La familia Bélier

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Impacta en lo emocional una película con promisoria actriz debutante

Muy cerca de la Opéra Garnier, sobre el 28 del Boulevard des Capucines, se encuentra el teatro Olympia que fuera fundado hace más de un siglo por el creador del famoso Moulin Rouge. Se trata del más antiguo music-hall de Paris y no hay prácticamente ningún músico o banda importante que no haya pasado por l’Olympia. Frank Sinatra, Judy Garland, Bill Haley, Los Beatles, los Rolling Stones, pero también Edith Piaf, Georges Brassens, Yves Montand, Gilbert Bécaud y Georges Moustaki se presentaron alguna vez por allí.

Pero también lo hicieron y siguen haciéndolo numerosos cantantes franceses y entre ellos uno que tiene el record de presentaciones – 113 en el año 1995. Michel Sardou nació en 1947 y adquirió gran popularidad en la década del ’70 y su música, más bien popular, es uno de los grandes atractivos de una película que es record de recaudación en Francia en la actualidad.

La familia Bélier” de Eric Lartigau (“Mi novia Emma”) es un típico film ambientado en un pequeño pueblo provincial del departamento de Mayenne (Pays de la Loire). El singular núcleo familiar está integrado por una pareja y un hijo, todos ellos sordos, y Paula, la hija mayor de dieciséis años, que es la única que no lo es. Viven de la venta de productos lácteos (quesos básicamente) que ellos mismos producen y tienen un razonable pasar económico. Hasta que un día un joven profesor de música, nada convencional, descubre ciertas dotes de canto en la joven adolescente (Louane Emera).

El conflicto se desata cuando el músico, ignorando que ella es obviamente el mayor sostén de tan particular familia, trata de convencerla para que se traslade a Paris para aplicar a una beca de canto. A esta cuestión central se agregan otros elementos entre los cuales se destaca el deseo del padre de presentarse a las próximas elecciones para intendente. Francois Damiens (“La delicadeza”) convence al interpretar a un hombre algo tosco y en menor medida lo hace la más conocida Karin Viard, en el rol de esposa histriónica y algo sobreactuada.

Eric Elmosnino es el profesor de música cuyo papel consagratorio fue al personificar en el cine “Gainsbourg”, con quien tiene notable parecido y visto recientemente en “Verano del 79 – Le Skylab”, de Julie Delpy, donde también actuaba Karin Viard.

Pero la mayor revelación es Louane Emera quien aquí debuta en el cine pero que ya tiene pese a su corta edad (18 años en la actualidad) una importante carrera musical. Hay cierta simetría entre el personaje de Paula y su consagración en el canto en un famoso certamen de televisión francés (“The Voice” en TF1) en 2013.

Luca Gelberg, en el rol del hermano menor, es el único verdaderamente sordo pero el resto de los actores tuvieron un largo trabajo de aprendizaje del lenguaje de señas.

Esta película será del agrado de cierto tipo de público que privilegie lo emocional y que seguramente no sienta igual atracción por el cine actual de Godard o de Lisandro Alonso, por ejemplo. También gustará a quien domine el idioma francés y que comprenderá que ciertas frases son difíciles de traducir. Así cuando por ejemplo Paula deletrea su apellido dirá “B” como “Bélier” (“Carnero” en francés), pero los subtítulos “traicionarán” la traducción y dirán como “B” de “Bueno”.

Algo similar podrá afirmarse de la poderosa banda sonora que incluye las más famosas canciones de Sardou como “Je vole”, “Je vais t’aimer” y sobre todo “La maladie d’amour”. Sin duda una música menor cuando se la compara con otros grandes “chansonniers” franceses como Jacques Brel, Jean Ferrat, Leó Ferret e incluso Maxime Le Forestier que este cronista tuvo ocasión de ver, escuchar y disfrutar en mayo de 2014…en l’Olympia!