El Vals de los Inútiles

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Hay que celebrar la llegada de la ópera prima de Edison Cájas a Buenos Aires. Muy exitoso documental sobre un tema todavia candente en Chile: la desprivatizacion de la educacion y la lucha de organizaciones de estudiantes de todo el pais para lograr que en el 2014 la ley se esté discutiendo en el Congreso del país vecino.

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Edison Cajas es licenciado en Filosofía y cineasta de la Universidad de Chile. Se especializó en Dirección en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. Este es su primer largometraje.

El vals de los inútiles es contundente, excede el registro documental de los sucesos de rebelión ciudadana ante la decisión del gobierno de Piñera de privatizar la educación. Se origina en el acopio de material documental que empieza a rodarse en paralelo a las acciones de insurrección estudiantil del 2011, cuando el entonces presidente Sebastián Piñera expresara su voluntad de privatizar la educación chilena.

Pero no es un film documental tradicional, ya que presenta la vida de dos personajes ficcionalizados, o casi, Darìo, un estudiante secundario del prestigioso Instituto Nacional y Miguel, un hombre que vivió la dictadura preso y hoy es una persona que ha desarrollado una carrera exitosa y reflexiona sobre el pasado. Ambos modificarán su manera de estar en el mundo a raíz de participar de esta experiencia de la protesta, en particular en relación a un hecho que se conoció como las 1800 horas, cuando se decidió correr alrededor del Palacio de la Moneda ininterrumpidamente las 24 horas hasta completar 1800, en apoyo a la educación gratuita.

Lo interesante es que estos dos personajes son mostrados en su vida rutinaria, en sus cavilaciones, en sus decisiones, a la manera objetivista, desde sus acciones y sus palabras, pero no con una enunciación épica o un tono grandilocuente, si no desde la duda, el camino interior, el reconocimiento de miedo, la apropiaciòn de una historia personal y de una historia social desde el pequeño gesto.

Junto con este lugar tan interesante, de recorrido, de proceso que despliegan ambos personajes, está la sensación, también muy histórica, que nos deja la película, de que la herida chilena provocada por la dictadura de Pinochet es profunda, y esta movilización ciudadana pareciera venir a confrontarla, a ponerla en foco y a discutirla, en relación al miedo, a la represión, a la violencia del sistema, y a la posibilidad de tomar las calles en legítima defensa de ideas y decisiones comunitarias. Darío y Miguel son las dos puntas generacionales que están activas en la sociedad chilena, y la película quizás permita desprender hipótesis sobre su punto de encuentro, su continuidad, sus posibles diálogos.