Mr. Mercedes, Stephen King

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Stephen King es uno de esos autores que, por ser considerado best seller, suele ser leído con algunos prejuicios. Es un lugar común pensar que ser popular o ser muy vendido no puedan ir de la mano de ciertos valores literarios. Mr. Mercedes, su última novela, no solo mantiene la atención del lector en sus casi quinientas páginas, sino que está bien escrita ?aunque la traducción en español neutro nos haga un poco de ruido en ciertas expresiones ajenas a nuestro registro?.

Si hay algo en lo que el autor norteamericano es un experto, es en la caracterización de personajes. En todas sus mejores novelas, se puede ver cómo trabaja no solo las descripciones externas, sino especialmente los aspectos psicológicos de aquellos que las protagonizan. Es que King se muestra como un preciso observador y como un gran conocedor de aquellos resortes internos que mueven nuestros comportamientos. En Mr. Mercedes nos sorprende con un asesino psicótico, Brady Hartsfield, y un policía retirado, Gustavo William Hodges, que juega con la idea del suicidio.

El libro está dividido en siete partes cuyos títulos indican el foco sobre el cual se organizan; además, la narración trabaja con dos ejes temporales: el pasado ?uno más inmediato, un año antes, cuando ocurre la masacre que origina el relato; y otro más lejano que está relacionado con la historia de algunos de los personajes? y el presente, que es la búsqueda por parte de Hodges del culpable de dicha masacre. Es así como la novela se vale de varias analepsis que sirven, por un lado, para conocer el porqué de ciertos comportamientos de los personajes y, por el otro, colaboran para la creación de una trama en la que no quedan cabos sueltos.

El 9 y 10 de abril del 2009, Hartsfield le roba a Olivia Trelawney su Mercedes gris con el cual embiste a un grupo de personas que estaban en el Centro Cívico esperando para poder acceder a un puesto de trabajo. El resultado son 8 muertos y 15 heridos. El asesino logra escapar, pero un año después le escribe una carta a Hodges desafiándolo y, en especial, buscando que la culpa por no haber resuelto el caso lo lleve al suicidio, como había hecho previamente con Olivia.

¿Quién es Brady Hartsfield? El policía retirado lo define como “una manzana que parece sana por fuera, pero cuando la abres, está ennegrecida y llena de gusanos”, y el mismo Brady dice que siente serpientes que reptan “por el fondo de su cerebro o habla de los “pájaros en su azotea”. El narrador dedica muchas páginas a describir la personalidad psicótica del asesino: goza con el sufrimiento ajeno, odia a los negros, nunca estuvo con una chica y tampoco tiene amigos. Tiene 28 años, vive con su madre ?que es alcohólica y con la que mantiene una relación incestuosa?. Posee dos trabajos en los que exterioriza una conducta ejemplar y que le permiten recorrer las calles en forma desapercibida. Sufre terribles dolores de cabeza que él llama “Pequeñas Brujas” que comienzan cuando muere su hermano y continuamente tiene sueños perturbadores.

William Hodges, por su parte, tiene 62 años, está retirado hace seis meses y pasa sus días mirando realities. En su cabeza, ronda la idea del suicidio con el revólver de su padre. Tiene una hija que ya no lo visita, producto de un matrimonio arruinado por su alcoholismo. Se siente viejo y fracasado hasta que recibe la carta de Mr. Mercedes, porque esto le da una razón para seguir vivo: atrapar al criminal. Lo primero que hace Hodges con la carta es analizarla en cuanto a su estilo: vocabulario, tipo de oraciones, repeticiones para determinar la edad y la personalidad del asesino. Este es el inicio de una investigación en la que el narrador dosifica muy bien la información que recibe el lector para que el suspenso ?algo que Stephen King tiene muy claro? vaya en aumento a medida que nos acercamos al desenlace.

Aunque los anteriores son los dos personajes centrales, los secundarios también merecen descripciones más o menos breves que los individualizan y que permiten entender el porqué de su presencia en la narración. Ninguno de ellos resulta simplemente un decorado dentro de la trama. Es como si Stephen King estuviera frente a un juego de ajedrez, en el que el movimiento de cada pieza determina el de la que está al lado. En este sentido, nada sucede porque sí, y aquí se nota la maestría de un autor acostumbrado a crear argumentos sólidos.

Hay varios recursos que colaboran para generar suspenso. Uno de estos es la focalización variable: acompañamos la mirada de varios personajes en el mismo momento, lo que provoca que el lector tenga más información que cada uno de los protagonistas; sin embargo, en otros capítulos, sabemos lo mismo que los personajes, o se nos adelanta algo de lo que vendrá. Otra técnica es la de aumentar la cantidad de diálogos que dan un ritmo vertiginoso a la narración o, por el contrario, introducir descripciones que retardan la acción en momentos en que se está por develar algo importante.

No faltan, además, ciertos guiños al lector relacionados con alusiones intertextuales: Brady vive en Elm Street, la calle de las pesadillas de Freddy Krueger, el clásico de Wes Craven; se menciona a Pennywise, el payaso de la película, que no es más que el personaje tan temible de otra novela de King: It; la relación de Brady con su madre tiene mucho de Psicosis en la versión de Hitchcock –sobre la novela de Robert Bloch–, y es inevitable no pensar en la caracterización de Anthony Perkins. Otras referencias son más directas como la mención del misterio del cuarto cerrado, que remite a Edgar Allan Poe; o la de Philip Marlowe, el detective de Raymond Chandler. Todas estas alusiones relacionadas con el terror colaboran para crear una atmósfera siniestra alrededor del crimen y del asesino, y para acentuar las características de thriller que tiene Mr. Mercedes: suspenso, vértigo, incertidumbre, algo de terror y violencia.

Una novela imperdible para los fanáticos del autor norteamericano y una buena oportunidad para conocerlo si todavía no leyeron nada de él.

Ficha técnica

Mr. Mercedes, Stephen King, P&J, 2014, 496 págs.