#UNCIPAR2015: Primera Jornada de la Competencia Nacional

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Este año promete ser un desafío la elección de ganador para la Competencia Oficial. Todos los trabajos hasta ahora proyectados son muy convincentes, ya sea por su calidad técnica (cuando se trabaja dentro de un género específico, el cortometraje es un formato ideal porque permite un mayor control de la producción), ya sea porque las historias están muy bien pensadas para este formato, por su síntesis y claridad.

Si hablamos de la calidad técnica, hay que destacar las animaciones. Por un lado, Erotango de Jorge Benedetti y Mariano Villegas. La historia es muy sencilla: un montaje alterno para reunir dos situaciones paralelas, la de unos bailarines de tango erótico, y la de un ladrón de joyería. La estética de la animación remite por un lado a la femme fatal Jessica Rabbit, de Quién engañó a Rogger Rabbit? con rasgos criollos a lo Graciela Alfano. Por otro lado, las imágenes de la ciudad porteña tienen un gran parecido con las animaciones de Silvain Chomet, el creador de Las trillizas de Belleville y El Ilusionista. Tal vez una historia un poco más jugosa hubiera hecho de este impecable trabajo técnico y visual un cortometraje excepcional. La otra animación vista hasta el momento es Sibarisia de Joaquín Ferronato. Claramente deudor del gran maestro de la animación argentina, Juan Pablo Zaramella, Ferronato usa la técnica de pixilación (animación en la que las personas se convierten en los “objetos” que se animan). Aquí sí la historia está a la par de lo visual. Comienza como un universo entrañable, donde las sensaciones olfativas y paladares se imponen en la cotidianeidad, pero luego el relato se empieza a poner más perturbador. Una mujer con olor a chocolate se convierte en objeto de deseo y luego de canibalismo, en este cortometraje donde la imaginación vuela a rienda suelta.
Pero no sólo las animaciones tienen que ver con el cuidado técnico. En las historias de género también es fudamental. Este es el caso de Hasta las entrañas de Leandro Cozzi, quien apelando al gore o cine splatter, construye un relato poderoso, donde el miedo se impone desde el primer plano de un oso de peluche sin ojos. Ambientes brumosos, nublados o penumbras, objetos cotidianos extrañados, una casona destruida en el conurbano y mucha, mucha sangre son los elementos que dan forma a esta historia sobre una trabajadora social que va a la casa de un nene que se ausentó de la escuela hace dos semanas. También dentro del splatter, pero con menos presupuesto y seriedad se encuentra el trabajo de Bruno Fradacchi, RockZtar, donde tres “nenas” de Sandro tratan de resucitarlo de la tumba por medio de un ritual satánico que sale mal…el zombi termina siendo Pappo. Este corto no es premiable pero fue el que más carcajadas arrancó en la sala.

Como ejemplos donde lo narrativo es más poderoso que la técnica tenemos el caso de Sabrina Farji, con Algo Azul, protagonizado por Ana María Picchio, quien interpreta a una psicóloga que atiende a una mujer que sufre un caso de violencia familiar. Esta situación removerá eventos de su pasado (la relación con su ex marido) y de su futuro (su hija a punto de casarse sufre un problema de imagen – propia y paterna-). Como directora experimentada que Farji es, el corto presenta una narración fluída, con un montaje paralelo que relaciona los diferentes tiempos. Su mayor problema está en la presentación de un universo femenino donde los hombres aparecen como violentos (el marido de la paciente) o elididos (el ex marido de Picchio no tiene ni voz, es una referencia permanente por omisión en el teléfono). Esto genera un desequilibrio en el relato, incluso aunque el objetivo final sea subrayar la perpetuación de esa violencia dentro del propio universo femenino.
En la misma línea se encuentra el trabajo de Juan Echalecu, con su cortometraje Invisible, protagonizado por Martina Guzmán (Leonera, Carancho, Elefante Blanco). Aquí tenemos la historia de una mujer presa por la trata de mujeres, que mientras es trasladada contra su voluntad a otro lugar, y obligada a dejar a su beba, comete un asesinato. El corto logra exponer de manera sintética el entramado de relaciones de complicidad entre los civiles (proxenetas, clientes) y la policía.
Por su parte, Cecilia Kang apuesta a centrar la mirada en un grupo de amigas que están dejando la niñez para entrar en la adolescencia en Video juegos. Protagonizado por Mora Arenillas, el corto de Kang está lleno de referencias sutiles a los cambios en este período: corporales (y cómo el resto percibe esas diferencias), sexuales (aparición del deseo propio y ajeno), pero también de humor (de la risa al llanto), de vocabulario (muchas puteadas), de gustos musicales (aparece el rock), de juegos (se deja lo analógico por lo digital, aparecen las realidades virtuales de los videos juegos). Son estas referencias más que la historia que se cuenta, lo que va dando cuerpo a este cortometraje centrado en las sensaciones.
Por último, hay que destacar el trabajo de José Izza en Responso para un hombre con agallas. Este trabajo realizado en la provincia de Salta, nos recuerda que el cine es todo: las historias que se cuentan y el modo de contarlas. Con una gran belleza visual, imágenes que van y vienen en el tiempo (de la niñez a la adolescencia, de la fotografía al cine), Izza nos construye de manera fragmentada y sensorial los avatares de un hombre que desde siempre ha tenido mala suerte. Tras una vida de penas y soledad, decide fingir su propia muerte como el héroe de su infancia. Izza retoma muchos elementos del cine francés: la fragmentación del relato, pero no por ello transformándose en algo incomprensible, la música con ritmos regulares, como una suerte de respiración y pulso del relato, y un final fantástico que nos roba una sonrisa. Y nos recuerda que nuestro cine está desde hace mucho tiempo emparentado con el cine europeo, pero que tiene la capacidad de volar con sus propias alas.