Un elogio del amor: El viento en un violín

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¿Qué pasa cuando el azar se transforma en destino, cuando lo contingente se torna necesario?

“Se da, por supuesto, un éxtasis al comienzo, pero un amor es ante todo una construcción duradera. Digamos entonces que el amor es una aventura obstinada. […] Un amor verdadero es aquel que triunfa en el tiempo, dura(ble)mente, a pesar de los obstáculos que el espacio, el mundo y el tiempo le oponen”. Estas palabras de Badiou en Elogio del amor están muy en sintonía con el mundo que propone la obra de Tolcachir. Sus distintos personajes, todos ellos aman: en forma violenta, desgarrada, desesperada o de una forma cuidadosa, tierna, entregada. Luchan por el amor, tratando de vencer la adversidad. Mercedes no sabe cómo amar ni cómo confiar en su hijo y es esta falta de confianza lo que quizás ha estropeado por completo la posibilidad de Darío de afianzarse en el mundo. La unión de Celeste y Lena simboliza un amor pasional pero a la vez inocente. Darío recién comienza a despertar al amor hacia el final de la obra. El de Dora es un amor maternal genuino. Son amores que buscan perdurar.

En El viento en un violín el espectador entra en el momento justo en que Lena y Celeste apuestan por un amor duradero, en que planifican cómo será la llegada de un bebé en sus vidas, aquello que les permite proyectar más allá de la realidad problemática en que están inmersas y soñar con un futuro. El amor es reinvención de la vida para Badiou, el amor inventa una manera diferente de duración. El amor como construcción ya no desde el punto de vista del uno sino del dos, tiene que ver con la duración y el proceso. Ya desde esta primera escena en que las dos mujeres enamoradas piensan cómo concretarán el sueño de ser madres, aparece la idea del amor como construcción.

Contra todas las tendencias contemporáneas que prometen un amor sin riesgos (el amor asegurador, lo llama Badiou), como los sitios de citas actualmente tan en boga; los amores en esta historia son arriesgados, locos, incluso las acciones de Lena y Celeste bordean lo criminal. La violación de un hombre por dos mujeres que han franqueado el límite de la razón, para conseguir lo que tanto desean, prueba los riesgos que ellas están dispuestas a correr para consolidar su unión amorosa. Mercedes no se queda atrás en su afán por tener una familia “normal”.

La obra pone de relieve que el amor es mucho más que el deseo sexual (es el deseo pero también más que esto). Badiou nos dice que a menudo se descalifica al amor en nombre de lo real del sexo. Lena y Celeste asumen un compromiso mutuo al declararse su amor en forma constante, como una promesa que se renueva y se hace cada vez más fuerte, más concreta. “La declaración del tipo ‘te amo’ sella el acontecimiento del encuentro, es fundamental, compromete”, leemos en Badiou. Esta declaración está hecha de palabras y también de abrazos, de gestos que acompañan y confirman ese amor: hay una declaración también física.

El amor riesgo cero es cerrarse a la casualidad, al encuentro, es una amenaza al amor, la “amenaza aseguradora”, encontramos en Elogio del amor. Y es precisamente lo que no hacen los personajes principales de esta obra; ellos se entregan a una experiencia amorosa sin seguro previo. El amor surge en Darío de forma totalmente imprevista a través de una paternidad que le ha sido impuesta, forzada. Darío es el personaje más vulnerable porque no puede manejar las riendas de su propia vida.

“Declarar el amor tiene que ver con pasar del acontecimiento-encuentro al comienzo de una construcción de verdad; con fijar el azar del encuentro bajo la forma de un comienzo”, enuncia el filósofo. “Así se fija el azar: la absoluta contingencia del encuentro de alguien a quien yo no conocía termina tomando la apariencia de un destino. La declaración de amor es el pasaje del azar al destino”. Creo que no hay mejor definición para el amor y al mismo tiempo, que esta idea podría resumir en pocas palabras la esencia de El viento en un violín. Lo que podemos leer en la obra es que, a partir de una falta de sentido, cada uno puede elegir un destino.

El azar y el amor son las dos fuerzas que logran articular un relato exquisito, construido en forma minuciosa, que muestra cómo el humor y lo trágico se pisan continuamente. De hecho hay escenas donde ciertos espectadores no pueden parar de reírse, mientras otros los miran escandalizados, preguntándose cómo reaccionan así ante situaciones tan tremendas. Mallarmé habla de “el azar vencido de una palabra por vez”. Badiou nos habla sobre el azar del encuentro vencido día tras día en la invención de una duración, en el nacimiento de un mundo. Los personajes de esta obra transforman lo azaroso del amor en algo necesario: del mismo modo Tolcachir nos ofrece una historia que se vuelve necesaria.

Cuando Badiou se refiere a Romeo y Julieta, dice que es la alegoría de una disyunción porque ambos pertenecen a mundos enfrentados. Esta diagonalidad del amor ?nos advierte? atraviesa las dualidades más poderosas y las separaciones más radicales. El viento en un violín parece suscribir a esta idea de amor que crece en la adversidad, que es antes que nada encuentro y acontecimiento (algo que no ingresa en la ley inmediata de las cosas, según Badiou), que tiene el poder de atravesar las asimetrías. Así sucede cuando Darío se encuentra con las dos mujeres y termina por buscar, a pesar de las diferencias sociales, insertarse en un contexto antes impensado.

“Y el amor que lo atraviesa todo, que todo lo permite, lo bueno y lo malo. El amor de pensar la vida de otra forma y aceptarla tal vez, en nombre del amor”, podemos leer en la sinopsis de la obra de teatro. Estos amores soplan con la fuerza del viento y encantan con la sutileza de los sonidos de un violín. Sin embargo no es un viento que arrasa; su caudal va in crescendo, derribando paulatinamente hasta las paredes más sólidas, y dejando al descubierto el esqueleto sobre el que crece la carne de las relaciones humanas.

Libro: Badiou, Alain y Truong, Nicolás, Elogio del amor, 1° edición, Buenos Aires: Paidós, 2012, 104 pp.

Obra de teatro: El viento en un violín
Paseo La Plaza
Actúan: Tamara Kiper (Celeste), Inda Lavalle (Lena), Miriam Odorico (Mercedes), Lautaro Perotti (Darío), Mimi Rodriguez (Dora), Gonzalo Ruíz (Santiago)
Libro y dirección: Claudio Tolcachir
Asistencia de escenario: Pedro Ferreyra
Diseño de luces: Omar Possemato
Diseñadora gráfica: Johanna Wolf
Escenografía: Gonzalo Córdoba
Prensa: Marisol Cambre
Equipo de producción TIMBRe4: Carolina Fischer y Natalia Mesía
Producción: TEATROTIMBRe4 // Maxime Seugé y Jonathan Zak