#BAFICI2015: Entrevista a Javier Olivera

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A propósito del estreno de La Sombra, presente en la Sección Competencia Oficial Argentina, entrevistamos a su director, Javier Olivera:

Hay una voluntad deconstructiva de tu propia historia, que va paralela con la demolición de tu casa… y a su vez en la película citás a Bruce Lee en alguna vista de esas memorables de Sábados de Súper Acción en la tele… ¿cuál es ese enemigo que vos tenías que destruir?

JO: La sombra del padre, que ni siquiera es el propio padre sino la imagen de “monumento” como una figura inalcanzable, avasallante, en su momento de mayor auge como director y productor. La operación narrativa que uso en la película es la de pensar la casa como monumento a los logros, un símbolo de su propia construcción como
prócer del cine nacional. Entonces la demolición de la casa es una alegoría potente para narrar la acción de “matar al padre”, exorcizar, destruir la imagen de esa sombra sobre mí.

KC: En mi reseña sobre la película, digo que es muy contemporánea tu práctica artística… Es una gran pieza de videoarte, por la inquietud lírica, claramente, no es un documental… ¿Cuál es la relación que vos guardás con la plástica, el videoarte más radical o la poesía?

JO: Yo soy esencialmente pintor. Creo que pienso como pintor antes que como cineasta. Me formé primero en la pintura con Simes, Capano, Noé y Stupía. Luego vino el trabajo en cine como técnico y más tarde empecé a dirigir. Como cuento en la película, el cine fue siempre muy natural en mi vida. Era la cotidianeidad durante mi infancia. Pero después de dirigir mi primer largo, El visitante (1999), me autoexilié del cine justamente porque no tenía resuelto mi lugar dentro del cine, a nivel formal y discursivo. Tenía demasiada influencia de un modo industrial de pensar y hacer cine, por herencia familiar. Ahí estaba la sombra operando. Entonces durante 10 años reemplacé la pintura por el video y la fotografía. Si bien venía exponiendo pintura, cuando apareció el digital para mí resultó una herramienta en donde convergían la imagen en movimiento y el sonido, dos cosas que me interesaban mucho. Y desde entonces vengo desarrollando (y exponiendo) obras de videoarte, video instalaciones y fotos. El cine es otra forma de expresión, tan importante como el video y la foto. Pero si bien el video y el cine son lenguajes diferentes, todo lo que vengo experimentando en video ahora lo vuelco al cine. Por eso La sombra tiene una impronta de
videoarte. Y lo poético es una búsqueda muy consciente en todo lo que hago.

KC: Trabajaste el sonido de un modo muy particular. Me hizo pensar en La Sombra casi casi como un musical… Las repeticiones y ritmos que se generan durante la demolición, son impresionantes, cómo instalan y desinstalan a la imagen… Contame un poco de este aspecto…

JO: Durante tres años trabajé muy codo a codo con Zypce que es un músico y performer extraordinario. Es de una enorme inteligencia y sensibilidad, y supo construir un relato en paralelo desde el sonido, que por momentos cuestiona la imagen, hace un contrapunto, genera nuevas lecturas. Utilizó los sonidos de la demolición, los
martillazos, los golpes de la grúa y hasta las voces de los trabajadores para construir bases rítmicas. Yo tenía claro que no quería usar música incidental porque el relato iba a caer en sentimentalismos o nostalgias. Y no se trata de eso. También nos propusimos generar una memoria sonora, y así aparecen Doña Petrona, marchas militares, dibujos animados, etc. Durante el proceso del armado del diseño sonoro muchas veces volví atrás en la edición del la imagen y modifiqué tiempos o moví escenas de lugar porque así me lo pedía el sonido. O sea que fue un diálogo muy rico entre imagen y sonido. Puedo decir que esta película es una obra netamente audiovisual, en donde el sonido no acompaña sino que a nivel narrativo es tan importante como la imagen.


KC: La pregunta obligada que ya te la habrán hecho en todas las funciones… ¿qué opina tu padre de este proyecto tuyo, del resultado final y de tu modo de hacer cine…?

JO: MI padre vio la película y por supuesto que es muy fuerte para él, al igual que para mi madre. Es muy duro ver su propia construcción (en todos los sentidos, no solamente la casa en sí) y ver desaparecer todo un mundo. Pero él ve otra película, “la sombra de lo que fui” según sus palabras. O sea, le cuesta ver MI película. Con lo cual la justifica.

KC: Proyectos futuros, ¿cómo sigue la práctica artista ahora que se ha cerrado esta etapa?

JO: Sigue con más firmeza en ciertas búsquedas formales y modos de producción. Voy a hacer una video instalación que será una versión en videodanza de la película Persona de Bergman, con un coreógrafo y dos bailarinas uruguayas. Y allí también estoy empezando a desarrollar un largo de ficción que quiero rodar en las sierras de Minas, en el interior de Uruguay. Y algunas muestras.