#BAFICI2015: Mercaderes de la duda

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Basada en el libro del mismo nombre escrito por Naomi Oreskes y Erik Conway, dos historiadores de ciencias, el documental Merchants of doubt de Robert Kenner quita el velo detrás de los engaños, obstrucciones de la verdad, dudas sembradas, que los negadores del cambio climático y las grandes tabacaleras han instalado desde la década de los ’50 en contra de toda prueba científica.

Los protagonistas del documental son científicos que en sus treinta, cuarenta años, habían intentado desbancar las mentiras de las tabacaleras y que hoy todavía persiguen la causa. En esas primeras épocas fueron ridiculizados, puestos en duda, acorralados por las maquinarias del gran dinero, que, en contraparte, contrato científicos de igual reputación pero que no eran expertos del campo, y así todo, contaban con la validación pública.

El principio que comienzan a usar las tabacaleras es “no negar, pero sembrar dudas”. Dos investigadores aparecen en escena intentando descubrir si las “sustancias químicas retardadoras” que tenían los sillones, acolchados, etc., verdaderamente contienen los incendios. La preocupación de esta búsqueda es que esas mismas sustancias químicas que se suponen que deben prevenir un accidente, diariamente se filtran en nuestro aire para que las respiremos y no hacen bien, de ahí la pregunta, ¿son necesarias? Las tabacaleras dicen que sí. Consiguen pasar la ley que las impone. El argumento oculto era el siguiente: el cigarrillo no es lo quema, son las cosas las que se incendian. No tenían responsabilidad de los accidentes domésticos. La cuestión había sido desviada, descubrieron cual debía ser su enemigo y comenzó la ilusión.

Las tabacaleras llevaron a cabo experimentos científicos sobre sus productos desde la década del ’50, cuando descubrieron que los cigarrillos efectivamente dañaban a los pulmones, en los 60’ sabían lo mismo sobre el corazón y en esa misma década también supieron que la nicotina era adictiva. Sin embargo, en los 90’, ante un juez y un jurado, todos los representantes de la industria declararon que la nicotina no producía ese efecto.

Años después, contra todos los efectos adversos de los cigarrillos ya comprobados, reconocidos por los propios consumidores, ¿sobre qué argumento se podían sostener? Uno magnifico: la libertad individual. “No nos van a decir que hacer” “¿que (libertad) sigue?”. Y estos claramente no son dichos que solo vamos a encontrar en este documental, es una idea instalada en todos los fumadores. Es una paradoja. En defensa de sus propios derechos, sostienen a una de las industrias más perversas de la historia, que afecta a todos.

Sobre este mismo ángulo del debate entra un tema que concierne a cada habitante del planeta, el cambio climático. Simplificadamente, como explica uno de los científicos, el dióxido de carbono que se libera todos los días, de forma masiva, a la atmosfera, resulta como si se le pusiera una sábana al planeta, conteniéndolo todo adentro y recalentándolo. Las pruebas científicas de las altas temperaturas, de los glaciares derritiéndose, como fueron expuestos en Una Verdad Incómoda de Al Gore y Davis Guggenheim, están ahí fuera, ¿por qué nada cambia entonces? Porque, como en el título de ese documental, a nadie le conviene actuar a favor de esos cambios. Significaría cambiar el estilo de vida de las grandes ciudades, y cada ciudadano debería reconocer que ha estado, en cierto grado, involucrado con lo que le está pasando al problema. Pero lo que verdaderamente infunde el miedo es que las industrias se verían detenidas si cambian en favor de la ecología, de manera que la economía también se detiene, y para cuando se llega a ese punto del debate, todo está dicho. Nada se va a hacer. No se va a reducir la economía. Pero, uno quiere suponer, en algún punto los recortes se van a tener que realizar, el estilo de vida necesariamente va a tener que cambiar, se van a tener que encontrar formas de reemplazo para el uso del combustible, invirtiendo en energía. Sí, pero no. Porque una vez más entra la estrategia de las libertades individuales, obviamente, a las que generosamente les agregan un argumento a favor: la duda. Científicos de reputación, pero ahora contratados por las industrias, usan distintas estrategias, desde negar el calentamiento global hasta la mejor, que es decir que sí, las temperaturas están aumentando, va a haber consecuencias, pero el ser humano y su forma de vida no tienen nada que ver con este proceso, no son responsables. De esta manera, el debate de la ciencia es sacado de contexto, otro acto de ilusión.

A esto le sigue la acusación a los ambientalistas por ser un principio de socialismo. Verdes por fuera, rojos por dentro, les dicen. Pero ni siquiera hay que ser republicano para pensar así. Como muestran en el documental, líderes políticos de este partido como John McCain y Mitt Romney admitieron que el calentamiento global era un problema de todos y causado por todos y que debían cambiar. Tiempo después de hacer este uno de los ejes de su plataforma política, los puntajes de aprobación empezaron a bajar: nadie quería cambiar. Unos años más adelante Mitt Romney va a declarar, otra vez, que el calentamiento global es un problema, pero no va a volver a decir que es causado por el hombre. Mientras que la ignorancia sirva como prueba y fundamento para dejar las cosas como están, no va a representar un problema.

Los científicos Seitz y Singer están abocados a la causa de negar el calentamiento global, descaradamente. Una de las entrevistadas se pregunta si el dinero puede ser la única causa por la que ellos no reconozcan las pruebas que la ciencia, a eso que se dedican y que es patrimonio de la humanidad, dicen verdaderas. En respuesta encuentra a una relación con la guerra fría y el anticomunismo, como un paso más adelante de lo que mencionaba antes. Esto reclama la acción del gobierno. George Bush, padre, dijo: “los que piensan que no podemos hacer nada contra el ‘efecto invernadero’, entonces no saben sobre el ‘efecto de la casa blanca’”.

A esta altura, cuando uno cree que ya sabe un poco más y que puede responder a todas las injusticias con “fue por dinero o fue por política”, aparece un individuo que tiene algo más que mostrarnos. Marc Morano (el hombre de la foto), un carismático asesor y consultor, nos dice que los científicos “son aburridos (boooring)”. Empezó su vida como vendedor de puerta en puerta y aprendió las artes del engaño y la mentira. Ahora es famoso por ser uno de los grandes negadores de los cambios climáticos. Apareció en programas de televisión, en publicaciones, discutiendo mano a mano contra científicos. La estrategia no fue ganarles en su terreno, sino llevarlo todo a un plano personal. Atacaba a los científicos, a los hombres y mujeres, y no a sus argumentos. “El individuo vive o muere, el sistema no”. Llego a dedicarse a enviarles mails, en gran cantidad, y con muchísima creatividad para los insultos, que van desde un pequeño defecto personal, como puede ser la cara del científico en cuestión, hasta una amenaza física a él y a su familia. Morano dice que hace todo esto principalmente porque le divierte.

Detener el debate, distraer, ocultar la ciencia. A esto se nos pide que tomemos acción. Merchants of doubt es un documental de grandes temáticas, realizado con estilo y, a pesar de las retorceduras de estómago que puede provocar, es entretenido, pero, más que nada, importante.