#BAFICI2015: Madres de los Dioses

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En este documental, el director Pablo Agüero hace uso de la ficción, en forma de prólogo y epílogo narrado, para atar la historia de cuatro mujeres y su relación con distintas religiones, sin tener que intervenir en sus relatos, sin deliberar sobre sus dichos o decisiones, pero dejando entrever la relación que tienen sus pasados con la necesidad de crear nueva vida, propósito al que sirve la división en capítulos: Apocalipsis, Iluminación y Génesis, y también en la forma en que cuentan sus propias historias.

La religión desde el punto antropológico está de moda, su necesidad, su gesta, mientras que la propuesta de Agüero es más cercana a la psicología. Así todo, corre un espíritu estadístico en la búsqueda de factores comunes, inevitables cuando en el fondo se pregunta por qué El Bolsón es un lugar tan atractivo para los más diversos credos. Este acercamiento, por momentos imperceptible, no lo hace menos humano, solo ayuda a la tarea de reforzar historias que de otro modo son difíciles de entender. Les da un principio de razón al origen de los misterios.

Geraldine Chaplin comienza el relato en un primer plano corto, a la luz de una fogata, que nos permite ver todas las líneas de su cara, particularmente en su boca, atrayéndonos hacia aquello que cuenta.

En el primer capítulo, Apocalipsis, cada una de las mujeres recuerda qué las llevo a El Bolsón. La primera nos dice que tenía una familia numerosa, problemas económicos y que estaba muy enferma. Había probado distintos tratamientos de la medicina occidental pero no dieron resultado. Un día, escuchando la radio, le llama la atención las cosas que dice un esotérico en un programa. Decide ponerse en contacto con él y contarle su historia, pedir ayuda. Después del encuentro el hombre se descubre como un chamán mapuche, y le ofrece ir al bolsón a comenzar una vida nueva. La segunda mujer, Humana, comienza su viaje por un tatuaje Tzolk’in, que atrae a un “mago rítmico” que le explica el significado de eso que ya tenía en su piel. A partir de ahí, Humana es educada e influenciada por el hombre para “vivir en la frecuencia de la ley del tiempo”, y reflexiona que de algún modo “tenía que morir para estar en este lugar”. Este lugar, para todas, va a ser donde armen su nueva familia, sus casas, hasta una mezquita.

María es la siguiente en contar su historia. Desde chica tuvo una conexión particular con la naturaleza, pero temía que nadie la entendiera o siquiera le pudiera creer. Ya adulta, es abandonada por su marido, de ahí en más decide dedicarse a “el ser superior”. Maicoño, por su parte, decide volver tras los pasos de su identidad mapuche, rechazando a aquellas otras mujeres que renegando, a voluntad o no, de sus antepasados, forzaron su imagen con maquillaje y tacos altos para asemejarse a aquello que nunca fueron. Maicoño inteligentemente reflexiona sobre la elección diaria de ser quien uno es; para ella, honrar las raíces mapuches en todas sus expresiones.

Estas son sus historias contadas por ellas de manera consecuente, a veces aludiendo a las casualidades. Como la primera mujer, que una vez tras otra dice “cosas de la vida” después de contar un evento en el que ella tuvo participación, decidió tomar acción o no hacerlo, pero que en cualquier caso no se supo ver como parte responsable (en el grado que le haya correspondido). Entonces, el medio de su cambio es la religión, sí, pero principalmente viene a través de ella misma, al tomar responsabilidades, al construir su propia vida.

Para la mitología de la parte ficcional del documental, El Bolsón es el refugio de las mujeres después de haber sido desterradas por la maldad del hombre, del macho. Pero para el ser de estas mujeres, y tantas otras, deberíamos asumir, reubicadas en esta región de la Patagonia, el último refugio es su última voluntad.

 

Ultima función:

Domingo 19 – 17:45 h
Village Caballito Sala: 4