Stockholm, en Espanorama

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El director Rodrigo Sorogoyen ha hecho foco en Stockholm  en una historia que retrata cierta adolescencia tardía que pareciera ajena a los vaivenes de la crisis española (y esto tambièn puede ser sintomático del desencanto de toda esta generación), a partir del encuentro fortuito de una pareja de jóvenes en una fiesta, una vez más, de tendencia también tardía por la estètica que se propone. Quizás esto tenga que ver con un planteo general de la película, donde los personajes transitan ciertos cambios emocionales que tienen que ver con una inmadurez, clara de parte de él, y de cierto trastorno de parte de ella.

La cuestión es que quizás estos roles se vuelven obvios y empiezan a ser previsibles para el espectador, y la progresión narrativa contiene el final de manera más o menos evidente, por lo tanto carece de fuerza dramática y se vuelve aburrida.

El film ofrece una estética cuidada  y logra un microclima íntimo y propio. Pero lo más interesante de la película quizás sea su producción. ya que no fue realizada con el respaldo de empresas del gremio detrás, sino por micromecenazgo, esto es, recaudando dinero a través de internet con aportes de personas comunes desde una base de 5 euros, modalidad que parece estar extendiéndose cada día como una posibilidad concreta de juntar fondos y llevar adelante proyectos artísticos.