La Fiesta de la Insignificancia, de Milan Kundera

0
8

La Fiesta de la Insignificancia: Una apuesta a relevar el humor

A los 85 años, el autor de La insoportable levedad del ser, llevaba 14 años sin escribir desde su última novela La ignorancia. Esta fue una de la razones de que este fuese un libro muy esperado, tanto por los lectores de Kundera, como por el escritor mismo. Posiblemente, porque oficia de síntesis de su obra, y al tiempo representa su concreción de un sueño estético.

La primera parte da lugar a la presentación  de sus personajes: Alain, Ramón, D´Ardelo, Charles y Calibán. Todos hombres… No obstante, la reflexión que genera su inicio es un planteo humorístico, sobre ese hoyito redondo que llamamos ombligo, una moda que porta la mujer en las últimas décadas. Desde allí, Alain intenta describir y definir la particularidad de semejante orientación erótica, y lo hace comparándola con otros centros de seducción femenina, como los muslos, los pechos o las nalgas. Este divague inicial apunta a definir el erotismo del hombre en la contemporaneidad, quien ve la seducción femenina en el ombligo. En definitiva es cierto, que abordado desde diferentes perspectivas, sus novelas giran siempre alrededor del erotismo, del amor, y sobre los diversos  modos de encontrarse.

Ramón por su parte deambula por los Jardines de Luxemburgo intentando visitar una y otra vez una muestra de Chagall, en la que las colas son cada vez mayores. Charles y Calibán  ofician de camareros, y mientras trabajan se divierten hablando en francés y en un supuesto paquistaní, D´Ardelo, miente respecto a la posibilidad de tener un cáncer  para intentar agradar a Ramón.

Y al mismo tiempo nos habla de la inutilidad de ser brillante, de la importancia de pasar desapercibido a la hora de seducir a una mujer, a la vez que nos cuenta anécdotas sobre Stalin, y las incongruencias que rodean al poder. Y para esto recurre a contar historias entre cómicas y paródicas sobre los rebautizamientos del nombre de las ciudades propias de los totalitarismos. Allí Kundera cuenta la historia de Kalinin, un hombre de Stalin que no podía contener la orina, y esto deleitaba con crueldad al dictador. Por lo que explayaba en sus discursos solo para ver sufrir al pobre Kalinin, origen Kaliningrado. Nombre que rebautiza a Köenigsberg (“la montaña del rey”), célebre también por ser la cuna de Kant. Así Kundera da cuenta del eje del texto, que es el triste triunfo de la insignificancia sobre la grandeza, algo, que por otra parte anunciaba en sus anteriores novelas.

En la frontera entre el ensayo y la novela, el trabajo literario de Milan Kundera ha mantenido siempre una relación muy cercana entre el sujeto textual y el sujeto social desde donde describe con humor e ironía al caos y al absurdo de una sociedad,  que ha adherido siempre sin ninguna racionalidad a todos los totalitarismos.  Y ese humor, que es la metáfora de la insignificancia es, -por otra parte-, lo único que parece otorgarle sentido a la vida. No obstante La Fiesta de la Insignificancia, no se encuentra a la altura de sus anteriores novelas, ya que con la estrategia de la parodia, y la revalorización del humor como parte de la existencia humana…no alcanza. Al margen de que otra vez re- afirma la necesidad de mostrar el mundo desde la mirada masculina.