#PantallaPinamar2015: La señorita Julia, de Liv Ullman

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La versión de Liv Ullman de la célebre pieza de August Strindberg es profundamente cinematográfica, pero a la vez, profundamente teatral.

La historia transcurre durante la Noche de San Juan. Esta fiesta popular cristiana, tiene lugar en lo que antiguamente era la celebración del solsticio de verano, motivo por el que se enciende una fogata con fines purificadores. Pero además tradicionalmente es una fiesta donde las diferencias sociales son olvidadas. Recordemos la canción de Serrat que dice “En la noche de San Juan cómo comparten su pan, su mujer y su galán hombres de cine mil raleas…Hoy el noble y el villano,el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha…Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas…Se acabó, que el sol nos dice que llegó el final. Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.”) En esta noche tan particular, entonces, la Srita Julia (Jessica Chastain) seduce a su sirviente Juan (Colin Farrel). Luego de perder la virginidad, y pasada esa noche en la que todo es posible, la terrible realidad se impone y conduce a la tragedia.

Strindberg evidencia fascinación por el vínculo de desigualdad que determinan las relaciones de poder y de subjetividad entre los órdenes amo/sirviente y hombre/mujer. Esto mismo es lo que Ullman lleva a la pantalla grande. En gran parte, la película tiene la estructura de una obra de teatro, especialmente por el hecho de que está sostenida en el dramatismo de la actuación. En este sentido, tanto Jessica Chastain como Samantha Morton (quien hace el papel de la cocinera y prometida de Juan) capturan con sus trabajos toda la atención de la cámara y del espectador. Entre ellas se genera un contrapunto fantástico: mientras Chastain pierde los estribos, llora, patalea, seduce, es decir que apela a todo un rango emocional, Morton trabaja desde la contención absoluta.

Pero así como lo teatral está muy presente, Ullman no olvida en ningún momento que estamos viendo una película. Sus movimientos de cámara y el uso de una fotografía, nos dicen que no se le pasó por alto las relaciones que el teatro naturalisa de Strindberg mantiene con el impresionismo. Dice Jorge Dubatti en Relectura de August Strindberg y las estructuras del drama moderno: un análisis de La señorita Julia: “En el “Prólogo” a La Señorita Julia Strindberg se reconoce “moderno”, es consciente de que su teatro cumple una función “modernizadora” y sabe que el pulso que rige el espíritu moderno es la conciencia crítica y superadora del pasado inmediato y de lo aún consagrado en el presente” (La revista del CCC [en línea]. Enero / Abril 2010, n° 8. [citado 2015-03-14]).
Así es como Liv Ullman trabaja con iluminación natural, y en muchos planos parece estar armando cuadros impresionistas, homenajeando no sólo al teatro sino a la fotografía.