Harper Lee: mito y controversia por la publicación de su segunda novela en 55 años

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Harper Lee rompe con su ausencia de más de 50 años en el mercado literario al mismo tiempo con la publicación de su segunda novela, Go Set a Watchman, la continuación del clásico Matar a un Ruiseñor.

Su editor en HarperCollins no se enteró de la existencia del libro hasta hace pocas semanas, días antes del anuncio de su publicación. Según la versión oficial de la editorial, el manuscrito de Go Set a Watchman estaba envuelto junto a un manuscrito de Matar a un Ruiseñor dentro de una caja de seguridad que no había sido visitada hasta ahora. El original fue encontrado por la abogada de Harper Lee, Tonja Carter -que es amiga de la autora y en quien fueron depositadas las responsabilidades legales después del retiro de la hermana de la autora, Alice Lee-, que mientras revisaba viejos documentos descubrió un texto que supo reconocer como uno de Lee pero del que no conocía su existencia. Luego del hallazgo fue a corroborar con la autora si se trataba de lo que ella creía, para encontrarse con la confirmación de que si, era una novela que, según el recuerdo de la autora, estaba terminada.

La suposición que sigue es que el manuscrito fue dado por perdido por Lee o que fue olvidado con el paso de los años después de haberlo desestimado como impublicable. A esta versión se enfrentan algunas declaraciones de gente que fue cercana a la autora, como la de su amigo el Reverendo Thomas Butts, que dice que es difícil imaginar que el manuscrito no hubiera sido encontrado antes, y, más precisamente, un familiar de la autora que recuerda haber leído, junto a otros familiares, la novela Go Set a Watchman, después de que se les pidiera una opinión sobre ella. Estas declaraciones implicarían que lejos de haber olvidado el manuscrito, Lee simplemente no lo tuvo en cuenta.

La historia de su creación, contada por la misma autora, respaldaría estas implicaciones. Go Set a Watchman fue la primer novela que Lee escribió, pero al presentársela a su editor en esa época, él dijo que ella de verdad no quería escribir esa historia, que lo que ella quería contar era la historia de la narradora de la novela, Scout, cuando era pequeña, que debía volver atrás. De forma que Go Set a Watchman es una secuela que fue escrita antes.

Que Harper Lee sea la autora de esta novela no está en duda, lo que se cuestiona es si se trata de su voluntad o la de otros interesados en los aspectos económicos que semejante evento literario pudiera llegar a significar en moneda. La autora sufrió en 2007 un accidente cerebrovascular que empeoró su ceguera y su capacidad auditiva, ya disminuidas para ese entonces, que se agregaban a una degeneración macular que venía sucediéndole desde hace un tiempo. Esto la redujo a un estado de vivencia asistida y a quedar aislada de comunicaciones telefónicas. Lo que sumado a su costumbre de no otorgar entrevistas, da por resultado que no podamos esperar su colaboración para aclarar los hechos. Allegados que la han visitado en los últimos años hablan de una anciana con falta de memoria y perdida de agudeza intelectual. Todas las palabras que se dicen en su nombre, las dice su abogada. Su biógrafa, Marja Mills, dijo una vez: “en ausencia de su voluntad para hablar, las únicas versiones que tenemos son las de otra gente.”

Sobre la polémica influencia de su abogada Tonja Carter. La hermana de Harper Lee, Alice Lee, mayor que ella, se retiró de la práctica legal a los 100 años y dejó el mando a Tonja Carter, de quien era mentora. Pero la nueva abogada de Lee no tardó en hacerse protagonista en la vida de la autora. Así lo revela una carta que envió Alice Lee a Marja Mills, en 2011: “Cuando cuestione a Tonja, me entere de que sin mi conocimiento ella había escrito la declaración, la llevo al departamento [de Harper Lee], y Nelle Harper [el nombre de pila de la autora] la firmo… Pobre Nelle Harper, no puede ver, no puede oír y firmaría cualquier cosa que ponga enfrente de ella una persona de su confianza. Ahora no tiene memoria del incidente… Estoy humillada, avergonzada, y disgustada sobre la sugerencia de la falta de integridad en mi oficina”. Se refiere a un documento que Harper Lee supuestamente había escrito.

Una de las primeras controversias desde la llegada de Carter fue la demanda presentada a un museo en honor a Matar un Ruiseñor. Quienes manejan el museo dicen que el merchandising de su tienda de regalos (el museo es de entrada libre) apenas genera US$ 28.000 anuales que con suerte ayudan a pagar miserablemente a unos cuantos vecinos. Mientras que la demanda argumenta que el “deseo de capitalizar” la novela llego al punto de que eligieran un ruiseñor y la cúpula del Old County Courthouse como logo del pueblo. Es cierto que los sentimientos de Harper Lee sobre el museo siempre han sido algo ambiguos, por una parte nunca estuvo a favor de que su obra llame ningún tipo de atención y por otra parte se sentía inevitablemente halagada por tal emprendimiento, al punto de que en una ocasión visitó el museo y envió una carta de agradecimiento por unas flores que estaban dedicadas a ella. De todas formas, hasta el 2011 no había expresado sus intenciones de que el museo no funcionara como tal. ¿Qué la hizo cambiar de opinión, entonces?

La respuesta de la abogada hace solo unos días fue: “[Lee] es una mujer muy fuerte, independiente y sabia, que debería estar disfrutando del descubrimiento de su perdida novela. En cambio, ella tiene que estar defendiendo su propia credibilidad y capacidad de juicio.” Mientras tanto las autoridades de HarperCollins no consideran necesario establecer contacto con Lee, ya que todas las negociaciones se realizaron a través de su abogada. El libro será publicado sin editar, tal como se lo encontró.

 

Matar a un Ruiseñor pertenece al género del Gótico Sureño, que es mitificador por naturaleza, pero esta novela sobre la integridad y la raza se desarrolla en un nivel muy humano, como si la mitificación que le era asignada por nacimiento fuera transferida a la vida de su autora, sin que ella lo permitiera.

Monroeville, Alabama, es el lugar que inspira esta novela, el punto desde que Lee consiguió universalizar los ideales de la época. Pero en los últimos años, su relación con el pueblo cambio dramáticamente. Los constantes rumores, las referencias a ella y su obra, las distintas historias y versiones de los hechos, la hicieron pensar que el pueblo ya no era el que conocía, y esa sensación no era de su agrado. Lo que condujo a una creciente interacción desdeñosa con los pueblerinos. Resultando en actitudes como dejar de firmar libros después de haberse enterado que estos eran revendidos en eBay.

Pero la fama siempre habló por ella más que sus propios deseos. Dado que la mayor parte de su vida la pasó en Nueva York, fueron pocas las ataduras que le quedaron con Monroeville. Su hermana, los recuerdos y Matar a un Ruiseñor. Mudarse otra vez a su pueblo natal significó para su biografía la segunda parte de su presunta reclusión –siempre excusable por su reluctancia a las entrevistas, en las líneas de otros emblemas del mito norteamericano del escritor recluso, J.D. Salinger, Thomas Pynchon, Cormac McCarthy, Don DeLillo. Su presencia física en ese lugar que ella hizo famoso, lejos de desmitificarla, solo incrementó el interés por su existencia.

Una de las primeras controversias de su carrera llega a través de su relación con su amigo de la infancia, Truman Capote. Esta sostiene que Capote escribió partes, sino todo, de Matar a un Ruiseñor, en un desesperado intento por explicar porque Harper Lee nunca escribió una segunda novela. Otra teoría indicaba lo contrario. Como es conocido, Lee acompañó a Capote durante su investigación para el libro A sangre fría (esta colaboración está retratada en las películas Infamous y Capote), la obra maestra de Capote que también terminó con su carrera, un libro que se resistió a ser terminado durante años, y que dio lugar a la especulación de que Harper Lee haya funcionado más que como soporte para Capote, habiendo escrito algunas partes del libro. Aunque fuentes cercanas a Capote siempre dijeron que todas las sugerencias que Lee tuvo para con el escritor fueron desechadas o ignoradas en primer lugar. Todas estas teorías son difíciles de creer tratándose del ego de Capote, un hombre que dijo que “terminar un libro es como llevar a un chico al patio trasero y dispararle”.

Harper Lee y Truman Capote fueron vecinos en el pequeño pueblo de Monroeville dentro de lo que debe ser una de las más influyentes predestinaciones de la literatura norteamericana. Ambos fueron marcados por una inmensa fama, que enfrentaron en formas exactamente opuestas, con Capote lanzándose a ella y otras adicciones como si fueran su profesión, mientras Lee hizo esfuerzos por escaparse de la vigilancia mediática.

Capote abandono el pueblo antes que Lee y se mudó a Nueva York, destino que después tomaría la autora -luego de un desinteresado intento en estudiar Leyes, como su padre, figura que inspiró al personaje de su novela-, y que tendría a su amigo Truman como el introductor de la ciudad. Capote ya tenía su carrera literaria en marcha y eso le permitió presentarle contactos a Lee, quien de esta forma consiguió a su primer editor. Después de escribir unos cuantos cuentos, a la autora se le ofreció una generosa contribución económica para que dejara su trabajo diario durante un año entero y poder dedicarse a escribir. Así daría origen a su primera y única novela. Durante la mitad de su vida permaneció en Nueva York, haciendo de su privacidad una ocupación e intentando escribir nuevas novelas que nunca llegó a terminar. Algunas de las causas podrían haber sido distracciones de esa fama que nunca quiso que fuera suya, tales como la filmación de la adaptación de la película, con la que siempre estuvo conforme, llamando al guión “la mejor adaptación de una novela que ella haya visto” y el nacimiento de una buena relación con el actor Gregory Peck, que retrató a Atticus Finch, quien después nombró Harper a su hijo. Pero todo esto llamó inevitablemente a que tuviera más amigos y conocidos de los que una escritora podía manejar si quería trabajar: “Me di cuenta de que no puedo escribir… Tengo alrededor de 300 amigos y conocidos que siguen apareciéndose para tomar una taza de café. Traté con levantarme a las 6 de la mañana, pero entonces todos los que amanecían a esa hora se congregaban.” Así nunca terminó el thriller en el que estaba trabajando. O esa otra novela al estilo de A sangre fría en la que Lee quería trabajar, acerca de los años de acusaciones que recibió un cura que presuntamente asesinó a cinco personas y que terminó muerto tras recibir un tiro por parte de una familiar de la quinta víctima. Pero Lee, después de un año de investigar, resolvió que nunca pudo encontrar la estructura para esa novela. Otras fuentes afirman que durante los ’80 fueron sus problemas con el alcohol los que se interpusieron con su producción. Aunque también era conocida por ser meticulosa para trabajar, al punto de escribir dos páginas y nunca pasar de la corrección de las mismas durante días”.

“Lleva tiempo y paciencia y esfuerzo crear una obra de arte, y pocas personas parecen dispuestas a recorrer todo el camino. Veo mucha dejadez y lo deploro. Creo que los escritores hoy se complacen muy fácilmente con su trabajo. Es triste. No hay sustituto para luchar, luchar es necesario, para hacer una oración en inglés bella como debe ser”, dijo Harper Lee en la última entrevista que dio en 1964.

A pesar de sus intentos fallidos, confeccionó una respuesta sobre porqué nunca escribió o una segunda novela, tal como contó un cercano amigo, Rev. Thomas Butts, a quien la autora le dijo mientras compartían una botella de whisky: “’¿Alguna vez te preguntaste por que no volví a escribir?’, y yo dije, ‘Bueno, yo junto a otro millón de personas, sí.’ Su respuesta fue: ‘Dos razones: una, no volvería a vivir la presión y la publicidad por la que pase con Matar a un Ruiseñor por ninguna suma de dinero. Segundo, dije todo lo que quería decir y no lo voy a hacer otra vez’”.

Este fue un principio que aprendió temprano en su carrera: “La gente que escribe por una recompensa como una forma de reconocimiento o por ganancia monetaria, no sabe lo que está haciendo. Esos están en la categoría de los que escriben; pero no son escritores”. La pregunta es que la hizo cambiar de idea, después de décadas de haber llegado a términos con la idea de no volver a publicar una novela. Porque para Harper Lee, poner un trabajo en el mundo es darle nacimiento, una acción separada del proceso de escritura, que ella decía disfrutar tanto, valiendo por sí mismo al margen de la productividad. La autora parece haber entendido, quizá a la fuerza, que solo se tiene la oportunidad de poner ciertas cosas en el mundo que sean importantes y que la tarea de escribir no es más trabajo que el de la autocensura, la eliminación del yo. Matar a un Ruiseñor fue el libro que tenía que escribir, y que luego de su publicación se escribió a sí mismo en la historia, solo después de que su autora se haya removido de él, dando lugar a especulaciones sobre los orígenes que hicieron crecer la popularidad de un libro que no iba a ser continuado por otro, ni contrastado, ni contradicho por ninguna novela hermana, un libro que se fundió en los ideales de los ’60 y con la nueva conciencia. Si Go Set a Watchman era solo un paso necesario para hacerlo, ¿por qué publicar ahora? ¿Por qué terminar con ese intervalo nunca interrumpido por la acción, ese que fue el resto de su carrera? ¿Por qué acabar con el mito de su santificación literaria después de más de 50 años?

Lo más inquietante de toda la controversia quizá sea el silencio que tenemos que esperar de una presuntamente incapacitada Harper Lee. Parece haber dos historias contándose al mismo tiempo, haciendo ruido una sobre otra, una cuenta la historia del evento literario que significa la publicación de una autora que solo vio la luz de las librerías en una ocasión y significó uno de los mayores éxitos de la literatura norteamericana, vendiendo más de 40 millones de copias a un promedio aproximado de 800 mil por año, siendo más vendida que F. Scott Fitzgerald, Salinger y otros clásicos. La otra historia cuenta la explotación de la imagen de una mujer que ya no se encuentra en sus capacidades para tomar decisiones por sí misma y menos aún para recordar su pasado, en el que supo ser constante tanto en el hecho de no escribir como sobre no hablar de eso. La única certeza que tenemos es la de cómo el silencio se ha llenado con rumores.

Por supuesto, es irónico que esta querida novela que gira alrededor de la justicia y ha servido para introducir a tantos jóvenes no solo a la lectura, sino a los valores de su sociedad, quede envuelta en litigios legales y cuestiones éticas en torno a la nueva publicación. Después de todo, quizás Matar a un Ruiseñor tenga algo nuevo que decir.

Go Set a Watchman ya es número uno en ventas en Amazon.com, a cinco meses de su lanzamiento. HarperCollins prepara una primera tirada de 2.000.000 de ejemplares.