Palacio Salvo: la silueta que nos identifica, en el CdF

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El Palacio Salvo constituye un símbolo y emblema de la ciudad de Montevideo. Producto de un Uruguay pujante, comenzó a construirse en el año 1923 y se inauguró en octubre de 1928.

Sus hacedores eran inmigrantes italianos nacidos en la región de la Liguria. Llegados a nuestras costas en la década de 1860, pasaron de ser vendedores ambulantes a tener su propia tienda y finalmente a convertirse en muy importantes empresarios en la rama textil.

A partir de esas condiciones, los hermanos Ángel, Lorenzo y José Salvo se plantearon, en 1919, levantar el primer rascacielos de Uruguay, un gran hotel frente a la Plaza Independencia, en cierto sentido como agradecimiento a la ciudad que los había recibido cuando eran muy pobres.
En el predio elegido estaba instalado desde principios de siglo XX el café y confitería La Giralda –donde se había estrenado en 1917 el célebre tango “La Cumparsita”, compuesto por Gerardo Matos Rodríguez–, que fue demolido para levantar el nuevo edificio.

Se llamó a un concurso internacional de proyectos, al que se presentaron diecisiete arquitectos de distintas partes del mundo. Entre ellos se encontraba Mario Palanti –nacido en Milán–, quien contaba entre sus obras realizadas la del Palacio Barolo, edificio de gran similitud con el Salvo, ubicado en la Avenida de Mayo, en Buenos Aires. Considerando ese antecedente, Palanti finalmente fue el elegido, meses después de haber sido declarado desierto el concurso.

Su estética ecléctica e historicista lo llevó a mezclar varios estilos arquitectónicos. Lejos de la pureza en las líneas y el acento en la función que
defendía la “arquitectura moderna”, liderada entre otros por Le Corbusier, su ornamentación sobrecargada y formas caprichosas lo tornaron un edificio único, que sin embargo contó con una técnica de construcción vanguardista: el hormigón armado.

En una superficie de casi 1.800 metros cuadrados, cuenta con dos sótanos, planta baja, diez pisos que conforman la base, con más de cuarenta apartamentos por nivel, y quince pisos en los que se despliega la torre, coronada originalmente por un faro, que funcionó por poco tiempo.

La silueta del Palacio Salvo, vista desde los lugares más disímiles, resultó definitivamente incorporada al perfil de la ciudad. Antes de ser inaugurado, los poetas Alfredo Mario Ferreiro y Juvenal Ortiz Saralegui publicaban versos en su honor, la empresa Philips utilizaba su imagen en afiches publicitarios, mostrando la torre especialmente iluminada para el recibimiento de los campeones olímpicos de Ámsterdam. Su figura particular, plena de superficies curvas, balcones y vericuetos, se convirtió paulatinamente en objeto de innumerables fotografías y miradas. Se volvió cine y materia de expresión de diversas artes. También es escenario y motor de historias y leyendas, muchas de ellas recogidas y documentadas en el libro Historias del Palacio Salvo*.

De todo ello trata esta muestra: de la tradición, vigencia y actualidad del edificio. Como patrimonio cultural, histórico y arquitectónico, como ícono de la ciudad, como testigo y principal protagonista de antiguas y recientes leyendas. Disparador incansable de nuevos sentidos.

Texto de Daniel Elissalde

* GARCÍA, Mariela; ELISSALDE, Daniel, Historias del Palacio Salvo, Montevideo, 2013

Del 8 al 27 de enero de 2015
Plaza Muñoz (Trouville), Montevideo.

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