Dios tenía algo guardado para nosotros, Maruja Bustamante

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“Para que haya realidad tiene que haber corazón”, Cristal Acevedo. Si tomamos esta frase de uno de los personajes de esta obra como premisa, podríamos pensar que Dios tenía algo guardado para nosotros crea una realidad sentida más que pensada, bombeada por un órgano que late con fuerza y que irriga un cuerpo cuyos movimientos son imprevisibles. Una realidad moldeable, hecha de arcilla.

El amor tiene que ver con ensuciarse, mancharse. Hay quienes convierten a la cama en un “caldo multiverduras”. Maruja Bustamante convierte el amor en un espacio de experimentación con la materia y los colores; no sólo los de la pintura (los personajes pintan sobre grandes papeles en el fondo y el piso), sino también los de las palabras, las emociones, las ideas y los cuerpos. Esta pintura que nunca acaba de formarse, que se escribe y reescribe, se vuelve cada vez más enmarañada e intensa, muestra visualmente cómo el amor adquiere distintas formas, al igual que las nubes. Esas formas inasibles.

El amor imaginado tiene esa belleza de lo que todavía no se concreta. “Lo lindo del amor que todavía no es amor es la posibilidad de imaginarlo como cada uno quiera. Lo feo es que nunca suceda o que la ficción no llegue a materializarse, que los fragmentos queden dispersos y luego desaparezcan”, esto es lo que dice el personaje de Dios. La obra de Maruja despliega el amor, lo pone en movimiento y también muestra lo que no se materializa. Confronta el mundo de sueños y proyecciones amorosas con una historia que toma por otro camino. Dios imagina, propone, planea: las acciones humanas no obedecen sus mandatos.

Es interesante esta idea de los fragmentos ya que este relato está, precisamente, articulado mediante fragmentos, tanto los puntos de vista de los distintos personajes, como los saltos en el tiempo: una historia cuyo comienzo aparece recién al final y que se presenta por partes. El espectador accede a estos fragmentos de un discurso amoroso que no naufragan, no quedarán dispersos, porque la manera en que están amalgamados les da un sentido. No es la mirada de Dios la que fija este sentido sino que se da una construcción conjunta que realiza el autor del texto y quien lo lee o lo ve representado.

La obra cuenta la historia de Cristal, quien es vista como una chica triste con mucho mundo interior y de Mateo, un artista que se muestra interesado por ella y disfruta de su presencia, aunque no termina de definirse. Luego está Dios quien va hilvanando la historia con sus comentarios y haría el papel de narrador omnisciente, contrastando con las narraciones de Cristal y Mateo en primera persona.

Cristal, como su nombre lo indica, se muestra como una chica transparente, muestra lo que siente, habla con franqueza, nos conduce como quien explora un mapa, por el mundo de sus sentimientos. Mateo aparece quizás como alguien más llano pero aún así más difícil de comprender. Él se contentaría con inventar dos sistemas que le mejoren su vida en el monoambiente: uno para poner ropa debajo de la cama y un teleférico que le permita ir hasta la calle sin encontrarse con su vecino. Floriana Rossi la poeta ficticia que se menciona en la obra, comienza a ejercer cada vez más influencia en la trama; desde su lugar invisible ejerce su gravitación creciente en la vida de los personajes. Su poesía es florida y kitsch: es probable que la atracción que genera su escritura sea la misma que la de la verdulera con tetas grandes: es simple y bella. Las flores son otro motivo que refuerza este motivo de la belleza simple y exuberante, hay una referencia a las pinturas de Georgia O Keeffe.

La obra aborda directamente el tema del miedo: el miedo que sentimos a ser reemplazados por otras personas, que podrían desplazarnos del lugar que ocupamos, el miedo a no encajar, a incomodar a los demás o a hacer el ridículo. El miedo a no ser el único o la única para la persona que amamos (algo similar a lo que propone la película Her). La excesiva autoconciencia que puede paralizarnos, esa que hace que prestemos demasiada atención a nuestra apariencia y a cómo somos vistos por los demás. Todos estos temas se pueden desprender del discurso de Cristal. Floriana, por otra parte, simboliza esa mujer fresca e inocente que no teme a la expresión de sus sentimientos y escribe como si nadie hubiera escrito nada nunca; es que forma parte de las “putitas pelotudas”. Aparentemente Cristal la detesta; ¿pero por qué la cita? ¿Será la imagen de aquello que ella nunca podrá ser la que le provoca rechazo y fascinación al mismo tiempo?

Esta obra gira en torno a una ausencia: la ausencia de un “te amo”, la ausencia de un Dios todopoderoso (ya que sus poderes son limitados), la ausencia de un destino, de un lugar predeterminado en el mundo. Dios tenía algo guardado algo para nosotros postula un mundo imperfecto, ya que “en la imperfección se encuentra el alma” (Cristal). También versa sobre la polaridad visible/invisible: lo que se materializa y lo que queda en el aire, el amor ficticio que solo vive en nuestra imaginación y aquel que se concreta. Los fantasmas del escritor que no logran convertirse en palabras y aquellas fantasías que sí se llegan a poner por escrito. Lo que sobrevive finalmente es aquello en lo cual creemos o lo que puede plasmarse en algún soporte o superficie, ya sea un papel, un cuerpo, un espacio. Cristal dice que el saber la deprime porque le gusta más el creer. ¿Será que las historias necesitan de alguien que crea en ellas para afianzar su existencia? ¿Será que el crear va de la mano con el creer?

La idea de ausencia, al mismo tiempo, se vincula con aquello que nos falta porque está fuera de nuestro alcance. Se menciona en la obra ese hombre perfecto que nunca podrá ser alcanzado; es como ese mueble caro: no nos da el cuero para tenerlo. Nuevamente aparece la idea de lo inalcanzable en esa mujer perfecta, madre de familia que nunca seremos o ese perro que nunca tendremos por miedo a enfrentarnos con su cuerpo inerte. Lo que está en juego siempre es la idea de la muerte, que puede ser la muerte en vida, la muerte que termina con todo lo que habíamos planeado, la que convierte en estático todo lo que antes tenía movimiento, la misma que pone fin a nuestras fantasías. Pero mientras haya un dios creador o una potencia creadora en el ser humano, se garantiza la continuidad de la vida, aunque esta no implique la continuidad del amor.

Dios tenía algo guardado para nosotros
Texto y puesta en escena: Maruja Bustamante
Sábados 7, 14, 21 y 28 de marzo
Sala Cancha, Centro Cultural R. R. Rojas
Con: Bárbara Massó, Gonzalo Pastrana y Gael Policano Rossi.

“Dios tenía algo guardado para nosotros” (2014) fue publicada en:
Bustamante, Maruja, Hija Boba y otras obras, Buenos Aires: Blatt & Ríos, 2014.