Blancanieves, en Espanorama

0
16

Esta noche, con la proyección de Blancanieves, abre este ciclo organizado por la Embajada de España en Argentina, en las salas Gaumont. Lo mejor del ultimo cine español en Buenos Aires.

Estamos ante una película oportuna, que cayó muy bien al público argentino cuando se estrenó en abril del año pasado. O al menos tiene todos los tipos para lograrlo. Por un lado, retoma cierta estética planteada por El Artista, por otro, viene con con un estigma de los 10 galardones obtenidos en los Premios Goya 2013.

Su director, Pablo Berger (Bilbao, 1963), no tiene tras de sí un gran historial, pero sí una gran formación, que incluye un doctorado en cine en la New York University que lo habilitó para ser profesor de dirección en la New York Film Academy (NYFA). Este dato no es menor, si pensamos que Blancanieves, su segunda película, tiene una remarcada carga metacinéfila, que se puede señalar en aspectos técnicos (pieza de cine silente, en blanco y negro), actorales (teatro de clichés, maquillaje, gestualidad), gráficos (intertítulos) y sonoros (la música como elemento narrativo). Además de ello hay una cantidad de citas importantes que pueden trazarse desde la más obvia, al cuento de los Hermanos Grimm, hasta a películas como Freaks (1932) de Tod Browning hasta toda la novelería y el folletín acerca de la pareja andaluza por excelencia, el torero y la bailaora, producto for export hispano de primer nivel. Esta es por lo tanto una Blancanieves absolutamente hispanizada, mezclando de manera efectiva dos tradiciones folklóricas, la del cuento nórdico con el imaginario español de los amores apasionados y trágicos en el marco de la vehemente tauromaquia.

La película es una adaptación libre del cuento original de Blancanieves, ambientada en los años 20 españoles, con una dirección de arte muy cuidada que trabaja muy bien tanto el vestuario Belle Epoque como el más costumbrista. La clave constructiva de la película es la del cine mudo, con intertítulos que citan el mismo sistema gráfico característico de las primeras películas.

Blancanieves (1)

Las actuaciones también citan el estilo del cine mudo, heredero del teatro de clichés, esto es, expresividad de rostro y brazos exagerada y maquillaje cargado para acompañar al maximo la gestualidad del actor, y están a cargo del mexicano Daniel Giménez Cacho (conocido por trabajos anteriores como Profundo Carmesí y El Coronel no tiene quien le escriba dirigido por Arturo Ripstein y La mala educación, de Pedro Almodóvar), Angela Molina y Maribel Verdù, quienes manejan muy bien sus caras y composiciones en función de la consigna.

Blancanieves (27)

 

El resultado es una película de buena factura, apoyada en la fotografía, el guión y las actuaciones, a la que no hay que pedirle mucho más, pero que se proyecta como uno de los grandes éxitos que dará vueltas por Buenos Aires cuando se estrene. Melodrama estetizado hasta la parodia, es un bello producto con una banda sonora envidiable, que tiene además una vuelta de tuerca en su final que complace porque no es el previsible. Justamente, el final de la película es la marca de autor más contundente que quizás esperábamos desde el comienzo. De todas maneras, se recomienda verla, porque el impacto visual de su cierta belleza construida desde planos muy bien medidos y montados, no es para desdeñar.

Bueno es mencionar. porque provoca polémica a medida que su estreno llega a más lugares, que la película cuenta con numerosas denuncias por maltrato animal que aparentemente se habrían producido durante su filmación.

Blancanieves (19)