#PantallaPinamar2015 – La Tercera Orilla Celina Murga –

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“En la Argentina es más común de lo que parece la situación de las dobles familias, pero en las ciudades del interior todo está más expuesto. Los secretos a voces se hacen más fuertes, todo el mundo sabe, pero hace como si no supiera nada. Estamos frente a una sociedad muchas veces definida por su machismo y su hipocresía y eso era algo que quería incorporar al contexto de Nicolás” Celina Murga

Jorge (un sólido y sutil Daniel Veronese) es un médico y chacarero de una pequeña ciudad de Entre Ríos, tiene dos familias una legal con un hijo y otra familia bastarda con tres hijos dos adolescentes y un menor. De todos ellos, Nicolás es a quién Jorge empieza a preparar para que lo acompañe en las tareas del campo y en el hospital más otros pequeños ”negocios” que nunca se terminan de aclarar.

Nicolás (interesante debut de Alian Devetac) es el eje de la narración y es el que se encuentra en el medio de un conflicto con un padre que se ofrece como guía solo para que sea funcional a su vida. Nicolás se desgarra en sus silencios viendo sufrir a su madre y viendo que son una familia avergonzada por un hombre que no los reconoce socialmente.

Jorge vive con total naturalidad la situación como disfrutando de un anacrónico derecho de pernada que ya no tiene nada de derecho y todo de aberrante. Esa necesidad de hacer Justicia es la que va creciendo al interior de Nicolás que a pesar de su bronca se comporta como un padre no solo para sus hermanos de sangre sino también para su hermanastro a quién defiende de las humillaciones que le propinan en el colegio donde van todos.

La primera escena parece una continuidad lúdica de Una semana Solos, los cuatro chicos jugando al Ludomatic en el patio de la casa, plena de guiños familiares y hermandad que funciona como centro ético de la película, como lo que “debería ser”. Es en el juego donde los niños al crear sus propias reglas encuentran los límites de lo real, en La tercera Orilla a Nicolás no le sirve armar un mundo propio para evadirse del adulto, el encuentra una tercer orilla, una opción diferente para su propia vida.

Celina Murga demuestra una rara destreza para filmar chicos para que las escenas surjan creíbles, espontáneas, como también lo lograra en Una Semana Solos. Buscar escenas “frescas”, sin actuación, “naturales” no solo son constantes sino también una estética, un cine que logre un realismo sin tanta estridencia ideológica y más destreza narrativa.