De cuentos,  leyendas y decires… La obra de Victor Quiroga.  

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Nahuel, no me le afloje la cola al uturunco oleo tela 104 x 65 cm

Desde el silencio de un rincón del Tucumán querido, ahora devastado por el agua, emergen los personajes de una obra que transportan al espectador al universo mágico del artista, al laborioso día a día del obrero o a las noches pobladas de las leyendas ancestrales del folclore de su terruño.

Las obras son un relato de la cotidianeidad y de las costumbres de su tierra natal tucumana. Sus narraciones, basadas en el pensamiento mágico, se manifiestan como experiencias casi religiosas de las expresiones míticas que han sabido sobrevivir al paso del tiempo, y a los avances tecnológicos.

Víctor Quiroga nos dice: “Nosotros no sabemos como éramos antes”….

Las imágenes hablan, en un extraordinario lenguaje de formas y colores, de la cultura que nos diferencia a la vez que nos da una identidad propia; el artista nos invita a ser parte de las creencias populares del cautivante ámbito que habita pero al confrontarnos con la fuerza pictórica de su “literatura,” nos llama a una revalorización de nuestra propia identidad.

Quiroga nació en la provincia Argentina de Tucumán en 1955. Pasó la niñez en Villa Alem donde descubre la pintura de la mano de artistas de la zona y al terminar la secundaria, estudia con el maestro Ezequiel Linares en la facultad de Arte de la Universidad Nacional de Tucumán. En 1977, a la edad de 22,  se gana una beca para perfeccionarse en Italia donde obtiene un premio especial. En 1985 se traslada a Paris y el Premio Branque le permite prolongar su estadía en Francia  donde reside ocho años antes de volver al país.

1948 sitúa a la ciudad de San Miguel de Tucumán como escenario de la creación del Taller de Pintura del Instituto Superior de Artes de la UNT (Universidad nacional de Tucumán) que, bajo la conducción de Lino Enes Spilimbergo,  formó un polo de artistas plásticos de gran interés. Estos grandes maestros argentinos expulsados de las escuelas de Bellas Artes de Buenos Aires y Mendoza fundaron  un movimiento antagónico a las políticas plásticas del momento.  Ellos sin duda, influenciaron la pintura realista de Quiroga que con su sano costumbrismo, es participe del dramatismo de la neo figuración.

Carlos Alonso, el propio Linares y Berni no le fueron ajenos.

Atravesado por la compleja realidad social del norte argentino,  Quiroga se vale de su original manejo del pincel para retratar de manera casi documental, su “aldea”. Su serie sobre la Zafra en oleo y papel,  es un registro critico que alude sin retaceos,  a la dura existencia de los zafreros, hombres y mujeres que cortan la caña de azúcar a machete allí donde la tecnología aun no se había asomado.  Los cuadros están impregnados del dramatismo de esta actividad ya indefectiblemente en vías de extinción.

“Pelando caña mientras el sol los quema de afuera pa’ dentro, en la zafra la vida del hombre teje de a poco universos poblados de cuentos, leyendas y decires…”

Víctor Quiroga dice sentirse  instrumento de un ‘alguien’ que le sugiere los temas que pinta. Al permanecer en la dimensión mítica que tanto caracteriza su obra,  recrea y materializa sus visiones como si se trataran de hologramas y sus figuras, como espectadores de un fenómeno inexplicable,  perciben la presencia de una energía en esa proyección del artista que se lo hace visible,  como si presenciaran  un trozo de película que traspasa la línea del tiempo que ocupan.

Entre sus preferidas, el mito del Alma Mula o Mulanima, leyenda muy difundida en el norte argentino que cuenta la historia de una mujer condenada y convertida en mula por amoríos con el compadre o por relaciones carnales con un cura. Su alma fue condenada a arrastrar una cadena durante toda la vida.  Cuenta el gran escritor Octavio Cejas* que “las versiones señalan que es una mula negra que corre como si fuera en la punta del viento y arrastra la consabida cadena. Suelta llamas y chumareda por boca y narices. Acompáñese de gritos y sollozos. Para liberarla del hechizo, un hombre de probado coraje debe sofrenarla desde la cadena o enlazarla y luego, de un solo hachazo, cortarle una oreja. Seguidamente se siente que cae un freno mulero con sonora coscoja.”

Quiroga participó en más de 80 exposiciones individuales y colectivas en Argentina y en numerosos países de Europa tales como Italia, Francia, España, Polonia, Suiza, Alemania y Holanda. Por primera vez desembarca en la ciudad de Miami, en el mes de octubre, con una retrospectiva de sus Mitos y Leyendas.

Cuanto más se divulga la obra de este gran exponente del arte argentino, mas resuena aquel comentario de un crítico que, hablando sobre el arte argentino orientado hacia la problemática social se aventuró a decir que de haber sido pintor Juanito Laguna, ese entrañable personaje creado por el maestro Berni,  hubiera pintado como Quiroga.

 

*Ex docente, escritor y periodista.