El patrón, anatomía de un crimen

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El director Sebastián Schindel, quien proviene de la realización documental, se anima con un largo de ficción, aunque basado en hechos reales. Absolutamente destacable la actuación de Joaquín Furriel, en la piel de un santiagueño iletrado, catalogado como “inapto” por el Estado, quien tras meses de acoso laboral mata a su patrón.

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El hecho, ocurrido hace treinta años, es actualizado por Schindel al presente, dando cuenta que la mafia tras el negocio de la carne no ha cambiado. Aunque se centra en el personaje de Hermógenes Saldivar, el film es un retrato escalofriante del negocio vacuno: cómo se comercializa carne en estado de descomposición. Otro de los temas que circulan en el film es la dialéctica del amo y el esclavo: no es casual el título de la película, ya que la idea del patrón define al personaje explotado, en tanto uno no existe sin el otro.

El gran acierto sin duda, es la dirección de actores. Cada uno (Furriel, Mónica Lairana, Luis Ziembrowski y Guillermo Pfenning) construyen su personaje con mucha veracidad, y el espectador agradece esa química que transmiten. Lo más flojo del film es la tensión dramática a nivel narrativo, que tal vez, por apegarse a los hechos reales, pierde efecto en la pantalla. Las causas que llevan al asesinato están construídas in crescendo, pero el momento de mayor tensión dramática no se aprovecha cinematográficamente como el del asesinato, sino que se diluye.

De todos modos, es un film interesante que vale la pena ir a ver.