#Oscar2015 Siempre Alicia – Cuando el destino nos alcance.

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Narrar la demencia

El descubrimiento y tipificación del mal de Alzheimer ya tiene más de un siglo y hasta el día de hoy es una enfermedad progresiva e incurable. El retrato de esa progresión es la que está en juego en Siempre Alicia, última película del dúo Wash Westmoreland y Richard Glatzer.

lisa genova
Basada en la novela de la neurocientífica Lisa Genova, “Still Alice”, nos relata como una eximia profesora de Columbia, Alice Howland, en una conferencia sobre su especialidad (lingüística) percibe que no puede recordar una palabra y se preocupa ante lo que puede ser el comienzo de la pérdida de su capital verbal, de la desaparición de su memoria.
En sus 50 años de vida Alicia puede sentirse orgullosa de haber alcanzado notoriedad en su profesión sin descuidar una familia compuesta por un esposo científico (Adam Baldwin) y sus tres hijos adultos interpretados por Kristen Stewart, Kate Bosworth y Hunter Parrish.
El cine se ha ocupado de retratar de muy diversas maneras la degradación mental: de forma inquieta y aleatoria en El eterno resplandor de una mente sin recuerdos de Michel Gondry (2004), de manera onírica en Brazil de Terry Gilliam (1985) , clásica en Despertares de Penny Marshall (Awakenings 1990) Iris de David Warren (2001), en la nuestra El Hijo de la Novia de Juan José Campanella (2001 ) y para finalizar en la magistral Amour de Michel Haneke (2012), en todas brilla un elenco que componen una paisaje entre lúgubre y esperanzador del deterioro mental.

¿Siempre o Todavía?

Still Alice se debería haber traducido por Todavía Alicia porque la idea no es mostrarnos como esa madre amorosa quedará en la memoria de sus hijos una vez muerte (que posiblemente la pierdan y no la recuerden en el futuro por tratarse de una enfermedad hereditaria) sino del viejo refrán “Si hay vida hay esperanza”, la pregunta que nunca termina de contestar la película es si eso en lo que se ha convertido la existencia de Alicia es vida, respuesta contundente que no escatima Amour de Hanecke.
Siempre Alicia es un melodrama que si obviáramos la solitaria actuación de Julianne Moore es simplemente un telefilm con un guión que no despliega el espesor dramático personal y familiar que el tema hubiera demandado. La vida de Alicia es plena de significantes sociales: profesional, esposa y madre, viviendo en una cómoda y linda casa de ladrillos y disfrutando a veces de una casa en el mar, en síntesis una vida privilegiada en lo económico y en lo afectivo como espacio donde de repente la fatalidad se posa como algo extraño e injusto como si en el mismo seno de lo perfecto creciera una plaga mortal.
Desde esa composición Siempre Alicia privilegia sensibilizar al espectador para indicarle que a pesar de lo pleno que puede ser la vida, el destino, en su inexorabilidad, nos alcanza siempre. Y esa parece ser el aprendizaje que el mismo Richard Glatzer ha experimentado ya que padece un tipo de enfermedad neurodegenerativa denominada ALS (esclerosis lateral amiotrófica) que hizo que viera el estreno de su propia película desde una silla de ruedas.
Filmmaking poses considerable hurdles without having the added obstacle of coping with the debilitating effects of amyotrophic lateral sclerosis (ALS).
Esta preocupación por Concientizar hace que el cine de Siempre Alicia no se preocupe por los aspectos formales y estéticos, parece sin ideas de cómo narrar la enfermedad y cae en los lugares comunes de manera obvia y poco eficaz como la opacidad de ciertas tomas, las supuestas viejas filmaciones de una Alicia joven jugando en la playa con su hermana muerta (inmediata referencia a la playa del El Eterno resplandor…) .
Siempre Alicia se cocina en su propia salsa, los directores hacen un film desde una receta precisa y efectiva: actores reconocidos + tema sensible + best seller, a través de planos fijos y teatrales como si hubieran copiado la adaptación dramática del libro que hizo Christine María Dunford para la Compañía de Teatro Lookingglass en Chicago.
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Lo gestual como mapa de la vacuidad

Desde las primeras escenas, todos los sentimientos se reflejarán en la cara de Julianne Moore, preocupación, angustia, desesperación, tristeza, pánico resignación y…la nada. Julianne More con esa proeza justifica todos los premios y es el pilar que justifica el visionado de Siempre Alicia.
Su rostro nos va narrando la progresión del mal, del dolor, cambia de escena a escena, el brillo de sus ojos, como las antiguas lámparas a gas, se van apagando paulatina y fatalmente, la mandíbula se va distanciando del resto de la faz para mostrar el cataclismo interior, la caída inexorable.
Su único y débil sostén actoral es Kristen Stewart que como Lidia, su hija menor, es el único miembro de la familia valiente o lo suficientemente honesto como para aceptar que su madre se está convirtiendo en un desesperante vacío y trata de encontrar formas para estar conectado a ella a pesar de su enfermedad.
No cabe duda que Westmoreland y Glatzer tienen presupuesto para elegir actores con cartel pero no les ofrecen guiones para su lucimiento, la tenaz soledad actoral de Julianne Moore me recuerda a la vieja anécdota de otro luchador, el querido Ringo Bonavena “Uno tiene un mánager, un masajista y hasta un promotor, pero lo cierto es que cuando suena la campana, te sacan el banquito y uno se queda solo”.
Podrían haber reducido toda la película a un largo y primerísimo plano de Julianne Moore que mostrara secuencias de la evolución de la enfermedad a través de lo gestual pero eso hubiera requerido destrezas narrativas que solo podrían tener si fueran poseídos por el espíritu del mismísimo Igmar Bergman. Eso ya sería otra historia.

Se estrena en Buenos Aires el 12 de marzo

Still Alice