentes personalidades unidas en la defensa de los intereses de la elite.

¿Es Superman la luz y Batman la oscuridad? No estoy seguro, pues la opacidad de sus actuaciones en las películas protagonizadas por ellos está llena de claroscuros, un baile de sombras y luces al compas de la música de los intereses que defienden.

 

Publicado en Vanguardia del Pueblo, el 30 de abril de 2015.