“En la ficción se escapa el alma de uno”, entrevista a Alejandra Laurencich

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Entrevistamos a Alejandra Laurencich para que nos hable de su nueva novela, Las olas del mundo (Alfaguara). La reconocida autora de los libros de cuentos: Coronadas de gloria, Historias de mujeres oscuras y Lo que dicen cuando callan (y también de la novela Vete de mí), nos brinda una historia conmovedora que transcurre en los años de la dictadura y se extiende más allá. El título del libro viene dado por una cita tomada de J.W. Goethe: “un talento se construye en soledad; un carácter, frente a las olas del mundo”. Y con este libro la escritora nos muestra que ha sabido construir un talento y que su carácter se ha forjado entre las olas. Ella es una de las embarcaciones que ha sobrevivido al temporal y sigue navegando para brindar un testimonio y una ficción, al mismo tiempo.

En el primer número de La Balandra, la revista que ella creó y dirige, define su proyecto como “la nave que muchas veces surca las aguas (ese inmenso mar de la literatura que se ofrece a los lectores) a la sombra de embarcaciones mayores, majestuosas y soberbias”. Pienso que la nueva novela de Alejandra es como una especie de balandra (una rima oportuna) que, contando la pequeña historia de Andrea, logra adentrarse en la inmensidad de un océano y llevar al lector a buen puerto.

Para no contar demasiado, basta decir que Las olas del mundo tiene como argumento el mundo de ficción que una adolescente se crea en épocas de dictadura, su relación con la familia, con la gente que se ve forzada al exilio o a la clandestinidad, las ausencias que Andrea intentará convertir en presencias mediante sus relatos. Las pérdidas, el pasaje a la vida adulta, la culpa. Con los años, Andrea se convierte en la guardiana de un tiempo que ya pasó. Pipo Lernoud, poeta y compositor, dijo sobre la novela: “es como que va armando un mundo que te oprime, que te rodea, del cual no hay escapatoria, que es el mundo de la mente de Andrea. Andrea no puede salir de su mente, incluso en un momento dice una cosa que anoté porque me pareció impresionante: ‘Por favor que alguien me libre de mí’”. Porque la imaginación puede ser la fuerza que libera pero que, desbordada, tiene también el poder de atrapar en una jaula invisible.

Lauren novela

El primer material del que surge esta obra tenía 800 páginas, viene de 2002 y fue encontrando con el tiempo su forma definitiva. Se asentaron los personajes, la trama, se organizó y se estructuró el texto, se agregaron elementos, mientras otros fueron eliminados. El trabajo que se ha tomado Alejandra desde esas primeras páginas es enorme, ir hacia adelante y hacia atrás todo el tiempo, escribir y reescribir, encontrar las palabras justas. Dentro de una pieza de encanto singular ubicada en su jardín, ella lleva a cabo su trabajo cotidiano. Y también pasó unos meses en un campo, aislada, donde pudo dedicar por completo su atención a la escritura. La autora de El taller. Nociones sobre el oficio de escribir nos enseña en esta oportunidad el backstage de su creación.

En una conversación distendida e intensa en su casa, rodeada del canto de los pájaros y el verde del jardín, mediante un mate, le hice a Alejandra varias preguntas sobre su libro, el personaje de Andrea y el personaje inventado por Andrea, llamado “Él”, protagonista de sus disparatadas historias, quien en los primeros borradores se llamaba Luis y que toma atributos de Spinetta, como de otras figuras. En la entrevista quise, por supuesto ahondar en la novela, pero además aproveché para tomar algunas citas como disparadores e invitar a la autora a reflexionar sobre el arte de la escritura, que además, es otro de los grandes temas de la novela. Ésta nos muestra cómo pueden nacer y armarse los mecanismos de la ficción.

¿Había alguna necesidad tuya de tocar, con esta novela, un tema más político, de hacer como un viraje respecto de tu producción anterior?

?No, porque yo, en general, nunca toco directamente el tema político. Pero en toda mi producción menos en Vete de mí (que es la única obra que prácticamente no tiene mención a un trasfondo político), en casi todos los cuentos siempre aparece o la crisis del 2001 o cambios de gobierno. Si bien no lo pongo en el primer plano, se filtra la realidad y en esta novela, a pesar de que el entorno era la dictadura y tiene mucho que ver en la trama, tampoco quise hacer una cuestión política, sino mostrar lo que le pasa a Andrea, a ese personaje en ese ambiente. Lógicamente tiene mucha más incidencia la trama política acá que en otras historias que conté, pero tampoco me interesaba poner el foco en la política, sino en lo que sucede en una época así con una persona. A mí siempre me interesa el efecto que puede tener el mundo en la gente.

En el texto Andrea en un momento dice: “sentía que el control de los militares llegaba hasta las mentes de todos nosotros”. Me pareció que estabas retratando una dictadura externa y otra interna que se extiende en la mente, en la vida del personaje más allá de la dictadura física…

?Totalmente, porque el mandato de silencio y el miedo quedaron instalados. Mucha gente que sufrió esa época, que la considera una época nefasta, creo que todavía siente la huella de ese paso, de lo que fue, el silencio, el callarse, el no buscar polémica. Yo escuché lectores que me dijeron: “a mí me pasaba eso, cuando mis hijos crecieron yo les pedía que no fueran a las marchas porque los podían estar mirando”. Ese miedo que en la generación de hoy por suerte no existe. Se mueven con libertad y todo eso. A nosotros, que éramos chicos cuando comenzó la dictadura, o que fuimos atravesados por la dictadura, el miedo nos quedó. Y este es un personaje al que le queda el miedo y tan metido que no puede ni siquiera mostrarse cuando ya hay posibilidades de mostrarse. Se quedó como guardiana de ese tiempo, inmovilizada en ese tiempo.

El relato se mueve permanentemente entre la fantasía y la realidad, dentro del mismo texto ficcional. Esto tiene que ver con ese número de La Balandra titulado “¿Imaginación o experiencia? ¿Qué ayuda más para escribir ficción?”. ¿Al escribir, cómo intercalás la ficción y la realidad?

?Tomo de donde me viene bien. Tomo cosas que me pasaron a mí, al vecino, algo que escuché en el colectivo o un taxi o esperando al médico, con algo que me contaron o le contaron a un amigo, con cosas que imagino. Es un macerar, un mix de realidad, fantasía, invento, intuición, deseo, cualquier cosa, todo. Por ahí los personajes están construidos con una parte de personas reales mezcladas con sesenta por ciento de invento, más figuras que conocí en otro momento. Todos los personajes tienen muchas piezas que los armaron: algunas provienen de la imaginación, otras de algún personaje real, otras de una especie de intuición o lo que uno imagina que pudo haber sido. Todo es una mezcla. Así como hace Andrea, en su proceso de transformación; eso es lo que yo intenté mostrar. Está la realidad, lo que ella vive y después retuerce la realidad y de este lado sale la mezcla de todo eso más sus intenciones, sus deseos más profundos, lo desconocido, los mandatos, la imaginación… de todo eso sale la ficción, así creo que le pasa a todos los escritores. Salvo el que dice: “me voy a proponer contar tal cual mi vida”. Pero igual, aunque intente contar tal cual su vida, siempre va a ser la mirada de él sobre su vida. ¿Dónde se acaba la fabulación? Hay algo que no se dice, algo que se exageró…De hecho cuando hay un accidente en la calle, una tragedia, muchas veces los testigos no coinciden. Uno dice que era un auto blanco, otro un auto azul, otro dice que estaba viendo un auto plateado. Estaban viendo lo mismo, y cada uno… La ficción es algo que uno puede decir: “soy responsable de esto pero no me pregunten de dónde vino porque viene de tantos lados diferentes”.

María Teresa Andruetto en ese número de La Balandra dice “La imaginación es un vuelo que nunca se aleja del todo de la experiencia”. ¿Vos estarías de acuerdo con eso o pensás que en algún momento se aleja más?

?No hay manera de medir cuánto se aleja. A veces puede estar en el polo opuesto del universo. Yo me sentí más identificada, en ese número de la revista, con lo que decía Mariana Enríquez sobre esa escritora que generó una novela de pasión y no salió de su casa. Yo cuando leí el testimonio de ella, dije “eso era justo lo que le pasaba a mi Andrea, que vivía encerrada, pero eran explosiones lo que tenía en la cabeza, era un apasionamiento por la vida, el deseo, eros, tánatos, todo tenía ahí mezclado”. Y ella, si la veías, era una nena de quince o catorce años que iba al colegio, se sacaba buenas notas, no molestaba a nadie, no salía.

El personaje de Andrea en un momento dice: “Yo sabía que de ángel lo único que tenía era la piel pálida y los ojos claros, si ella hubiera visto lo que había en mi cabeza habría sido la primera en pedir una hoguera para quemarme viva”.

?Por fuera era una chica que no traía problemas para la época, buena estudiante, lavaba los platos como se ve en la novela, ayudaba en las tareas hogareñas, no salía… le gustaba leer. Para el ideal de la época, era la chica diez y sin embargo por dentro estaba muy lejos de lo que se esperaba.

¿Desafiaba al mundo por dentro?

?Desafiaba al mundo y vos pensás ¿de dónde sacaba ella toda esa locura, en el buen sentido, esa creatividad? y bueno no sé… Yo me acuerdo una vez que era muy chica y había pegado en el placar de mi casa, en mi dormitorio, un poema que hablaba de la revolución. Y vino un amigo de mi hermano, un arquitecto grande que era dueño del estudio donde trabajaba uno de mis hermanos, y leyó y dijo “¿de dónde saca esto?”… Era así, tenía como una memoria heredada de la época… Entonces hablaba un poco como si hubiera vivido los años anteriores y en realidad mis hermanos mayores los habían vivido, no yo. Yo como que lo hacía mío. Es un poco lo que hace Andrea, absorbe el mundo a través de la mirada del hermano y de los amigos del hermano y procesa todo eso en su cabecita y larga unas historias así delirantes.
La de Andrea es la historia de una interioridad. La novela retrata la viva imaginación de esta chica que comienza su etapa adolescente y le toca hacerlo en épocas de la dictadura. La represión que se vive no está solo en las calles sino que afecta modos de vida, de pensar, la enseñanza en los colegios, la manera de acercarse a la sexualidad. Andrea no conoce bien lo que está pasando, pero sabe lo suficiente como para que una tremenda culpa (por algo que ella imagina que pudo causar) se apodere de su conciencia y es este sentimiento el que moviliza todo el relato, el que lo impulsa. Lo que Andrea ha imaginado de sí misma marcará tanto su etapa de juventud como las elecciones en su vida adulta.

Andrea es el personaje, y Alejandra, su creadora, los dos nombres empiezan y terminan con a, las dos son escritoras: una, en el mundo de la ficción; la otra, en la vida real. Escribe Alejandra en un ejemplar de La Balandra: “por las noches me acostaba junto a mi hermana para contarle ?y también escuchar? historias, las que inventábamos como un folletín continuo, en la oscuridad acogedora de nuestro cuarto, mientras otra oscuridad, feroz, se abatía sobre el país. Esas historias, más elaboradas, fueron las que dieron origen a mi primera novela”. Del mismo modo, en la clandestinidad, crece y crece la imaginación de Andrea quien tiene como público a su amiga Marí. Así se permite narrar las historias más descabelladas, vengarse de situaciones de la vida, encontrar alivio para sus sufrimientos, darle rienda suelta a fantasías sexuales y sobre todo alejarse de un entorno opresivo.

Hay una frase de la novela que dice que Andrea no puede distinguir si es el sufrimiento de Malena el que relata o el de ella misma. ¿Hay una simetría Andrea-Malena y Alejandra-Andrea? Así como el personaje de Andrea inventa los relatos de sus propios personajes, Daniela y Malena; vos, Alejandra, inventás a Andrea. Esta ficción dentro de la ficción…

?Andrea tiene muchos rasgos biográficos míos, muchas cosas que a mí me pasaron cuando era chica. Yo tenía muchas de esas sensaciones que tiene Andrea frente al mundo. Ahí metí mucho autobiográfico pero también mucho inventado. En un momento la novela despegó de lo que era mío y sin embargo, yo también me meto en cada personaje que invento. En la Andrea mayor digo “esto es algo que siento yo o que me puede pasar a mí o a cualquiera de mis amigas”. Uno se mete con el personaje y sufre con ese personaje. Con la diferencia de que yo tengo muy claro o creo tenerlo dónde termina la realidad y dónde empieza la ficción. En el pasaje que estás señalando, a Andrea, que creía estar hablando de Malena, se le escapaba su propio pedido de auxilio. Ahí empezó a desbordarse, no sabía por quién hablaba… No sabía si el sufrimiento era para su personaje o ella a través de ese personaje estaba expresando lo que a ella le pasaba. Empieza a ser consciente de que en la ficción se escapa el alma de uno. En ese momento, ella empieza a ser consciente de eso, cuando observa lo que había escrito.

En el citado ejemplar de La Balandra Inés Garland sostiene: “Muchas veces siento que cuando escribo se abren cajoncitos de la mente que sueltan recuerdos visuales, auditivos, emocionales que ni yo sabía que guardaba”. ¿Te sucede algo similar cuando escribís? ¿ Te preguntás :y esto de dónde salió, lo tenía guardado en algún lugar?

?A mí me pesa mucho el pasado. Lo tengo muy adentro y no es que no soy consciente de que lo tengo, sé que está ahí, le doy permiso para salir o no. No me sorprende para nada cuando aparece. Yo me hundo en un determinado momento y ahí está todo. No es que lo tengo borrado; está. Es material que a veces se usa y a veces no.

¿No hay nada que esté olvidado, oculto?

?Lo que sí sé es que el olor despierta muchas veces… ahí sí de un modo a veces intempestivo. Vos vas por la calle y te cruza un olor de otra época y aunque no quisiste traer ese recuerdo, se te viene todo encima. Yo creo que en todos mis libros hay alguna mención sobre el tema del olfato. Siempre pensé que es una red extendida sobre el mundo de olores y cuando vos cazás el hilo que te conduce a la infancia, preparate porque ahí viene la avalancha, por más que intentes cerrar la puerta, se te viene todo encima. El olor de la gente, de una situación, de una casa… No hay forma de frenarlo, se despierta y ya está.

¿Por qué decidiste que el personaje inventado por Andrea se llamara “Él” con mayúscula?

?Eso fue una decisión… porque antes era Luis, llevaba el nombre de Spinetta y después dije: lo mejor que puedo hacer es separarlo de mis otras novelas porque yo sigo hablando de Luis y además porque Él se le dice en el entorno de los colegios católicos a Dios. Digo: es perfecto, si yo puedo instalar el personaje de Él, tiene toda esa connotación de la divinidad que significa para Andrea y me pareció muy acertada esa idea y dio resultado porque Él es un personaje. Los lectores hablan de “Él”, no le falta el nombre.

¿Hay una simbología de la imaginación como poder divino? El personaje de Él representa la imaginación de algún modo…

?¿Viste esa parte donde ella cuenta la historia del loco? Eso es autobiográfico. Fue mi primera historia de ficción. En ese momento que escribí eso, que tendría doce años, sentí que realmente era una especie de Dios creando, que podía inventar un personaje y eso es lo que le pongo a Andrea, que siente la posibilidad de hacer y deshacer. Ahí me parece que está el poder divino, que ve Andrea o que escucha en las misas cuando ve eso del Dios que hace y deshace. Creo que se siente identificada ahí con su posibilidad de hacer y deshacer en la ficción, de armar y desarmar lo que quiere. Esto creo que les pasa a muchos escritores. Te metés en la novela y decidís cuándo a uno le va bien, cuándo le va mal. Es un poder que te hace sentir una especie de Dios.

El epígrafe de Goethe que le da el nombre al libro (“Un talento se construye en soledad; un carácter, frente a las olas del mundo”), ¿por qué lo elegiste?

?Me pareció formidable porque yo siempre tuve una conexión directa con el mar, eso que siente Andrea con el mar, ese hundirse en la vida. Cuando vi esto dije “qué impecable”, esa cosa de las olas del mundo, lo que viene, una y otra. Cada vez que terminás de pasar una viene otra y según como te agarre parado, te revuelca o no te revuelca, la pasás bien o no.

¿Puede ser que tenga que ver con ese poder inventivo que tiene Andrea, que en algún momento la lleva puesta?

?Y sí, en algún momento las olas del mundo la agarran mal parada. Se hundió en ese mar de la ficción y de ahí parecía que no salía y no adelantemos…

Yo también te quería leer esta referencia de Formas breves de Ricardo Piglia, porque tiene que ver con el mar, la natación y el arte. “El psicoanálisis y la literatura tienen mucho que ver con la natación. El psicoanálisis es en cierto sentido un arte de la natación, un arte de mantener a flote en el mar del lenguaje a gente que está siempre tratando de hundirse. Y un artista es aquel que nunca sabe si va a poder nadar: ha podido nadar antes, pero no sabe si va a poder nadar la próxima vez que entre en el lenguaje”. Las olas del lenguaje, el lenguaje como un mar, ¿eso lo pensaste también?

?Es interesantísimo, el lenguaje como un mar… Puede ser que sea así. Para mí la palabra o las palabras son como un agua, un agua inmensa y podrían ser un océano, ahí uno entra y podés quedar sepultado bajo las olas, bajo ese mar de palabras. Tenés que aprender a nadar entre las palabras y a poder escoger cuáles ponés de manifiesto y cuáles no. Yo enseño que la escritura muchas veces se trata de eso, de una selección de todo el mar de palabras, del océano de palabras, que pueden formar imágenes, descripciones, que pueden construir personajes. Vos tenés que seleccionar e ir yuxtaponiendo unas a otras, y todas las que no elegís quedan fuera. Y con lo que vos elegís, construís tu propia verdad, es como si fuera un mar donde vos vas pescando palabras. Es interesante lo del agua porque la memoria también es como un agua, una cosa irrefrenable, algo que te puede rescatar o te puede hundir.
Y también está bueno eso que dice Piglia en esto de que vos nadaste bien para una obra y cuando te sumergís en la siguiente….es otro estilo de natación, incluso, otro entorno, otras aguas y en cada una de estas se renueva tu experiencia, tu pericia, todo.

En un momento se vincula el mar con Él…

?Esa fuerza arrolladora que la tomaba por todos lados. Sumergirse en el mar para Andrea era como sumergirse en la vida.

Lo mismo que sentía al imaginar esas historias

?Lo mismo que sentía cuando lo ponía a Él a funcionar porque Él se la llevaba puesta también. Y despertaba el deseo y los anhelos más íntimos y algo inexplicable. Porque ella no sabía bien qué le pasaba, no se podía definir ese sentimiento.

En Las olas del mundo hay todo un tema con el descubrimiento de la sexualidad, ¿eso cómo lo trabajaste, cuál fue tu intención al incluir este tema?

?Cuando ya tenía escrita gran parte de la novela, me fui dando cuenta de que también era la historia de una iniciación, como una novela iniciática, una chica que empieza a descubrirse, y puse más énfasis en esas pequeñas cosas que estaban dichas medio al descuido… ella tenía una cuestión con dónde poner las manos…Entonces fui resaltando los momentos no solamente de su intimidad, sino lo que pasaba con la intimidad en esos años y en el entorno en que ella se movía. La pacatería, la represión (“ojo lo que se hace con las manos”). Recordaba estas bajadas de línea que venían de los mayores o la Iglesia. Lo fui hilvanando para que se vea como un camino, el descubrimiento de la sexualidad, de quién era, de su forma de mujer, de cómo se mueve en el mundo. Ella veía a las demás…Supermujeres. Y ella se siente una banana pasada de punto, como lo dice en algún momento. Ese querer acceder a esa feminidad que tenían las demás y a esa personalidad de mujer que veía en las otras, muchas veces la conduce a generar escenas donde la sexualidad es más explícita.
El mirar a otras, el imitarlas, el estudiar lo que llevan puesto, cómo se mueven, qué dicen, como para construirse también ella misma. Porque la edad en la que llegó la dictadura a la vida de Andrea era la edad en que ella debía mostrarse como era, construirse a sí misma. No pudo hacerlo libremente; entonces espiaba, hacía esto de observar en silencio y luego lo volcaba todo a su imaginación, a sus personajes.

Hay una escena de la novela en la que Andrea relata una anécdota con su hermano Fabián: “la habíamos roto él y yo [la copa], jugando a beber en copas como hacían los grandes. Era quizás el primer secreto compartido con Fabián que yo recordaba. El habernos atrevido a usar las cosas prohibidas. Jugar con ellas.” Y pienso que para el personaje de Andrea la invención de historias es como jugar con aquella copa prohibida que solo pueden usar los grandes. Andrea la rompe, porque la imaginación es también el espacio donde ella se permite transgredir los mandatos que recibe de su entorno, manipularlos hasta hacerlos estallar. “Jugar con las cosas prohibidas y aprender a no manifestarlas como prohibidas, camuflarlas, mucha gente hacía eso: jugar con la realidad o moldearla, pero para afuera mostrarla de una manera distinta para no perturbar a los demás o poner en peligro la vida? cuenta Alejandra?. Luis Garibotti (el conductor de radio), me decía: ‘En esa época teníamos que pensar cómo decir las cosas para que no nos censuraran’”.

Me gusta esta idea del “Teatro para nadie”. Esto de que cuando Andrea no tiene a su amiga Marí para que la escuche dice: “Empecé a perder impulso. Me cansé de escribir diariamente, si nadie iba a leer aquello, para qué hacerlo”. Y entonces te quería preguntar si vos creés, de algún modo, que las historias que contamos solo cobran sentido cuando alguien las escucha.

?No. Yo no creo que sea así. Eso se lo dejo para Andrea. Ella confunde lo que es la libertad para inventar con la satisfacción de tener un par, alguien que la escuche. Está tan sola que piensa para qué esto si lo importante sería que alguien estuviera del otro lado. Pero ahí se empieza a mezclar su necesidad de amistad… Porque yo creo que tener la libertad para inventar es lo más lindo que podemos tener. Más allá de que después se escuchen o no se escuchen las historias. La palabra dicha y escuchada genera otro grado de satisfacción y a mí me parece que Andrea los mezcla. Que nadie reciba su palabra a ella la frustra y en cierto modo eso es algo que le pasa a cualquier ser humano. El no ser escuchado, el no tener un interlocutor. Pero no tiene que ver con la creación literaria, me parece, sino con la comunicación humana. Ella usaba sus historias de ficción como un modo de vincularse con el mundo y no tenía muchos otros modos de vincularse… Era la única forma que tenía ella y además se quedó sin amigas.

En la novela se habla de las invenciones de Andrea como una adicción para ella y que la hacían sentir culpable. Pensé que quizás por eso ella había dejado de hacerlo, de inventar historias, por la culpa que sentía

?Porque tiene una asociación determinada por la perversión de esa época y de ese entorno. El pensar: Dios castiga o algo habrán hecho.“ A vos te pasan estas cosas, fijate vos qué hiciste” era un poco lo que corría por esa época. Si a vos te iba mal o si tenías problemas en tu familia, ojo porque algo habrías hecho. Ella encarna ese mandato o esa bajada de línea y piensa cuál es su participación en las desgracias de la familia. Lo único que ella hacía era fabricar historias y pasar datos y cuando ve que las cosas van mal, inmediatamente, piensa: esto es por culpa de lo que estoy haciendo. Entró por un carril completamente equivocado y no tenía a nadie que la frenara y le dijera: “no momentito, vos no tenés nada que ver con esto, seguí creando que eso es maravilloso, es una prueba de vitalidad”. Entonces la imaginación desbordada la llevó a pensar que ella podría haber intervenido en las desgracias…y a mucha gente le pasó, sin ser escritores, mucha gente se sintió culpable de haber dicho, no dicho, de haber actuado así o asá. Es una perversión de época, el hacerte sentir que vos tuviste algo que ver.

Ella tarda mucho, después, en confrontar la fantasía con la realidad…

?Porque ella ni siquiera quiere revisar en ese pasado, prefiere apagarlo como dejar apagado el cuarto de la imaginación para que Dios siga de largo, para que diga: “a esta piba no la molesten más porque no va a molestar ella”. Entonces, se convierte en una ciudadana modelo, según ella. Eso lo hace como un sacrificio también…como diciendo no me manden más drama porque yo no molesto más, con nada molesto y ahí crea una ficción en su vida porque ella después traslada la ficción a su propia vida. Ella, esa en la que se convirtió, es un personaje inventado por la que fue.

Andrea dice “Yo tenía, como Él, esa herida adentro. Los dos padecíamos la ausencia de ese calor, de la proximidad de un cuerpo, la tibieza de esas manos tomando las nuestras”. Paul Auster en una entrevista habla del escritor como alguien que tiene una herida: “Otros como yo estamos atormentados, tenemos una enfermedad y la única manera de soportarla es haciendo arte. Es decir, si estoy haciendo esto es porque algo esta mal…estas heridas se producen cuando sos muy joven”. Por otra parte, en tu libro El taller citás un texto de Jean Genet que también habla sobre la herida: “Todo hombre sabe encontrarla, hasta el punto de convertirse ella misma en una especie de corazón secreto y doloroso. Es en esta herida –incurable- y en esta soledad donde debe precipitarse, es ahí donde podrá descubrir la fuerza, la audacia y la destreza necesarias para su arte.” ¿Vos ves la escritura como una forma de calmar la herida que uno puede tener?

?Yo creo que la herida la tienen todos, no solamente los escritores. En eso no coincido con Auster. La herida la tenemos todos. Algunos son más conscientes de que está. Ahí viene la necesidad de hacer algo para calmarla, para sentirse curado. Porque hay gente que la ignora y le va tan bien ignorándola que se olvida de que la tiene. Pero yo creo que todos nacemos sabiendo que hay una herida que es, para mí, la pregunta última: ¿qué vinimos a hacer acá?, ¿qué es esto? Te preguntás dos veces eso una noche y te volvés loco porque no hay respuesta. Podés encontrar la religión, el amor, cualquier cosa, pero la pregunta no tiene respuesta. Eso es como una herida abierta. Hay algo que vos sabés que está ahí esperando ser calmado, curado y no hay forma. Hay gente que le da menos importancia, gente que le da más. Yo veo que hay muchos escritores que sienten esa necesidad de encontrar refugio en alguna parte. Lo hacemos a través de la literatura…Paul Auster dijo una cosa preciosa en la Universidad de San Martín con la que yo me sentí identificada: en el fondo, el escribir era como una herramienta que te vinculaba al otro, que hablaba de tu soledad. Esto para mí es así, uno está solo frente a esa pregunta, no te calma ni tener familia ni tener amigos porque es tan personal la respuesta. Vos necesitás que te la digan a vos, ¿qué va a pasar conmigo?, ¿qué estamos haciendo acá? En algún momento la pregunta regresa y te vas haciendo grande y no tenés respuesta.
Otra forma de verla es que en cada uno además de esta herida que podría ser universal hay temas que hieren, que duelen y yo creo que si el escritor se mete en esos temas y puede explorarlos a través de la literatura tiene mucha salud asegurada. Más allá de la duda ontológica, cada uno según lo que haya vivido tiene heridas profundas y hay una que seguramente es la más profunda. Si te metés en eso y podés escribir sobre eso, creo que te libera hacerlo…

Como muchos de la generación que escribe sobre la dictadura…

?También en la demora hay otra cuestión que me parece que es fundamental; las emociones tienen que asentarse para poder hablar sobre ellas. Es muy difícil poder escribir al rojo vivo. Vos estás enamorado y es muy difícil escribir literatura sobre ese amor porque te van a salir cursiladas seguramente. En cambio si eso se apacigua y se asienta, vos podés revivir lo que sentiste con las palabras justas. Porque es una cuestión muy precisa casi matemática encontrar cómo decirlo. Interviene mucho la voluntad, el hecho de bueno a ver qué pongo y la autocrítica…esto no funciona, busco otra manera. Si estás metido en esa historia lo primero que te salga vas a decir “esto es maravilloso”. Y no. Creo que con lo que pasó en estos años tan difíciles de la dictadura, se necesitaron décadas para volver ahí a poder mirar sin que te sientas violentado hablando de eso porque no encontrás las palabras. Porque ahora hay una cantidad de literatura sobre esa época y no es casual.

En la literatura de Alejandra está muy presente el contraste entre el decir y el callar. Ya lo había evidenciado en su libro Lo que dicen cuando callan, pero en esta obra adquiere especial relevancia ya que se desarrolla en un momento en que todo debe silenciarse. Hay un silencio distinto, el que viene impuesto desde la autoridad. Pero también está ese silencio que sugiere, el del arte. Asimismo, Las olas del mundo es un texto donde el sonido está muy presente. El ruido de las olas es constante, es ese que no cesa y que no deja de erosionar la mente de la protagonista. Luego están las canciones que se van mechando en la narración, como huellas de pájaros sobre la arena húmeda, que podremos intentar seguir a ver qué nos están diciendo. Acompañan el texto y lo iluminan con nuevos sentidos.

¿Cómo trabajaste la inclusión de los temas de rock a lo largo de la novela? Esa relación que establecés entre literatura y música…

?Es algo natural. Cuando pienso en una escena muchas veces me aparecen fragmentos musicales. Esto tendrá que ver a lo mejor con esta idea del cine, de ponerle un clima determinado. Acá en esta historia, el rock era fundamental porque Andrea se apoya en esa comunidad rockera, que es herencia del hermano… Las letras de todos esos grupos de rock (Aquelarre, Manal, Moris…) muchas veces decían las cosas que uno hubiera querido decir, hablaban de libertad, se oponían a la guerra…Para mí es fundamental toda la música, no solamente porque Andrea construye el personaje a partir de un músico de rock, sino porque la vinculaba con un territorio clandestino donde ella se sabía igual a otros aunque no los conocía. Cuando escucha los programas de rock, ella sabe que en ese éter hay otros que están escuchando que son iguales a ella.

Marguerite Duras en su libro Escribir nos dice que “un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho”. ¿Qué pensás al respecto?

?Escuchar no solo hacia afuera, sino hacia adentro. Porque el escritor tiene que escuchar permanentemente, las voces, lo que se dice, lo que se calla, pero también escucharse. Por esto que decíamos recién. Hay cosas que solo vos sabés que las tenés adentro y a veces muy tapadas y hay que prestar oídos a eso, a lo que está sucediendo dentro de vos para poder contarlo. La actitud contemplativa para mí es fundamental.

Alejandra abrió su mundo para mí y me permitió navegar en sus olas por unos momentos. Me despido de esta muchacha ojos de papel, que se comunica con los seres ausentes, los de las estrellas. Ella ha moldeado el barro tal vez, como quien da forma a la arcilla para construir una pieza sólida y única. Andrea nos toca el alma, hasta llorar, hasta llorar. Su sien es un lamento y su piel, la corteza donde golpea el hacha. ¿Se pudrirá su boca por callar? ¿O le gritará a los vientos hasta reventar y se volverá canción? Tranquilamente Spinetta pudo haberle escrito unos versos a este personaje, la que sueña un sueño despacito entre sus manos, hasta que sube el sol. “Muchacha piel de rayón, no corras más. Tu tiempo es hoy”, pudo haberle dicho. Porque el sol dejó de brillar, ella quedó atrapada allí, en su pasado, y no veía la razón de seguir viviendo sin su amor. Ahora Él vuelve, enloquecido, buscando su querer y encuentra que quedó más que el viento, encuentra un personaje que parecía dormido, pero le ha robado los colores al mundo para escribir en la pared, con su corazón de tiza: “si no canta eso ahora, será como silenciar la voz de todos los que se fueron, los que desaparecieron dentro del agua o del otro lado de la línea del horizonte”.