#BAFICI2015: Madeleine et les deux apaches

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Dividida en dos partes, una de videos caseros y otra sobre la reconstrucción de un sueño, en Madeleine et les deux apaches se trata de mostrar el lazo que une a una abuela y su nieta.

Al comienzo están los videos caseros filmados por la abuela, Madeleine. Cámara en mano, se acerca a sus familiares con preguntas simples, conversacionales, donde el objeto de interés es el hecho de que los está filmando. De ella solo sabemos lo que provoca en los demás. Primero por un hombre mayor que ella que asegura que tiene diez años menos de los que Madeleine asegura tener, sesenta. Después vemos a su hija y a su nieta, juntas, jugando para la cámara. La nieta esta parada sobre la mesa y le piden que se baje, pero por alguna razón de contagio es la madre quien dice que a veces “siento la necesidad de hacer algo prohibido”. Como al hombre mayor del principio, a la hija no la vamos a volver a ver. El resto transcurre entre abuela y nieta. La nieta se disfraza de apache y Madeleine la filma mientras dialogan:

-¿Por qué no dejas de filmar?

-No lo sé.

-¿Ves las cintas?

-No, ¿Por qué?

-Porque entonces no sabes si lo que estás viendo es lindo o es feo.

La abuela responde que tiene pensadas verlas cuando sea vieja, a lo que la niña responde que tal cosa no existe porque los corazones siempre permanecen jóvenes. ¿Cómo van a verse nuestros videos caseros de alta definición después de muchos años? ¿La máxima resolución de detalle va a seguir dándonos la ilusión de que hay una historia detrás y al costado del cuadro para que nosotros completemos o las historias se esconderán detrás de la hiperrealidad?

En la segunda parte vemos a la nieta ya hecha mujer, en la cama con su novio. Al despertarse le cuenta un sueño: está en el departamento de Madeleine pero ninguna de sus pertenencias parecen seguir ahí. Las paredes están marcadas por los contornos de cuadros descolgados y muebles que ya no están en su lugar.  Finalmente encuentra la cámara que le habían regalado a Madeleine después de su retiro, y con la que no paro de filmar a su familia hasta que murió.

El sueño sigue con ella caminando por la ciudad, buscando a su abuela. En eso se encuentra a dos apaches, como esos de los que se disfrazaba cuando era chica. Los dos apaches son ella y su novio, que carga un bebe en brazos. La pareja va al encuentro de la tribu de los padres de él.

A lo largo de esta sobrevaloración de la importancia de un sueño, más que nada en contraste con algo real como son las filmaciones de Madeleine, tanto más ocurrentes, las asociaciones del sueño las podemos reconocer entre los videos caseros y las introducciones que la chica hace sobre cada escena, pero las imágenes nunca terminan por empatar con lo que a ella le transmiten, y es poca la carga emocional que llega hasta nosotros.

Ya fuera de su atuendo de apache, todavía en el sueño, ella se ve jugando al ping pong con un amigo. El chico tira la pelota fuera de la cancha hacia el pasto. Ella va a buscarla, pero la pelota sigue saltando y girando sin parar, como si tuviera una dirección fijada. La sigue, más por el afán de ver hacia dónde va que para atraparla.

Hasta cuando las cosas parecen dirigirse a ninguna parte, uno desea que encuentren un destino. Es una pena que esto no suceda con Madeleine et les deux apaches.

 

Sábado 18 – 16:45 h
Village Recoleta Sala: 9

Martes 21 – 18:30 h
ArteMultiplex Belgrano Sala: 1