Fan Ho: Un flâneur en Hong-Kong.

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Puse toda mi vida en una sola fotografía.
Fan Ho.

La obra fotográfica de Fan Ho, está tan íntimamente ligada a Hong-Kong, como la de Brassaï a París, la de Xavier Miserachs a Barcelona o la de Lukas Vasilikos con Atenas.

Fan Ho, nació en Shanghái 1937, cuando se iniciaba la guerra Sino-Japonesa por Manchuria, que se conoció como La Guerra de la Resistencia, y allí vivió hasta finales de los años cuarenta. Su familia había emigrado años antes a Macao atraída por la prosperidad económica de la entonces colonia portuguesa, gracias los efectos de la Segunda Guerra Mundial en pleno desarrollo. El joven Fan quedó prácticamente solo en Shanghái, hasta que en 1948, logra emigrar, junto a miles de compatriotas rumbo al sur y llegar a Hong-Kong.

La ciudad finalmente se había convertido en asilo para cientos de miles de chinos desplazados tras la invasión japonesa y la guerra civil china, que en pocos años provocaron varios millones de muertos.
Ya instalado en Hong-Kong comenzó a relacionarse con la ciudad y a recorrer sus pequeños pasajes, sus estrechas calles, siempre y a toda hora transitada y habitada por seres de ensueño, misteriosos, envueltos en la bruma y el humo que difuminaba sus perfiles, esas imágenes sin duda marcarían sus búsquedas estéticas.
La primera vocación de Fan Ho, fue la de convertirse en novelista y para eso comienza a estudiar letras y literatura china en la Universidad de San Paulo, entonces la más prestigiosa de Hong-Kong. Su disciplina en el estudio provocó que fuera apodado “Bah Gam” el gran erudito.

Una migraña crónica provocó que ya no pudiera aplicarse al estudio como le venía haciendo. Los médicos no pudieron dar con la razón de sus jaquecas y Fan encontró en los paseos por la ciudad una manera de aliviar la neuralgia. Aburrido de las largas caminatas, empezó a salir acompañado de su cámara, no una Rolleiflex, como cuenta la leyenda, sino una Nikon.

Con ella realizaría las primeras capturas que lo convertirían en uno de los fotógrafos más reconocidos del siglo XX. Aquellos paseos que lo alejaban de la literatura lo llevaron a convertirse en un autodidacta de la fotografía y fue en una de esas caminatas donde haría la toma con la que obtendría el primero de sus casi trescientos premios la mayoría de ellos internacionales.

Desde entonces entendió que lo que quería contar en sus novelas bien podría hacerlo con las imágenes que iba atrapando en las calles, sus fotografías muestran la vida de los callejones, de las barriadas, en los mercados y en las calles llenas de vendedores, peones y tiradores de rickshaw. En poco tiempo se convirtió en el gran cronista de la vida del Hong Kong de las décadas de los 50 y 60, registrando las modificaciones que iba sufriendo para pasar de una ciudad con muchos modos de aldea todavía a la ciudad casi futurista de la actualidad.

Su singular mirada, el profundo conocimiento del ritmo urbano, le han permitido jugar como nadie con las sombras y los claroscuros por los que se lo asocia como un heredero de la Bauhaus, su uso de la luz lo acerca a las teorías del gran maestro húngaro Lászlo Moholy-Nagy, el referente fotográfico en la escuela de Walter Gropius.
Si bien dice disfrutar tanto el blanco y negro como el color, sus trabajos más característicos, son en monocromo, que con su particular sentido de la luz y el encuadre puede crear atmósferas sombrías, melancólicas y lo que le ha permitido desarrollar una estética tan propia como su firma.

Ya sea en el Hong Kong de los bajos fondos, de la marginalidad, en sus mercados o en una escalera apenas iluminada e íntima, Fan Ho, extrae de esos ritmos urbanos, de la vida cotidiana a la Hong Kong mágica de claros y oscuros, de las sombra y las brumas que enmascaran y a la vez restallan a las muchedumbres solitarias, densas y graves.

Las perspectivas alteradas de sus composiciones a veces violentas, las cargan de un dramatismo por momentos teatral. Los mercados, las calles y los tugurios de Hong Kong, sus vecinos, los primeros rascacielos, los comedores populares, convierten en los escenarios donde, Fan Ho, novelista, juega con los personajes como lo haría el escritor que anheló ser. Aquellos personajes son los artesanos, los vendedores de quincalla y baratijas, los changarines de estación, algunos pescadores a los que va retratado con sutileza de orfebre. Fan Ho con paciencia de cazador ha sabido esperar que la luz y la composición se encontraran en el lugar preciso, como una presa ansiada.
Esta actitud de cazador oculto, como narra el mismo en una de sus anécdotas más conocidas le ha provocado algún disgusto: un día en plena cacería fotográfica un carnicero, cuchillo en la mano, lo persiguió para que le devuelva el espíritu que según creía le había robado con su cámara. Lo primitivo de aquella ciudad que se convertía en megalópolis lo asalto de repente.

Ese cazador solitario, oculto, secreto, disimulado en el flâneur que es Fan: siempre ha salido solo a fotografiar, como lo declara “necesita cierta intimidad ante el disparo del obturador, usar el corazón a la hora del Momento Decisivo” del que habla su admirado Cartier-Bresson.

Fan Ho aconseja: “Usted debe tener la sensación y obtener una respuesta del sujeto que está fotografiando. En ese momento debe amar el universo. No es sólo hacer un cuadro hermoso”.
Fan Ho, todavía no ha accedido a lo digital y como en los viejos tiempos prefiere la película, porque obliga al fotógrafo a ser más preciso en el momento del disparo: “Soy como un vaquero con una sola bala y no una ametralladora” no se cansa de repetir en cuanta entrevista le hagan.

En sus expediciones carga solo una cámara, hoy si una Rolleiflex, prefiere el formato cuadrado, ya que ese negativo fue siempre el más acorde a sus encuadres, a sus recortes.
Un viejo mercado todavía empapado por una reciente lluvia, mujeres de mediana edad charlando animadas en plena acera, viejos fumando solos que se extravían en la bruma, escalinatas que se pierden en las sombras, recodos, esquinas, ventanas que develan encuentros secretos y esas atmosferas agobiadas de la luz de Hong Kong siempre brumosa, cargada del humo de la leña y la contaminación,
Los rústicos canastos de los puestos ambulantes, las jaulas de madera, los objetos exóticos, impregnaron su imaginario desde su primera toma.

Ho con más de setenta años de fotógrafo callejero, con infinidad premios y exposiciones alrededor del mundo, con una riquísima trayectoria como director de cine y libros antológicos como su trilogía: “Fan Ho: Hong Kong Memoir” “Hong Kong Yesterday” “Living Theater” que quedará para la historia de la fotografía, Fan Ho, siguen siendo un joven flâneur que todavía busca perderse en esa ciudad que no conoce.

 

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