#Oscar2015 The Imitation Game

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Borges / Turing El Jardín de los senderos que sincronizan.

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En los inicios de la década del cuarenta, dos intelectuales amantes del ajedrez y del crucigrama a un océano de distancia vivían la segunda guerra mundial construyendo y descifrando enigmas.

Año 1941, Jorge Luis Borges terminaba de esta manera su cuento “El Jardín de los senderos que se bifurcan”: El jefe ha descifrado ese enigma. Sabe que mi problema era indicar (a través del estrépito de la guerra) la ciudad que se llama Albert y que no hallé otro medio que matar a una persona de ese nombre. No sabe (nadie puede saber) mi innumerable contrición y cansancio.-

También por esos días el matemático inglés Alan Turing encontraba la forma de romper los códigos secreto de comunicación alemán (la máquina Enigma, que codificaba, entre otras cosas, los mensajes con instrucciones a los temidos submarinos alemanes) acelerando el triunfo aliado. Inventó una máquina, llamada la ‘bomba’, que permitía descifrar mensajes Enigma de forma masiva. En 1943 se develaban 84.000 mensajes alemanes al mes.

En Borges la criptoliteratura era toda una teoría del cuento como bien lo explica Ricardo Piglia. “En Borges el cuento es un relato que encierra un relato secreto. No se trata de un sentido oculto que depende de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada. ¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento”.

El enigma era todo un desafío para el lector, era aquello que ligaba lector y deseo (texto) por un lado y segundo, garantizaba su relectura para encontrar las respuestas faltantes.

Código Enigma (The imitation Game en el original) es la película que narra la vida del mencionado Alan Turing, su calvario personal y profesional para por un lado develar el código secreto alemán que permitió acortar el conflicto y por el otro poder vivir con su lado oculto por los prejuicios de la época.

Su director Morten Tyldum (Noruego con “Headhunters” como el único e interesante antecedente) reconstruye aquellos años de Turing en Bletchley Park (espacio donde trabajaban más de 8000 personas para la inteligencia británica) como un rompecabezas sutil , donde hay un personaje secundario (el detective y alter ego encarnado por Rory Kinnear) que trata de descubrir quién es ese intelectual arrogante y misterioso.

Con un physique du rôle impresionante, Benedict Cumberbatch cubre todas las necesidades del personaje, justificando su nominación como mejor actor a los Oscar 2015, correctamente acompañados por Keira Knightley, Mark Strong y Charles Dance.

Es notable cómo Turing y Borges fueron influencias, no de una forma consciente, en áreas muy distantes de la suya. Uno a la física (cuántica) y a la matemática y el otro a la literatura, principalmente a la ciencia ficción.

Yo robot

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Una de los aportes más interesantes de Alan Turing se refiere a la pregunta sobre si las máquinas pueden pensar. En su artículo de 1950 titulado “Computing machines and intelligence” propone lo que se conoce como el “Test de Turing”. Básicamente viene a decir que si una persona no sabe distinguir si se está comunicando con una máquina o con una persona, no tiene sentido atribuir capacidad de pensamiento a la persona y no a la máquina.

La literatura de Isaac Asimov y sus leyes de la robótica y de Philip Dick en ¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas?, trabajan ese conflicto de maquinas pensantes y su convivencia con el ser humano.

Blade Runner la película basada en ese texto de Dick y dirigida por Ridley Scott comenzaba con un ficticio test de “inteligencia Emocional humana” llamada de Voight-Kampff inspirada en parte por los trabajos de Alan Turing que proponía una prueba de inteligencia artificial para ver si una inteligencia no-humana puede convencer a un ser humano (respondiendo preguntas de conjunto, etc.) que era otro ser humano.

La paranoia de un mundo gobernado por las máquinas había comenzado (Terminator, Matrix, etc).

 

Borges y la ciencia

Herbert Simon, premio Nobel de Economía en 1978 por sus trabajos sobre la teoría de toma de decisiones, aceptó en su biografía la influencia de Borges y entendía que en tanto los cuentos “la biblioteca de Babel” y “el Jardín de los Senderos que se bifurcan” había “un modelo abstracto subyacente” que Borges, en una entrevista con el científico en 1960, dijo nunca haberlo tenido en cuenta.

Laberintos y leyes de la física cuántica parecen ser una probable lectura de la ficción borgeana y las leyes del actual mundo digital. La lectura de la obra de Borges en clave física y matemática desataría una ola de libros científicos dedicados a sus laberintos, paradojas y problemas y límites de la memoria Humana o almacenamiento artificial de información (cuyo titulo de un probable trabajo sería de Funes el memorioso al Big Data).

 

Inteligencia Artificial y Vida Digital

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En el año 1945 Borges imagina el hombre moderno a través de su cuento “EL Aleph”: “Lo evoco —dijo con una animación algo inexplicable— en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines… Artefactos múltiples que nos conectan al mundo y nos suministran de información en forma excesiva, sistemática y abrumadora.

¿No es este nuestro mundo?

50 años antes de la puesta en funcionamiento de la red virtual llamada Internet, Borges imagina un artefacto que pueda, como un prototipo del Google Earth, visualizar la totalidad del mundo. Piensa lo mismo con los textos literarios, asimilable a lo que hoy bajo el lenguaje de la informática llamamos Hipertexto o red infinita de vínculos (textos).

Las tribulaciones de una mente brillante

Turing junto a Von Neumann, son considerados los padres de la informática. Sus algoritmos, constantes, funciones y modelos matemáticos sentaron las bases para el lenguaje binario, para el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Como lo muestra la película, del Turing héroe oculto se pasó al Turing humillado públicamente por su condición sexual, como sucediera con Oscar Wilde, fue acusado de homosexual y pudo evitar la cárcel al someterse voluntariamente a tratamientos hormonales y a una castración química que, finalmente, le llevaron al suicidio.

Amante de las paradojas, Borges encontró en su ceguera la más cruel y sombría. El inigualable lector tenía su acta de defunción. Muchos postulan que ya su literatura no pudo acumular nuevos y geniales escritos. Estoico pasó sus últimos años paseando su brillante oratoria y ocasionalmente dictando textos casi como testamentos.

Ambos verían más allá de sus propias y condicionantes circunstancias dando sentido y anchura a la palabra futuro, como si estuvieran dotados de una intuición clara del devenir. Ambos, por causas distintas, no llegarían a ver con sus propios ojos eso que habían imaginado, eso que habían construido en base a una “mente brillante”.

Menos famoso pero no menos importante, también por esos años cuando el peronismo era otro enigma (social) para una buena parte de la intelectualidad porteña (incluido Borges) otro ajedrecista brillante develaba una Operación donde el enemigo eran las propias fuerzas de seguridad que sin participar en la contienda internacional de las que habla The Imitation Game se entrenaban, puertas adentro, persiguiendo a los militantes políticos, sindicales y sociales, produciendo otra masacre, mas provinciana, mas nuestra. Su nombre casualmente también era británico , irlandés para ser más preciso, Walsh, Rodolfo Walsh.