Mi tonto ansioso equivocado yo, Joaquín Sánchez Mariño

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Joaquín y su padre se encuentran para tener su almuerzo semanal en un restaurante de Pilar, y este presente nos remite a un pasado que se actualiza a través de los recuerdos: “Recordar no es más que vivir lo mismo sin el disfrute de la experiencia. Recordar es un ejercicio insano al que soy adicto porque, quién sabe, acaso recordarlo todo sea ?en su imposibilidad? la única manera de sacárselo de encima, de ya no tener más nada que recordar”.

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Mi tonto ansioso equivocado yo es una novela que se construye sobre la base de la temporalidad. Para intentar justificar, de alguna manera, la sensación de fracaso del presente, Joaquín reflexiona sobre su propio pasado y el de su padre contando su historia en primera persona; esta, a su vez, se completa alternativamente con el relato de un narrador omnisciente que, no por casualidad, lo llama “el chico”, porque remite al momento cuando se tejen los hilos de la vida del adulto. Esta alternancia entre una primera y una tercera persona que se vale de la metalepsis (con un “nosotros” que lo incluye y que estaría mostrando, en última instancia, que no es más que otra forma que tiene el personaje de narrarse desde otro lugar) termina de armar para el lector el rompecabezas final conformado por cada pieza del recuerdo. Y como a los fantasmas “se los mata contándoles su historia”, es eso lo que va a hacer todo el tiempo el protagonista asumiendo su pasado desde diferentes puntos de vista.

Entonces, el contar, el escribir eso tan significativo que vuelve a través del recuerdo, se transforma en algo muy importante en el libro. Entre sus obsesiones, Joaquín tiene la de escribir una novela “en la que un personaje, después de una vaga lista de recuerdos se pregunta constantemente qué es estar solo y ni siquiera sabe que lo está”. Con algo del Borges de su cuento “El otro”, el adulto enfrenta al chico, aunque a diferencia del cuento, es este último el que tiene mucho para decirle al primero: de ahí que escribir sea necesariamente recordar. Sin embargo, la evocación de la infancia o de la adolescencia es simplemente eso. La referencia directa al poema “Límites”, también de Borges, nos remite a todo lo que jamás volveremos a vivir o a disfrutar. Joaquín podría hacer suyos estos versos: Creo en el alba oír un atareado / rumor de multitudes que se alejan; / son lo que me ha querido y olvidado; / espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

Siguiendo con el lugar central que tiene la escritura en Mi tonto ansioso equivocado yo, el protagonista se define como un periodista que trata de ser escritor; escribe cartas o mails con un estilo literario, o entradas en su Muro al que evita llamar Facebook porque siente que es “un bastardeo total a su amor por la literatura”; imagina historias como la del capitán que navega solo ?la soledad es uno de los temas del libro? o reescribe las que otros ya crearon como la de Ulises y Penélope.

Los recuerdos recorren la infancia y la adolescencia, y se transforman en hitos fundamentales para que Joaquín pueda producir algún cambio en su vida y realmente se haga adulto: el frasco de perfume que sin querer le rompió a su mamá, aunque nunca pudo confesárselo; el viaje a Europa que, más que un crecimiento, fue el producto de la situación de privilegio en la que vivía; la muerte del Tata, y el nacimiento de su tercer hermano, hijo de la segunda pareja de su padre.

En este pensar y repensar el pasado, se destacan tres hechos fundamentales: la participación de su papá en la guerra de Malvinas, la separación de sus padres y su relación con Clara ?la que él querría que fuera su propia Maga?, de la que sigue profundamente enamorado. Son estos momentos en la novela los que desembocan en reflexiones profundas sobre el amor y el desamor, la soledad, las relaciones padre/hijo, la infancia y el dolor de crecer; y se relacionan, además, con las epifanías que vive el personaje.

Una epifanía, entendida a la manera de James Joyce, es la manifestación de algo espiritual que trasciende lo percibido, pero que solo se descubre a través de los sentidos: las epifanías se encarnan, a menudo en los momentos más ordinarios, insignificantes y fugaces. Precisamente, Joaquín nos dice que a él siempre se le dan después de una acción doméstica: una masturbación le muestra cuál es la realidad sobre su relación con Clara; la separación de sus padres lo lleva a asumir que “el mundo se divide entre los que abandonan y los que son abandonados”, aunque ninguno de sus padres es solo víctima o victimario, y que él no tiene por qué repetir su destino; y finalmente, un simple encuentro con una cajera china deriva también en una epifanía cuando descubre que haga lo que haga, el mundo sigue adelante y “el tiempo se demora un montón” para él que solo vive para recordar.

Con relación a lo anterior, la división de la novela en tres partes nos enfrenta a un triple descubrimiento que tiene que ver con la relación de Joaquín con su padre, con Clara y consigo mismo, aunque en el fondo son tres caras de la misma realidad: el presente, el pasado y el futuro condensados en ciertos hechos significativos. En ese almuerzo en Pilar, el hijo descubre que el padre es un tipo feliz, “un tipo que encontró la manera de que ese pasado (…) le sirva no de ancla sino de turbina: un enorme motor que lo empuja hacia adelante”. En ese descubrir a un padre que supo cómo sobrevivir a esa tristeza que lo acerca a su hijo y, más que nada, en ese reconocer que “matar al padre” es asumir también la propia individualidad, el personaje puede entonces avanzar y resolver algunas cuestiones de su vida, como su relación con Clara, una relación íntima “a pesar de no existir en el campo real del otro”.

Excelente novela la de Joaquín Sánchez Mariño, para disfrutar cada página, aunque nos quede, al final, cierta nostalgia, cierto sabor a algo que, como el protagonista, nunca terminaremos de resolver: “… ¿cómo sabemos cuál es una prueba y cuál uno de esos caprichos? Porque podemos entender por prueba un capricho y estamos perdidos, no lo superamos nunca. Y si vemos capricho donde hay prueba, nos pasamos la vida fracasando, porque ni lo intentamos. No hay modo de encontrarle la vuelta, ¿entendés viejo? Entonces no tiene sentido que me digas que no sufra por una mina con la que apenas estuve un tiempo porque no voy a poder saber nunca si fue una pérdida más,un capricho menor de la vida, o si esa era la gran guerra que tenía que ganar. ¿Se entiende?”.

Ficha técnica

Mi tonto ansioso equivocado yo, Joaquín Sánchez Mariño, Letras del Sur, 2014, 148 págs.

Joaquín Sánchez Mariño es licenciado en Comunicación social, trabaja en la revista Gente y escribe en Adn de La Nación. Es autor de La novela de algún otro (2012) y es uno de los fundadores del sitio El mar de al lado, proyecto audiovisual dedicado a la difusión de poesía.