Al fin del mundo

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La pelicula de Franca González es transparente como el hielo que describe en las bellas imágenes de esos parajes de Tolhuin.

Con un poco menos de 3000 habitantes, y un invierno permanente, Tolhuin es una ciudad fueguina bien al sur de la Argentina entre Ushuahia y Rio Grande, en medio de la nada, un poco antes del fin del mundo. Un lugar donde no parece haber mas que nieve.

Marcados por la música brillante de Guillermo Pesoa que da el tempo a  los intensos primeros planos de Al fin del mundo en los que una camioneta ingresa por una ruta a un mundo de nieve, travelling que va a a ser compensado por la quietud de tres planos fijos de colores brillantes previos a lo que sera en un registro de observación la vida cotidiana de los habitantes de Tolhuin.

En la pelicula de Franca Gonzalez la naturaleza no ahoga ni adormece. El hielo es agua en la olla, la madera es leña, al exceso de nieve se la combate con cadenas en las ruedas de los camiones, o sirve para el juego. Las imágenes que selecciona la fotografía límpida y ajustada ponen siempre en primer lugar a las personas. Las mujeres haciendo trabajos de hombre. Los hombres organizando fiestas. Habitantes de un lugar incómodo y desafiante pero que el documental no estigmatiza: ni lo idealiza ni lo demoniza. 

La no intervención de la realizadora se esmera en esa cámara que observa participante de una mirada objetivadora pero que a su vez no pierda la ternura  instalando tambien algunos misterios: en la organización del carnaval de invierno, en la intrigante quema de dos conejos muertos o en las flores dejadas en el cementerio. Las voces dicen lo suficiente como para seguir haciendo preguntas: por qué se enfermaron los conejos, qué pasó con el hombre de la tumba al que se le deja flores. 

No se podrá olvidar jamás a Tolhuin despues de esta pelicula vital en medio de una naturaleza áspera.Concluye de la mejor manera, dejamos al espectador que lo descubra.

 

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