#BAFICI2015: Esto es lo que hay

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Los Aldeanos es un grupo de Hip Hop de Cuba que mediante sus letras muestran disconformidad con ciertos aspectos sociales actuales de la isla. No se trata de un grupo político ni ideológico son músicos luchando por la libertad creativa y expresiva en la Cuba.

Lea Rinaldi los filmo durante seis largos años observando la evolución del grupo y los límites que el gobierno puso a su desarrollo y conocimiento a la par que su discurso crecía en recepción y aceptación entre los jóvenes superando además los límites de la tribu Hip Hop siendo escuchado por la juventud y la gente en general que entran en sintonía con su mensaje.

Se formaron en la Habana en 2003 y está compuesto por El Aldeano El B. y con participación de Silvito el libre (hijo de Silvio Rodríguez). Rinaldi muestra como les han confiscado sus PC’s, les han prohibido recitales, los han encarcelado (intervino el mismo Silvio Rodríguez).

Gracias principalmente a su difusión en sitios como youtube les llegaron invitaciones para que canten en distintos lugares del mundo pero en principio le negaba el permiso para salir del país, cuestión que hace unos años cambio pudiendo cantar en lugares como Serbia, Colombia y Miami donde quisieron transformarlos en “Héroes de la Libertad”.

Sin embargo los Aldeanos han sabido desmarcarse y muestran que pueden reivindicar al che Guevara sin dejar de criticar la situación social de cuba y por eso terminaron siendo catalogados por los medios de Miami como “castristas”. Como siempre, los grandes medios transforman los matices en blanco o negro, en oficialista o en oposición, algo que los argentinos vivimos todos los días.

Léa Rinaldi logra un documental fuerte, con nervio, con las dificultades que puede tener un extranjero que debe pasar por turista para encubrir a la documentalista que quiere registrar aquello que se quiere ocultar.

Su cámara, como si fuera un tatuaje más en esos cuerpos cartografiados por la vida y la música Rap, logra un registro epidérmico, cotidiano, potente en su mensaje pero no condicionado por ideas fosilizadas.

A veces, solo mostrar lo que se observa puede ser más potente que un discurso plagado de adjetivos revolucionarios.