Whiplash: El eterno retorno del sargento gruñón

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Fórmula de muchas películas de Hollywood desde los años 30 del siglo pasado hasta la actualidad: un joven que quiere cumplir un sueño. Es muy talentoso. Pero choca con un maestro o superior que aparentemente vive para impedirlo. Aunque no, atención, lo que quiere es sacar lo mejor de ese joven que sufre y se desangra por la fe que lo empecina. El maestro, que muchas veces es un sargento del ejército, es un actor poco conocido por la audiencia. Hasta ese momento, en que las salas de cine comienzan a odiarlo durante 89 o 119 minutos. Porque en el último instante, en el último minuto restante ese ser molesto, arbitrario pasa a ocupar un lugar en el corazón de las audiencias. Y de la crítica. Y algún premio ocupa un lugar en las vitrinas del actor, en este caso, J.K. Simmons, que ya ganó un Globo de Oro por esta cinta.

El Jazz siempre está. Forma parte del ADN estadounidense, y por supuesto, del mundo donde una vez, hace mucho reinó. Ya pasó esa etapa, pero quedó subyacente ese swing que nos hace mover el pie al compás de por ejemplo, Caravana (autor: Juan Tizol).

El mundo del espectáculo en todas sus formas es caro al alma de los Estados Unidos. Teatro, Rodeo, Danza, stand up. Hagan un repaso de la cantidad de historias que han girado en torno a esto. Aquí tenemos a un baterista encarnado por Miles Teller, que se parece un poco a Sean Penn y otro poco a Lionel Messi, y está dispuesto a dejar la vida por su sueño de integrar una big band de estudio. Todo por un sueño, era el título de otra película. Todo, hasta su sangre fotografiada con estética instagram en delicados planos y fueras de foco. El joven director Damien Chazelle capta el unidimensional mundo del protagonista (la música será lo único para él). Es esta de esas películas que se pasan en el BAFICI o Mar del Plata en horarios tardíos, pero desde su presentación en el Sundance, pasando por Cannes y otros, se convirtió en un suceso mundial, cobijado por Sony Pictures. El tema de la aceptación sigue siendo una constante eterna en el cine de Hollywood.

Vean sino el minuto 106 de esta historia, que se sigue con buen ritmo, como cualquier tema de Duke Ellington, ya metido en el inconsciente colectivo del mundo. Como este tipo de películas de Hollywood.