El día que Nietzsche lloró, Irvin D. Yalom

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El día que Nietzsche lloró es la historia de dos hombres que se liberan mutuamente de sus propias cadenas y renacen de sus cenizas, como se adelanta en los dos epígrafes del libro; es también un relato acerca de la amistad, de la búsqueda de la verdad, y de las diferentes posibilidades que ofrece el amor y sus sustitutos. Si bien está basada en hechos reales, lo más importante es el principio de construcción que rige la novela, es decir, qué hace el autor con ese material que ya está dado, pero que debe ficcionalizar.

Friedrich Nietzsche, Josef Breuer, Lou Salomé, Sigmund Freud, Bertha Pappenheim, sumados a otros filósofos, científicos, músicos o pensadores de la época configuran el universo “real” del que parte Yalom. Como psiquiatra, además, este recurrió a su propia enciclopedia y armó una trama atrapante que termina involucrando al lector quien, quizás, hasta pueda exorcizar sus propios fantasmas.

Breuer es un médico al que acude Salomé para que ayude a su amigo Nietzsche con tendencias suicidas. Lo que hace que un argumento tan simple adquiera categoría literaria es, sin dudas, el trabajo que realiza el autor con los personajes: la hondura psicológica y la individualidad que adquiere cada uno, y el crecimiento interior que se produce en los dos principales, el médico y su paciente el filósofo. Y es que una buena novela requiere personajes “redondos”, esos que presentan más de una faceta y que, como cualquiera de nosotros, realizan un camino con éxitos y fracasos.

Yalom imagina una relación de doctor/paciente entre Breuer y Nietzsche que se transforma en una terapia poco convencional, no solo porque se invierten los roles –el doctor se transforma en paciente–, sino porque la cura no operará sobre el cuerpo, sino sobre el espíritu, el alma, la mente o como queramos llamarlo. La novela se sitúa a fines de 1882, y recién doce años después vendrá la revolución psicoanalítica de Freud. Sin embargo, lo que ocurre entre Breuer y Nietzsche tiene mucho de psicoanálisis: es un “deshollinar” eso que uno tiene oculto en su interior, es la “integración del inconsciente” de la que habla Freud personaje o es buscar –en palabras del filósofo– el significado de nuestras obsesiones. Y para desentrañar nuestras obsesiones qué mejor que los sueños que “se toman tanto trabajo en disfrazar la verdad”.

Los sueños, entonces, nos muestran la raíz de los males que aquejan tanto a Nietzsche como a Breuer, pero además se relacionan con los diferentes puntos de vista que ofrece la novela. Si bien hay un narrador omnisciente, sabemos de los personajes a partir de los diálogos, de las numerosas cartas que se transcriben –por ejemplo las de Nietzsche a Salomé o las de Elisabeth a su hermano–, o de las notas de Breuer y el filósofo durante el tratamiento.

Retomando el tema del contexto sociocultural dentro del cual se inscribe la novela, no solo tenemos el año exacto, sino que se nos presenta la cultura, el arte y el estado de la medicina en la época, el avance del antisemitismo y, lo más interesante, la filosofía de Nietzsche desde las citas de sus propias obras, Humano, demasiado humano; Consideraciones intempestivas, Aurora y El gay saber, junto con los adelantos de lo que será su gran obra posterior, Así habló Zaratustra. En este sentido, hay que destacar los fragmentos elegidos en cuanto a su significado y a su profundidad.

Con la excelente traducción de Rolando Costa Picazzo, El día que Nietzsche lloró, es una novela que conmueve y que hace pensar porque, en esencia, trata esos temas que a todos nos preocupan: la soledad, la muerte, el tiempo y el envejecimiento.

Ficha técnica

El día que Nietzsche lloró, Irvin D. Shalom, Booklet, 2014 (1ª edición 1992), 448 págs.

Irvin D. Yalom es psiquiatra y escritor. Escribió varios libros de psicoterapia y de literatura. Entre los últimos, se encuentran Desde el diván (1997), Un año con Shopenhauer (2003) y El enigma Spinoza (2012), entre otros.