Mi hijo sólo camina un poco más lento

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Llegará el momento en que la madre –que puede ser la hija de su madre, la madre de su madre o la hija de su propia hija- logre decir -o gritar- que su hijo no puede caminar. Poder dejar de decir que su hijo sólo camina un poco más lento cuando anda en una silla de ruedas, es una forma de superación o una forma de desesperación.

Hoy es el día del cumpleaños del hijo mayor. Él de a poco está perdiendo su motricidad. También es un día como tantos en la casa de la decadencia de una familia en tres generaciones, tres matrimonios alguna vez felices y un trío de hijos que no saben cómo ubicarse en ese espacio y esa historia familiar. Que como toda historia finalizará con una foto de la felicidad que no es y que notablemente incluirá a los espectadores, ellos mismos hijos, padres y nietos.

La actriz Elsa Bloíse, la abuela y madre, da comienzo a la función anunciando que si ella se olvida el texto, sus compañeros la ayudarán a recordarla. Esa situación como parte de la puesta, ya sea de la realidad o de la ficción, permitirá el despliegue de parte del mecanismo narrativo que hace que la obra se multiplique en lenguajes y dispositivos narrativos. ¿Se olvida aquella abuela de los textos cómo se olvida de lo abúlico de su vida? ¿Inventa texto como el inventó a aquel amante inolvidable? Quienes apuntan el texto ¿lo hacen como meros “pasadores” de letra o son ellos mismos quienes dos generaciones después están dando cuenta de la misma frustración que los ancianos?

La capacidad de Cacace de poner a favor de la potencia dramática la disposición escénica y los roles de los actores, que son muchas veces más que el del propio personaje, se nota en el lugar del narrador externo y de los apuntadores, pero también en el modo en que dispone espacialmente a los personajes, en la circulación de las miradas y en el uso de la totalidad de la sala incluso fuera de “el escenario”. La escenografía despojada se reconstruye en los modos de circular y disponerse de los actores en la escena.

El hijo, que cumple 25 años, ha dejado de caminar por una enfermedad neurodegenerativa. Su madre hace de esto la matriz de su infelicidad, más allá del encierro, de sus padres ancianos y frustrados y de su propio matrimonio que alguna vez pudo ser feliz. ¿Es acaso esa silla de ruedas la causa real de la tristeza? ¿Es acaso el otro –que no quiere serlo bajo ningún punto de vista- quien define el centro de la tristeza familiar? He ahí la cuestión. Los otros –nosotros- suponemos que el deseo no es posible en el cuerpo en el que la genética ha puesto una vida con tiempo acotado. Pero el deseo y la vida suben a las sillas de ruedas o a las penumbras o al silencio como a nuestros propios zapatos. De lo que se trata “Mi hijo sólo camina más lento” es de la proyección de la tristeza sobre quien sale a la plaza a ver el sol en una silla de ruedas.
Todos los cuerpos, el cuerpo.

El texto del joven dramaturgo croata Ivor Martini? es notable. Aborda la mirada del otro (como un diferente) desde la propia frustración, en una obra que habla de la decadencia de un modelo de vida, de un tiempo histórico, de un conjunto de relaciones. A esta precisa dramaturgia se le suma la construcción del espacio polifónico, logrado a partir de un desarrollo escénico despojado que sin embargo que rodea a los espectadores, los incluye dentro de esa casa encerrada, decadente y doliente. Este se sostiene además con actuaciones notables, con un compromiso de los cuerpos y las voces que brindan mágicos momentos de danzas y coros. Coros por momentos disonantes, chirriantes, plenos de angustia, que solo puede salir en el griterío y la desesperación.

Pocas obras teatrales tienen la particularidad de conmover e implicar del modo en que lo hacen con “Mi hijo sólo camina un poco más lento” Guillermo Cacace y el elenco.

Los espectadores en situaciones como está, no pueden menos que agradecer.

Autor: Ivor Martini? Traducción: Nikolina Zidek
Intérpretes: Aldo Alessandrini, Antonio Bax, Luis Blanco, Elsa Bloise, Paula Fernandez Mbarak, Pilar Boyle, Clarisa Korovsky, Romina Padoan, Juan Andrés Romanazzi, Gonzalo San Millan, Juan Tupac Soler
Vestuario: Alberto Albelda Escenografía: Alberto Albelda Diseño de luces: David Seldes
Asistencia de dirección: Julieta Abriola, Juan Andrés Romanazzi Arreglos musicales: Francisco Casares
Dirección: Guillermo Cacace

APACHETA SALA ESTUDIO Pasco 623