Birdman o el fantasma de la máquina

0
14

Sería relativamente fácil responder a la pregunta por qué un actor siempre se sitúa en segundo plano con relación a los personajes que ha interpretado. No sabemos con exactitud cuál fue el éxito real de las películas protagonizadas por Riggan Thomson, ni por qué su decadencia. Sin embargo y por azares del destino sabremos que si camina en calzoncillos por una avenida neoyorquina su popularidad se elevará con creces o renacerá como ave fénix, con seguridad unos cuantos cientos de curiosos lo filmarán con celulares y harán posible el milagro.

Thomson (Michael Keaton) adicto a la levitación y telequinesis (en el mundo moderno nadie está a salvo de ningún tipo de adicción) se regodeara en escasos minutos de ese nuevo estilo de ser popular o en las posibilidades infinitas del azar ajenas a los reflectores o a la mirada entrenada de los consumidores de las expresiones artísticas (bastan una diminuta cámara, unos escasos segundos o minutos de grabación para reventar la curiosidad de las personas intercomunicadas a través de las redes sociales). La fórmula cartesiana de la hipermodernidad: “Te filmo, luego existes”. Llegado el momento Riggan Thomson improvisará magistralmente en la última escena de una obra de teatro adaptada y protagonizada por él sobre un cuento brevísimo (“De qué hablamos cuando hablamos de amor”) cuyo autor Raymond Carver, fue un polémico escritor norteamericano al que lo ha perseguido el fantasma de su editor Gordon Lish.

La improvisación le demostrará también a Thomson la esencia de sus anhelos.

Pero las masas en general y los críticos de arte en particular siempre exigirán más de cualquiera, incluidos los apostatas o actores venidos a menos quienes apuestan el todo por el todo. Thomson y su hija Sam (Emma Stone) y su novia Laura (Andrea Riseborough) y un puñado de trabajadores de la industria del espectáculo “habitan” un rustico teatro en Broadway; que a su vez viven subyugados por el máximo sueño de Riggan; superar su antigua personificación del mítico personaje de Marvel Comics, el hombre-pájaro. Riggan recurre a Carver que recurre a una truculenta y siempre vigente historia de des-amor (por lo menos en lo que respecta al cuento original antes mencionado) para salvaguardar su propia reputación como actor, su ego dirán algunos.

Birdman es una película sin sentido del humor, lo que lamento profundamente, sin embargo y considerando otro aspecto de la historia contiene dos escenas magistrales y ambas le pertenecen a Sam Thomson, y aquí incluso me permito pecar de inocencia: una bola de fuego o meteoro amenaza al mundo entero, los ojos hermosos de Sam serán los últimos en ver lo edificado por la raza humana. Esa misma chica que en la ciudad “que nunca duerme”, el corazón financiero del mundo y sentada en el resquicio del teatro en el que su padre en la inauguración de su obra se volará la nariz con una pistola de verdad, sólo puede jugar a soñar “truth or dare” con Mike Shiner (Edward Norton) a su lado.

Creo sinceramente que el verdadero logro de la última película de Alejandro G. Iñárritu es la increíble fotografía del también mexicano Emmanuel Lubezki, y si algo me hubiera encantado celebrar; más allá del grandioso esfuerzo de un par o puñado de connacionales ¿cómo saber con exactitud cuántos mexicanos participaron realmente? es la (im) posibilidad de que este interesante filme hubiera sido un producto mayor de la industria nacional. De ese tamaño es la gloria de unos cuantos y el abandono de muchos.