Carlos de Urquiza: “El espíritu de los fundadores de la UPeBe sigue ahí”

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“Soy Carlos de Urquiza y soy el presidente de la Universidad Popular de Belgrano (UPeBe) que es una asociación civil fundada el 3 de agosto de 1930 por Alfredo Fazio, un maestro de escuela primaria. Su modelo fueron las universidades populares que se crearon en Francia y en España, y que tenían como objetivo la formación de aquellos que no seguían una carrera tradicional”. Así se presenta Carlos, y es el comienzo de una charla cálida que en todo momento traduce a un hombre realmente apasionado por lo que hace.

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La Universidad Popular de Belgrano Alfredo Fazio y la Biblioteca Popular UPeBe estarán festejando este año su 85º aniversario con una programación especial. En ese marco, junto a la XXI edición del Encuentro de Teatro, Títeres y Cuentos, se realizará la I edición del Festival Internacional de Teatro para niños y jóvenes. Fundada en 1930, la universidad viene desarrollando una acción ininterrumpida dirigida a la educación y a la cultura, y tiene, hoy en día, una orientación hacia lo artístico y lo teatral, en especial relacionado con los jóvenes. Desde esos orígenes, buscó equiparar los estudios no formales con los formales. Carlos nos cuenta que la UPeBe en la década del 40 ya tenía sus estudios propios en Ciudad de la Paz entre Echeverría y Sucre. Ahora están alquilando en Campos Salles 2145, pero compraron un terreno en Godoy Cruz y Córdoba para construir la sede definitiva que va a tener nueve pisos, de los cuales tres van a ser de la universidad.

¿Cómo llegás a la UPeBe?

Yo nací en la UPeBe. Mi madre era miembro de la comisión directiva y me llevaba siempre. El primer espectáculo que hice fue con el grupo de teatro de mi madre cuando era muy chico. Yo soy actor, director, docente teatral. No todo lo que hago está relacionado con la universidad, pero sí el grueso de mi actividad.

¿Cuáles son los objetivos de la universidad?

El orientarse a los jóvenes fue un objetivo fundacional. La idea era ofrecer a los jóvenes una alternativa que mejorara su nivel laboral. En Belgrano la universidad se orientó a lo artístico, no solo en la formación, sino también en permitir que los jóvenes puedan hacer su primera temporada teatral en nuestra sala. Con los adolescentes hay un cuidado especial, porque lo que les está faltando son orejas que los escuchen y que el mundo adulto les abra posibilidades. El mensaje que reciben es “Vos no podés”, “Vos para esto no servís”, “Esperá ser más grande para hacer tal cosa”, pero desde la UPeBe pensamos que no es así.

¿Se mantuvieron los objetivos fundacionales entonces?

Se modificaron en función del cambio de contexto. Aquel objetivo de mejorar la formación fuera de los estudios formales se dirige ahora al chico de clase media de Belgrano, y por eso nos orientamos a lo artístico. Pero los objetivos fundacionales siguen. Tenemos todavía la biblioteca popular fundada por Alfredo Fazio que era socialista: lo primero que hacían los socialistas en esa época era armar una biblioteca popular. Tenemos dos bibliotecarias y desarrollan una gran actividad con las escuelas.

¿Cómo les llegan los libros a ustedes?

Nos llegan por donaciones, y a través de la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) y de la Dirección del Libro de la Ciudad de Buenos Aires. Recibimos subsidios de ambas. La biblioteca tiene un acervo grande, está informatizada y conectada a la red de bibliotecas públicas.

¿Se conoce suficiente la UPebe?

La difusión nunca es suficiente y menos en una ciudad como la de Buenos Aires donde cualquier cosa que hagas es como una gotita en un mar inmenso. Esto se nota en los festivales internacionales. En una población más chica un festival de ese tipo llega a todos y es el suceso del lugar, acá se enteran muy pocos. La difusión nunca alcanza. De todos modos, tenemos muchos años de trabajo; la gente nos conoce y nos sigue a pesar de la mudanza. La actividad teatral que desarrollamos, además, atrae mucha gente.

¿Cómo se preparan para celebrar los 85 años de la universidad?

El Encuentro de Teatro, Títeres y Cuentos va por su edición XXI. Son tres funciones diarias durante las vacaciones del invierno. Este año, por los 85 años de la UPeBe, hacemos la I edición del Festival Internacional de Teatro para niños y jóvenes con elencos invitados de Uruguay, Brasil, México, Chile e Italia. El cierre del festival es el domingo 3 de agosto que es la fecha de fundación de la universidad.

¿Y qué actividades desarrollan durante todo el año?

Todos los fines de semana, viernes, sábados y domingos, hay espectáculos, tanto para chicos, como para jóvenes y adultos. Esto, de abril a octubre, porque en noviembre están las muestras de nuestros alumnos. Enero y febrero descansamos, en marzo se reinicia la actividad y en abril se pone en marcha la sala.

Además tienen el programa Llevá un chico al teatro.

Hay una organización mundial que es Assitej (Asociación de Teatro para la Infancia y la Juventud) que cuenta con más de 80 países adheridos. En Argentina, la representa Atina (Asociación de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes), y la UPeBe está adherida a Atina. Esta organización lanzó esta propuesta en forma genérica. Se pensó en publicitar el 20 de marzo –Día Mundial del Teatro para Chicos? y aprovechar para implementar esto de llevar un chico al teatro. Entonces nosotros pensamos cómo llevarlo a cabo. En las funciones de los sábados y los domingos –y en todas las de las vacaciones de invierno? pensamos en tener un contingente de chicos de zonas carenciadas que pudieran concurrir a las funciones. Lo primero significativo es que no es una función especial para ellos, sino que ellos conviven con el público clase media. Esto nos parece fundamental como elemento de integración. Cuando llegan hay un cuentacuentos que los introduce en el juego teatral, después ven el espectáculo, tienen una colación y cada uno se lleva un libro. Todo esto requiere un trabajo de gestión enorme porque hay que conseguir muchas cosas. Lo más difícil son los micros. A veces falla algo, el micro no se consiguió o el grupo no se formó. Además hay que trabajar con el Gobierno de la Ciudad o con el Gobierno Nacional o con organizaciones que nucleen chicos los fines de semana. Hay que conseguir que las editoriales nos donen libros o que las empresas nos donen las colaciones. Tenemos gente que trabaja especialmente para eso. Es muy importante la experiencia del hecho teatral en su totalidad y en un espacio ajeno. Por más que el nuestro sea un teatro pequeño, no es lo mismo ver una obra allí que si la vieran en su escuela, por ejemplo. Para los chicos es un espacio inmenso y desconocido. Este año recién estamos empezando.

¿Qué cursos dan en la UPeBe?

No otorgamos título, las de la universidad son carreras no formales. El teatro de adultos está organizado en tres años, y un taller actoral de experimentación y montaje. El curso para adolescentes lo mismo. El curso para niños no está organizado en años. En adolescentes y niños, no se busca tanto enseñar una técnica de actuación, sino utilizar el teatro como intermediario para desarrollar la expresión. En función de lo expresivo, se imparten técnicas, obviamente, pero nuestro objetivo no es formar actores. En los adultos sí. Aparte, hay un taller de dramaturgia, pero las que se representan, en general, son obras de autores nacionales o internacionales. En los adolescentes se hacen experiencias de montaje con sus obras, pero el trabajo con ellos no se circunscribe a eso.

¿Qué edades tienen los participantes de los cursos?

El curso para niños es para los de escuela primaria. Tenemos también un curso para niños pequeños que arranca desde los dos años. Los adolescentes son los de la edad del secundario, y después están los adultos.

¿Siguen en contacto con los alumnos?

Sí, siempre, incluso tenemos varios como Carlos Parrilla o Alejandro Tantanian que se hicieron conocidos. Hay varios que después siguieron dedicando su vida al teatro. También hay muchos chicos que entran al IUNA o a la EMAD. Hay vocaciones que se conforman a partir de nuestro trabajo. Tenemos un buen vínculo con los chicos, especialmente porque siempre les estamos propiciando posibilidades de trabajo. Ellos saben que el que se acerca tiene posibilidades de trabajar en algo.

¿Desde tu propia labor de director y actor, cómo ves hoy en teatro en la Argentina?

Me parece que hay más teatro que público. El movimiento de teatro independiente siempre fue importante, pero en este momento creo que hay un exceso porque además muchas de las salas teatrales independientes se manejan de una forma extraña. Cuando yo empecé, contratabas una sala para hacer funciones de miércoles a domingos. Ahora se contrata la sala para hacer un día por función. Se hacen contratos por ocho funciones; entonces cuando se te acaba el público de amigos y familiares, ya tenés que dejar la sala. Es interesante estudiar cómo es ese movimiento. ¿Qué pasa con los actores? Algo terrible: están haciendo dos o tres espectáculos al mismo tiempo. Entonces, cuando querés ensayar te dicen: “Tal día no puedo, estoy ensayando con otro”. Ahora todo es más volátil, más rápido. A todo eso se suma que hay una proliferación infernal de salas de teatro. También hay una cuestión con los subsidios. Antes, hacer teatro independiente te salía plata, ahora con los subsidios es un poco más fácil. Además, muchos docentes transformaron su estudio en una sala teatral.

¿Y el teatro infantil?

En lo que hace al teatro para niños, siento que en nuestro país está estancado. Salvo excepciones, repite fórmulas. Sobre todo hay una distancia muy grande en cuanto a dramaturgia con otros países. En general, no tenemos dramaturgos que escriban especialmente para chicos; en otros países sí los hay y hay una dramaturgia muy diferente. El teatro para chicos en algunos países como Alemania es un teatro muy duro, con temáticas muy fuertes. Acá se entiende que si el chico va al teatro, va a divertirse. En otros países la dramaturgia va a puntos de mucho interés para el chico, temas tabú para el teatro para niños. Acá, en general, estamos atrasados en ese aspecto, no en cuanto a la intensidad de los actores o en cuanto a puestas; sí, en cuanto a contenidos. Hay que tener en cuenta otras cosas, el teatro para niños es un iceberg: las propuestas que se ven son las que están en las salas teatrales, pero la gran mayoría del teatro para niños no llega nunca a una sala, es teatro escolar. Hay muchos grupos que hacen teatro para niños porque es rentable: tenés público cautivo. Vas a una escuela y ya tenés trescientos chicos. Al público para adultos tenés que buscarlo de a uno. La competencia es terrible en este sentido. Este también es un motivo por el cual no hay un desarrollo de la dramaturgia: muchas de las propuestas están para satisfacer a la escuela, y la escuela se satisface cuando no se les crea problemas con los padres, con los docentes o con los directivos.

Hay un miedo a que se genere debate.

Nosotros, hace veinte años, por ejemplo, estrenamos en Recoleta un espectáculo sobre el divorcio que se llamó Hasta el domingo, que estamos reponiendo ahora. Cuenta cómo un padre y una hija reconstruyen su relación cuando no está la mediadora en ese vínculo que es la madre. Lo estamos reponiendo y nos damos cuenta de que va a despertar las mismas resistencias que hace veinte años. Estas resistencias se dan en la escuela primaria y en la secundaria. Otro ejemplo: hace tres años estrenamos Tengo una muñeca en el ropero –de María Inés Falconi, la autora de Caídos del mapa?, que es la historia de un adolescente que encara el tema de poder decirles a sus amigos y a su familia que es gay. Recuerdo que muchos docentes quedaron encantados, pero dijeron que la directora de la escuela no quería saber nada con eso. Lo más interesante sería trabajar con lo que surge después de la obra, pero esas cosas no se toman en cuenta. Nosotros siempre intentamos que las escuelas vengan a las obras que hacemos. Tengo una muñeca en el ropero la representamos en Brasil, Uruguay, Varsovia Okinawa, Madrid, siempre con buenos resultados. Donde más nos cuesta es acá.

¿Qué te parece esto del teatro como performance?

A mí lo que más me importa es lo que quiero decir; cuál es la forma que elijo para decirlo con mayor nitidez y llegada es indistinto y está todo bien. Las formas van cambiando. En un momento se puso de moda el mimo, después apareció el clown: van apareciendo distintas formas estéticas que tienen un tiempo, se transforman, vuelven. Ahora está el auge de la comedia musical.

¿Considerás que tenemos un buen nivel de actuación y de producción?

Tenemos niveles de actuación muy muy buenos, sobre todo por el vigor interpretativo, la fuerza que emana del escenario que sorprende a los extranjeros. En adultos tenemos una dramaturgia interesante que se ha ido aggiornando con el tiempo. A veces tenemos problemas de niveles de producción, no solo por el dinero que es una realidad, sino que muchas veces son problemas de cuidado en la producción. Un espectáculo europeo no tiene un detalle librado al azar. Acá se nota cierta improvisación a veces.

¿Qué se viene en lo inmediato en la universidad?

Tenemos programados dos infantiles para mayo: Caídos del mapa, para adolescentes, y Chiches, teatro en cochecito, para bebés, las dos de María Inés Falconi. También estrenamos para adultos La tómbola [de Carlos de Urquiza, aunque él no lo dice]. Todos con gente joven porque en la universidad hay un equipo de gente muy joven consustanciada con la institución desde chicos. Todos los docentes, además, empezaron haciendo nuestros cursos de adolescentes. Hay una fuerza institucional clara, que es evidente. La gente tiende a quedarse porque sienten que los contienen, que les dan un lugar. Estamos construyendo para unos seres que en 85 años más no vamos a saber quiénes son, de la misma manera que los que crearon la UPeBe no sabían que nosotros íbamos a existir. La vida es efímera y son pocas las cosas que quedan. Nuestra universidad es algo que perdura, que sigue. Creo que el espíritu de los fundadores está ahí.