Refugiado, un film de Diego Lerman

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Como herencia de la dictadura militar, el terror está presente como fundamento de tu propio cuerpo. El terror, a su vez, disolvió todas las relaciones sociales ya que la muerte es la amenaza que está siempre presente, porque la impunidad es el fundamento jurídico del país.
LEON ROZITCHNER

Un niño solo, no es una crónica, es una constatación, una verdad, un dolor chico visto por el lente de un grande. Una grieta en el mundo adulto, un mundo adulto resquebrajado. En Refugiado Diego Lerman cuenta la historia de Matías, un niño cuya edad puede ser 6 ó 7 años (Sebastián Molinaro) cuya madre, Laura (Julieta Díaz) es víctima de una reiterada violencia familiar.
La visión es doble, por un lado el terror de esa madre embarazada y por el otro la ingenuidad de ese niño que no termina de entender lo que pasa pero lo siente porque el miedo se contagia y confunde. Lerman usa el suspenso para narrar la violencia de ese padre (Fabián) invisible pero omnipresente.
Lerman acompaña mayoritariamente la visión de Matías, mostrando cómo puede seguir siendo niño a pesar de las circunstancias, mostrando cuanta mayor flexibilidad tienen a diferencia de los adultos ya que en cada parada o refugio puede seguir jugando y descubriendo el mundo con una madre huyendo de la violencia.
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Refugiado es un drama de mujeres proletarias, Julieta Díaz vive en un monoblock de Lugano, obrera textil que primero es ayudada por un ente gubernamental y luego recibe la solidaridad de sus compañeras ante la decisión de esconderse en el delta. Su clase remarca el aislamiento y la precariedad en la que vive una mujer acosada.
Con buenas actuaciones de Julieta Díaz y de Sebastián Molinaro la película es acertada en el tono y en la forma, no transita el realismo obvio ni la empastada corrección política, filmada en gran parte de noche nos recuerda aquellas películas de terror y suspenso (pienso ahora en Viernes 13) en donde la cámara se transforma en una segunda piel para transmitir eses sudor frío del miedo inscripto en la cara de la protagonista.
Una buena parte del cine de la argentina está poniendo foco en la niñez y la adolescencia. En Pantalla Pinamar hemos visto Dos disparos(Rejtman) , La tercera orilla (Murga) y Refugiado como si en ellos se imprimiera toda una herencia de violencia que no podemos ver en nosotros, los adultos.
Terminado de escribir un 24 de marzo de 2015 imagino que todavía debemos hacer una historia de la violencia cotidiana, doméstica, que como víctima tiene abrumadoramente a la mujer pobre. ¿Cuánto del femicidio actual tiene su vínculo en una herencia sorda, invisible de aquel terror militar?
Como en la última película de los Dardenne (Dos días y Una noche) donde el tema es la solidaridad de una clase trabajadora en crisis, la película nos interroga ¿Qué tipo de acciones se pueden realizar para que un niño como Matías que ahora en su niñez sufre por lo que le sucede a su madre, por ese mismo proceso no se transforme en victimario o cómplice en futuras agresiones?
La respuesta siempre es política.

ref y dic