Eduardo, la pelopincho

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Eduardo y Gabriela están separados, con una hija y sin un peso. La situación es dura, el calor pica en todo el cuerpo y es víspera de reyes. “¡Eduardo, la pelopincho!”, Gabriela le exige a su ex el regalo que le mandó a comprar para su hija. Pero le robaron el auto y la pileta estaba dentro del baúl…

De allí en más, el celeste del que se viste todo el escenario nos zambulle en risas angustiosas.

Eduardo —interpretado por Laureano Lozano—, es un intelectualoide que aún no asume el rol de padre, manipula a su ex pareja con palabrerío y con algunos privilegios económicos a los que accede a través de su mamá, Deborah —Cecilia Sgariglia—.

Gabriela —Yaiza Conti Ferreyra—  llora, putea, ruega, lo besa. Mientras tanto, la presencia ausente de la figura de la hija, escondida en la gaveta de gas, cobra voz en la carta que les dirige a los reyes, donde pide dinero para su madre, pues es la esperanza para que sus padres dejen de pelear.

Porque la obra —ganadora del Segundo Premio del VII German Rozenmacher de Nueva Dramaturgia (2011)—, “en el fondo, tiene por tema el infanticidio, [la forma en que] los adultos dirimen sus conflictos a través de los niños, como si fueran un trofeo o botín de guerra”, explicó al diario El Día, su autora y directora, Magdalena de Santo.

Es un grotesco al mejor estilo de “Esperando la carroza”. Pero, además,  la cumbia y la oscuridad que separan las escenas, recrean el coro del teatro griego clásico.

El humor ácido y lúcido que se sostiene a lo largo de toda la función pone en tela de juicio los estereotipos sociales que con naturalidad interpretan los actores.

Las miserias y la vulnerabilidad de lo humano transpiran en el cuerpo de los personajes mientras forcejean con un ventilador roto. La falta de dinero perfora una existencia que intentan llenar a mordiscones de vitel toné. Entonces la boca de Laurita —Belén Boquet—, una “psicóloga de pacotilla” amiga de Gabriela, chorrea un discurso feminista “berreta” y se empacha  hablando de sí misma. Manuela —Eleonora Schajnovich—, una “lesbiana invisibilizada”, también amiga de Gabriela, se esfuerza, inútil, por arreglar el ventilador y los problemas de Gabriela. Pero no funciona. Entonces “la esposa víctima” sangra. Está enferma. Y Eduardo, “el ex esposo intelectualoide”, apenas se conmueve porque además es un “guacho”.  Y su madre,  “la suegra rubia insoportable”, lo apaña.

La ópera prima de Magdalena de Santo, quien además es autora de “Canadá” y de “Pensé que me ahogaba pero estaba yendo más profundo”, es una invitación a la carcajada, pero de esas que nos revuelven la cabeza con interrogantes sobre el valor del dinero, la forma de vincularnos, los roles que asumimos y los discursos que reproducimos.

 

EDUARDO, LA PELOPINCHO
FUNCIONES: Sábados 23 hs. (Desde el 11/04)
El Estepario teatro – Medrano 484
Reservas: Alternativa Teatral/ (011) 2004-6507
Entrada general: $ 120
Descuentos: $100 (Estudiantes y Jubilados presentando acreditación)
Promociones: 2 x $150