Max Hoeffner pinta el blues

0
37

El hecho de que su padre-el escribano Guillermo Hoeffner se convirtiera – desde fines de los años 40′- en el primer coleccionista serio de blues en la Argentina y que su hijo, desde muy chico, heredara esa misma pasión por la música, fue factor determinante para la obra de Max Hoeffner.

Desde sus primeras muestras hasta las últimas, su vocación por la música marcaria una carrera artística en la que el Blues y sus músicos, ese entorno y su particular atmósfera, serian el objeto de las pinturas que lo consagrarían como artista autodidacta de características singulares. Melómano y artista plástico, Max ha sabido como pocos, unir sus dos verdaderas pasiones en una obra que retrata la cara del blues con gran sensibilidad y capacidad expresiva.

De niño, Max empezó copiando las tapas de los discos de su padre. Suele recordar
cuando le regalaron por primera vez una caja de óleos y pintaba la tapa de un vinilo de Blind Gary Davis, por ejemplo. Ahí empezó a pintar el blues. Para el como dice, “eso era más artístico que cualquier otra cosa que yo pudiera hacer”.

Con el correr de los años, su afición por la pintura se fue profundizando a la par de su conocimiento y amor por la música. Finalmente un buen día se decidió a transitar el camino del arte y emprendió un viaje que lo ha llevado a plasmar los ritmos, temáticas y personajes que tanto lo han inspirado a lo largo de su vida y lo que no es poca cosa, a ganarse el respeto de la crítica y el merecido reconocimiento de sus pares.

En el 2001, el artista se mudó al delta del Paraná. Coincidentemente, su obra se vuelve tridimensional, incorporando a las grandes superficies planas de madera que el mismo construía, cartones, metales, estopa y otros elementos de descarte que juntaba para la realización de trabajos pictóricos de gran impacto visual. Casi de manera inconsciente, el artista supo trasladarnos a los paisajes del Mississippi y los pantanos de Louisiana que nunca conoció sino a través de la música.

El blues se origina en las comunidades afroamericanas de los Estados Unidos y evoluciona a partir de las denominadas “spirituals” o canciones de oración interpretadas por trabajadores negros pobres. Si bien los motivos sociales y económicos de su inicio no se conocen en su totalidad, el género musical ciertamente se asocia con la emancipación de los esclavos y la transición de la esclavitud a la nueva condición de libertad.

Fue a fines de los años 20 que en la pantalla argentina aparece el rostro pintado de negro de Al Jolson que emulaba la música de los negros del sur de la unión. Si bien por aquel entonces, nadie conocía de las series raciales de Blues, Jazz y Góspel que se editaban en EEUU, Guillermo Hoeffner ya empezaba a tomarle el gusto al particular estilo musical sin saber que poco tiempo después, se convertiría en el primer coleccionista de blues del país.

Max Hoeffner no solo es el imaginero del Mississippi sino que lleva la música negra en el alma. Esa importante colección de discos que empezara su padre ha permanecido en su poder hasta el día de la fecha, con más de 3000 LPs, 300 de ellos verdaderas joyas para muchos coleccionistas del mundo entero; muchos CDs de nuevas reediciones y cintas de valor histórico que aún conserva y cuida celosamente.

Su obra pictórica ya forma parte de colecciones privadas y de museos de Argentina, Holanda, Inglaterra, España, y Estados Unidos, entre otros países.