“Lo único que espero del hecho teatral es que suceda”, entrevista con Sabrina Marcantonio

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Este viernes 13 de marzo a las 21, se estrena Casandra está insolada, una versión libre de Agamenón de Esquilo, escrita y dirigida por Sabrina Marcantonio y protagonizada por Julián Castro, Florencia Colace, Ayelén Duniec y Franco Planel. Los clásicos y su adaptación son el punto de partida para una charla con Sabrina Marcantonio antes del estreno.

Vos hablás de una problemática urgente en la obra (como en todo clásico), ¿cuál es en este caso?

En esta obra hay una problemática central que es la lucha de poderes y la neutralización de la verdad, portada por parte del personaje de Casandra. Desde aquí luego se desprenden otras problemáticas como lo son la traición, la venganza e incluso la disfuncionalidad familiar.

Foto.Sabrina

Siendo tan joven y siendo esta tu opera prima como dramaturga y directora, ¿cómo te animaste a un clásico?

A fines del 2013 Ayelén Duniec (Clitemnestra), quien ha sido mi compañera durante casi toda mi formación en la UNA, me dijo que quería actuar junto con Florencia Colace (Casandra) y que yo las dirija. Primero no le di importancia porque creía que no tenía la capacidad para hacerlo, si bien sabía que en algún momento de mi vida quería abocarme a la dirección. Con el paso de los días, Ayelén empezó a convencerme, pero aún no sabíamos qué obra sería la elegida. Yo siempre me sentí y me siento muy atraída por la tragedia griega, y en especial, por esta obra. Hace más de cinco años conocí el personaje de Casandra, leyendo Las Troyanas de Eurípides, y sentí muchas ganas de meterme en su piel. Al poco tiempo leí Agamenón de Esquilo y la totalidad de la pieza empezó a generarme eso de querer meterme adentro y tuve la necesidad de verla puesta en escena. En ese momento, comencé a escribir los primeros esbozos de la obra, pero era todavía muy distinta a la versión que ahora estoy estrenando, aunque sí mantenía la relevancia y la resignificación de Casandra y de Clitemnestra. La propuesta de Ayelén me hizo animarme a dirigir y, además, a dirigir una versión de esta obra, que me enamoró desde el primer día que la leí. La decisión de dirigir vino apegada a dirigir esta obra, y no otra. Más de una vez me pregunté si no era demasiado, si quizás no me estaba equivocando, si no tendría que haber elegido algo más “simple” para la primera vez. Pero el deseo siempre me terminó ganando, porque cuando hay muchas ganas de hacer algo, el miedo no desaparece, pero al menos no paraliza.

¿Cuál es el límite para la adaptación de una obra de este tipo?

La magia de los clásicos, desde mi punto de vista, radica en la vigencia de sus conflictos. Estos merecen ser aprovechados, sobre todo desde el punto de vista actoral, ya que dan una cantidad de posibilidades infinitas y placenteras. En mi opinión, si veo (o si hago, como en este caso) la adaptación de un clásico, quiero ver actores transitando los conflictos que plantean los originales. De todas maneras, es solo mi opinión y tiene solo que ver con una cuestión de gusto personal. Creo que la palabra “límite” en el teatro, y en el arte en general, tendría que existir bastante poco.

¿Qué tiene que proponer el teatro para vos? ¿Manejás alguna concepción propia acerca del hecho teatral?

En principio, debe proponer. Ver una obra de teatro con una propuesta clara, una apuesta jugada y un riesgo asumido lo agradezco siempre enormemente más allá de si me gusta o no la pieza en su totalidad. Lo único que espero del hecho teatral es que suceda, y eso radica para mí, antes que nada y primero que todo, en la organicidad de sus actuaciones y en el conjunto que estas generan.

¿Qué pensás que te aporta haber transitado por las tres funciones de actriz, directora y dramaturga? ¿Cuál es la mirada de cada una?

Una vez alguien me dijo que en esta obra “actuaste de directora”, y creo que hay algo de eso. Yo soy actriz, y el trabajo que hice como directora en esta obra tiene que ver principalmente con mi formación y mi experiencia como actriz. Intento dirigir como a mí me gustaría que me dirijan; uso mis experiencias positivas a favor, y también en muchas ocasiones, intento ir a la inversa de algunas experiencias negativas que tuve, ya sea como alumna o durante el ejercicio de la profesión. Cuando escribí el texto fue, en principio, una hipótesis muy sujeta a cambios. La mayoría de los cambios que hice los impulsaron las actuaciones. Trato de que todo siempre esté al servicio de la actuación, y no al revés. Lo que más me importa es que los actores en el tránsito de esta obra disfruten, desde los ensayos hasta cada función. Si no veo actores disfrutando de lo que hacen, lo que hago no tiene ningún sentido.

¿Qué otros autores clásicos releés cada tanto?

Me gusta mucho Shakespeare, y en estos últimos años también empecé a redescubrir a Chejov.

¿Considerás que hoy en el teatro tiene mucho peso la gente muy joven?

Creo que en el teatro tiene peso la gente que hace, más allá de su edad. Hay un movimiento de gente joven (y no tanto) que se está animando a hacer, autogestionándose, que tan difícil y a la vez tan placentero es. Ojalá ese ritmo perdure porque es lo que mantiene y mantendrá vivo al teatro independiente.

Casandra está insolada, en El Piso Teatro, Hidalgo 878. Entradas $80 (Descuento a estudiantes y jubilados)  Reservas 4958-6016.