#OSCAR2015: Siempre Alice

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Aunque se estrena en Argentina después de la entrega de los Premios Oscar, “Siempre Alice” es una de las nominadas, en el rubro de Mejor Actriz por el trabajo de Julianne Moore, quien interpreta a una doctora en lingüística que descubre que padece de Alzheimer.

La película se centra en cómo ella y su familia lidian con los diferentes estadios de la enfermedad. Su esposo (Alec Baldwin) también es un eminente académico, y es quien más rápidamente se desembaraza de la complicada situación: frente al pedido de Alice de tomarse un año sabático para compartir con ella sus últimos momentos de lucidez, él antepone su trabajo, y deja en manos de sus hijos el cuidado de su mujer. La enfermedad de Alice, es un tipo raro de Alzheimer que se puede heredar genéticamente. Al igual que el marido, el hijo varón desaparece rápidamente del film, puesto que no lo ha heredado. La película explora entonces la relación de Alice con sus hijas mujeres, la mayor, Anna, (Kate Bosworth) y la menor, Lydia (Kristen Stewart).

En este punto la película construye un relato muy interesante del universo femenino. Sin hacer un alegato feminista, los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland exploran los roles femeninos, tanto vocacionales como familiares. Alice Howland lo tiene todo: una brillante carrera profesional y una bella familia. Su hija mayor, se convierte a lo largo del film en una suerte de doble: egresada de una prestigiosa universidad, está a punto de ser madre, cuando se entera que sufrirá el mismo destino de Alice (tiene el gen de la enfermedad). Al comienzo del film, Alice y Anna serán quienes tienen la relación de mayor cercanía, puesto que sus intereses compartidos las convierten en aliadas.

Todo lo contrario es el caso de la hija menor, con quien Alice choca permanentemente: Stewart interpreta a una joven que no quiere estudiar en la universidad, sino dedicarse a la actuación, y que se rehúsa a hacerse el test que le dirá de manera certera si va a padecer o no Alzheimer. La falta de rigor académico de Lydia, implica para Alice una carencia, puesto que el desarrollo del mundo racional es en esta familia algo primordial.

En este sentido, Alice vive la pérdida paulatina del raciocinio como algo trágico. Incluso se deja instrucciones de suicidio a sí misma, para cuando la enfermedad esté muy avanzada porque “es el siguiente paso lógico”. Pero curiosamente, a medida que va perdiendo la razón, se conecta con su lado sensible, que la acercará a su hija menor.

El trabajo de edición de “Siempre Alice” es realmente destacable, porque nunca se sabe con certeza cuánto tiempo pasa entre que comienza la enfermedad y llega a su punto cúlmine. Así somos un poco como Alice, quien va perdiendo la conciencia de cosas como el paso del tiempo.
Eso, que el personaje percibe como una tragedia, sólo lo es en la medida en que se enfrenta al abismo de lo desconocido. La pérdida de la racionalidad es lo más temido, porque es lo que nos diferencia de otros seres. Sin embargo, el film apunta a repensar estas certezas, y a preguntarnos si lo que nos hace únicos es lo racional, o antes bien, lo emocional, lo que se relaciona con el universo sensible. En este sentido, el título en inglés (Still Alice: Aún Alice) adquiere unas resonancias más acertadas que la traducción castellana.