Demasiado cortas las piernas

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Si algo caracterizó al Festival de Dramaturgia Europa + América en su primera edición fue el enorme desafío que implicó para los directores nacionales  concretar las puestas de textos extranjeros de gran densidad poética y/o narrativa.  Tal es el caso de Demasiado cortas las piernas, de la jovencísima dramaturga Suiza Katja Brunner: Diego Faturos tuvo que enfrentarse a un entramado discursivo complejo que le dejaba al mismo tiempo mucha libertad de acción. Esa posibilidad necesitaba soluciones inteligentes porque además la temática abordada (el incesto y sus devastadoras consecuencias) arrastra hacia una cornisa difícil de transitar, tanto para los actores como para los espectadores. Es puro riesgo,  puro abismo, dado también por la casi total ausencia de referencias (sabemos que se habla de una familia suiza pero no sabemos dónde están, ni cuántos son los que hablan, ni quiénes son).

La incertidumbre generada descoloca, abruma pero también genera un poco de alivio porque permite tomar distancia, situarse en un punto  ciego donde la historia se vuelve soportable (audible, mostrable). Se trata de una yuxtaposición de voces, de discursos provenientes de diferentes esferas (la jurídica, la psicológica, etc.), a las que se suman las palabras claramente identificables y antagónicas de la madre y la hija. La niña reclama la posibilidad de cambiar de perspectiva para poder  leer en la relación incestuosa con su padre (ausente en la puesta, omnipresente en el discurso) una forma de amor verdadero, la madre balbucea excusas que intentan justificar su silenciosa complicidad.

La adaptación de Faturos se centra así en la disyuntiva entre la palabra y la materialidad (de los cuerpos, del espacio escénico). En escena se distinguen tres espacios diferenciados: la habitación de la niña cuyos colores y candidez contrastan con lo siniestro del relato y acentúan su condición nefasta, una especie de sala de estar donde la madre hace que no ve y una mesa (¿de trabajo? ¿De reunión?) desde donde se van hilvanando los discursos que luego recorren y se apoderan de los lugares otros. Por detrás un dispositivo audiovisual remarca la potencia de ciertas imágenes pronunciadas y suaviza la sordidez de otras (tan oscuras, tan realistas).

Resulta llamativo lo que sucede con los cuerpos de los actores. Las voces del coro (esos discursos múltiples que tratan de analizar, juzgar o pensar el hecho) son simplemente (¿simplemente?) eso, voces-cuerpos que deambulan por la escena desde una distancia tranquilizadora. La madre (Lala Mendia) deviene fantasma, alma en pena. En cambio, la hija (Julieta Vallina) tiene el cuerpo atravesado por las palabras, se percibe en su forma de hablar, de moverse, de mirar. La palabra se le hizo carne, herida abierta.

Sobre el final, la escenografía será desmantelada. Una a una las huellas materiales del suceso  quedarán atrás, sólo quedará el cuerpo devastado, ya sin palabras, sin luz.

Demasiado cortas las piernas es ruina y reconstrucción: La ruina de una familia y la reconstrucción de ese anunciado desenlace. Sin embargo hay algo que no se puede reconstruir, ni pronunciar, algo que queda atravesado en la garganta como esa última imagen de la niña arropada sólo por su tragedia y su fragilidad.

 

Ficha técnica:

 Dramaturgia: Katja Brunner
Traducción: Carla Imbrogno
Actúan: Julieta Vallina, Julián Krakov, Matías Labadens, Francisco Lumerman, Lala Mendia, Javier Rodríguez Cano, Cinthia Guerra
Escenografía: Eliana Itovich – Emilia Marozzi
Video: Felipe Garrido
Animación: Javier Timossi – Cecilia Jaime
Ilustrador: Augusto Consthanzo
Diseño de luces: Lucía Feijoó
Fotografía: Cristian Inglize
Producción ejecutiva: Rocío Pérez Silva
Asistente de dirección: Marcelo de León
Dirección: Diego Faturos
Funciones: Marzo: Viernes 20.30Hs. | Abril: Jueves 21Hs.  Teatro Timbre4, México 3554, CABA