Relatos salvajes: una pelicula crispada

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A una época crispada, le corresponde una produccion simbólica crispada: “Relatos salvajes” es a esta época, lo que “La ciénaga” fue a la de 1999. 15 años después de haber “leído” en la ópera prima de Martel un cine del desencanto, Relatos salvajes instala el cine de la crispación. Lo que en Martel era metáfora, en Szifrón es brutalidad sin filtro, pura literalidad.

No hay duda, sugerencia, conflicto existencial en la mujer acuchillando al maldito candidato a intendente de vaya a saber qué lugar, no hay grandes preguntas en la reacción frente al insulto vial, ataque de un loco o relaciones asimétricas de  poder que da la fuerza física, el dinero o la humillación frente a la infidelidad, no hay tiempo para cuestionar si la cárcel y la humillación o el sometimiento al patrón vale más que 1 millón de dolares  Se le arruina la fiesta a Romina, cuando descubre la traición de su flamante esposo en plena boda, con la misma imprevisibilidad que se arruina el audi del hombre que maneja ruta adentro, casi de mensaje publicitario. El “movete salame” o el “sabes que sos un negro resentido” lo que hacen es marcar la diferencia de clase, entre el ejecutivo y el trabajador, este ultimo es curiosamente mostrado como un ser monstruoso e irracional, tanto como la cocinera del bar de ruta que hace justicia por mano propia. Hasta en el cuento tal vez más clásico, el del joven rico atropellando a una mujer embarazada, atravesamos las miserias de la corrupción de la justicia para tambien llegar a la mano propia. La que termina valiendo más en el film de Szifrón.

En realidad, es lo material el farol que ilumina el salvajismo capital de estas historias casi animalejas. Que algunas de ellas causen en el espectador una identificación afín, no significa que la película abunde en las causas de la tensión sino todo lo contrario, al limitarse  a las superficies de esa tensión se hace nerviosa sin mostrar nervio, se torna crispante sin sentido.  Mucha espectacularidad, eso sí tiene Relatos salvajes y creo que ahí radica su descomunal éxito. Los contrastes de la riqueza-pobreza, la riqueza-inmoralidad, el automatismo del castigo, la falta de legalidad. Anclado en las pilas de opiniones crispadas que se escuchan a diario, y las opiniones sobre las opiniones, en las reacciones improvisadas y, otra vez, espectaculares, de los programas de televisión.

Me quedo con dos cosas de la pelicula de Szifrón: lo fantasioso del relato del avión, y la zona de los créditos con los nombres de los que participaron en la pelicula ilustrados, cada uno por un animal distinto.

La ciénaga empezaba con una escena que muchos recordarán: al borde de una pileta sucia en una quinta salteña un grupo de matrimonios algo alcoholizados arrastran las sillas metálicas con una desidia y un abandono que la pelicula despues se va a ocupar de entramar. El desasosiego de Martel preanunciaba sin dudas lo que se vendría dos años despues, el sin futuro de un estado de desesperación. Pasaron 15 años y en ese relato histórico del cine argentino Relatos salvajes parece representar el film de la transición: en el que hay muchos actores pero en el que quizás gane el mejor manipulador.