A días de que arranque el Bafici!!! El Cine Argentino Hoy

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Sabemos, que la pretendida objetividad siempre es objetable. Lo es en cine, incluso para quien hace un documental, este siempre mostrará un recorte de la realidad. Lo es en otro orden, hasta para los traductores, que en definitiva resultan traidores a la lengua materna.

No puedo obviar recordar la adaptación del cuento de Borges, El tema del traidor y del héroe, (Ficciones, 1976), en la que Bertolucci juega con la idea de representación en La estrategia de la araña (Strategia del ragno) (1970). Maestro del desconcierto, Bertolucci construye un relato que puede leerse como una metáfora sobre la “verdad”, la cual de hecho categóricamente no existe. Lo que en todo caso existe son “versiones”. Las que se realizan mediante la asociación que genera el juego entre los significantes – en italiano- y los significados, los cuales se desprenden de las palabras traductor y héroe (il traduttore y il eroe, ya que el traidor en el film finalmente pasará a la historia como un héroe. Pero sabremos finalmente, que este no fue asesinado, sino ajusticiado por traidor.

David Lynch, el gran cineasta americano, ha pasado 9 años sin hacer una película desde los tiempos de Inland Empire (2006) y lo peor es que no da seña de volver a los sets de rodaje. El realizador de Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), afirmó hace dos años en el diario The Independent que no encuentra lugar a sus intereses en el sistema de producción, dijo: “Es un panorama bastante deprimente. El cine independiente no tiene espacio en las salas actuales. Tampoco hay público. Mis ideas no tienen lugar y no son precisamente comerciales”, sostuvo. “La verdad es que no tengo idea cual es mi futuro en |el negocio del cine. Parece que la televisión es más interesante en estos días”, agregó el director.

Es difícil imaginar que el dueño de una de las filmografías más interesantes del cine independiente pueda expresar estos conceptos sobre las políticas culturales de su país.

Creo que esto da lugar a una reflexión: siempre es bueno mirar alrededor y no traicionarnos por voces que representan en todo caso a una élite, y por lo tanto dan a conocer un recorte en todo caso de su propia realidad. Miremos a nuestro alrededor en primera instancia y veamos las contradicciones que nos rodean.

Esto ya lo expresó el genial filósofo Michel Foucault hace muchos años en esa Lección inaugural que dio en el College de France el 2 septiembre de 1970, con la idea de cuestionar el discurso que rige y ordena las leyes.

David Lynch es un hombre y un cineasta que ha sabido mirar más allá de las apariencias, para llegar a otras realidades que puedan y admitan otras perspectivas de lo real. Aproximarse a su filmografía es descubrir la porosidad invisible de lo humano, que no se ve pero se percibe. Y que nos ha enseñado desde sus imágenes, que el alma humana es bizarra y extraña al mismo tiempo, impredecible y rugosa. Lo que le ha permitido provechar este sentimiento, para adentrarse en la oscuridad del hombre y a la vez alumbrar con expectativas esperanzadoras.

En Argentina hoy se estrenan entre 200 y 250 películas al año, las cuales en su gran mayoría se realizan con una subvención del INCAA (Instituto de Cine y Artes Audiovisuales). No estaría de más recordar  la condición autárquica de este organismo, que viene trabajando para apoyar a sus directores en la concreción, de lo que supone siempre es un sueño. Aunque este se encuentre a posteriori, absolutamente ligado a lo real, que es la posibilidad económica con que se va poder llevar a cabo. Sumado al esfuerzo del trabajo colectivo de sus directores, productores, guionistas, fotógrafos, músicos, camarógrafos, sonidistas, vestuaristas, maquilladores, actores, y muchos otros. Y que involucra a esto que se parece a una comunidad, y que hace posible ese producto que llamamos film, que siempre habla del modo de percibir el mundo de una sociedad, de nuestro modo de ser, de pensar, de sentir, de actuar…de nuestras realidades, que son de hecho muy variadas.

No casualmente, Norteamérica ha sido lo suficientemente inteligente y pionera, en su estrategia de penetración y educación de las mentalidades y los gustos a través de su cine. Un hecho tan relevante como la imposición de una lengua, o de una religión, algo de lo cual tenemos más que una prueba con nuestros colonizadores españoles. Y es una experiencia común en países de gran parte del mundo. Por lo cual no podemos asustarnos de las preferencias de gran parte de nuestro publico como espectadores, y en eso sí pienso que debemos trabajar. No claro en el extremo en que lo hace la India, con su monstruosa Bollywood, donde el Estado no permite la exhibición de cine extranjero. No es la idea. Deben de estar todas las opciones posibles. Cine de todas las latitudes.

No es una novedad que nuestra filmografía está cada vez más presente en la mayoría de Festivales del mundo, sean clase A o no. Porque por otra parte también es cierto, que los Festivales se han convertido en una plataforma de Exhibición obligada, y con eso también debemos trabajar, lo mismo que con su Distribución. Porque hacer no alcanza.

Y nuestro Bafici da cuenta de ese crecimiento, porque es sin duda alguna, y desde sus inicios, un Festival modelo en ocuparse de dar a conocer nuestro cine independiente, y vale la pena mencionarlo a la hora de su proximidad.

Porque, si miramos hacia atrás, vemos que era muy infrecuente que la programación de la Competencia Argentina contase con este tipo de apoyo del estado. O dicho de otra manera, es comprobable, que cada vez más películas cuentan con algún tipo de subvención del Instituto. Lo cual es muy saludable, merecido, y por ende debe ser cuidado…y reconocido. Al margen de todo aquello, que pueda no ser tan perfecto como deseamos, y en consecuencia siempre mejorable.