Actuar como loco, de Alan Robinson

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Actuar como loco. Experiencias del teatro y la locura, Robinson, Alan, Bs. As. Editorial los Hermanos, 2014.

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Actuar como loco parte del saber más genuino: el del experto, el del que “habla” porque “la vivió”. Cada palabra nace de las tripas de la experiencia. Visceral.

¿Es el diario íntimo de un “loco”? ¿Es una teoría de la locura? ¿Es un ensayo sobre la relación arte ?más precisamente, teatro? y locura? ¿Es un libro de denuncia? ¿Es un libro homenaje? Es todo eso y, probablemente más, porque, tal y como dice Alan Robinson, “dependerá de cada lector. Vos vas a llevar esta lectura a juicios, pensamientos, opiniones, recuerdos, que yo no puedo ni siquiera imaginar”. Pero lo que es indiscutible es que es un libro “libre”, porque el trastorno bipolar que los psiquiatras diagnosticaron a su autor, lo “han liberado de ser razonable, inteligente y funcional al conocimiento y la cultura”.

Por eso yo lo creo un “libro hoz”. Corta las ramas que las instituciones instalaron en el sentido común, y que la alienación de la vida cotidiana reproduce sin percibir la podredumbre de sus efectos. Entonces cuestiona los tratamientos psiquiátricos y el consecuente trato que la sociedad tiene con los “locos”, reflexiona sobre la posibilidad del “derecho al delirio” y el “derecho al suicidio”, desacraliza el discurso académico y el discurso científico ?el primero, por ser elitista, y el segundo, por ser especulativo?, relaciona el teatro con la locura en tanto y en cuanto en ambos existe una forma “poética” en la que la persona “se desdobla”, distingue la relación profesor-alumno de la de maestro-aprendiz para rescatar la última.

Alan Robinson nos deja bien claro la posición desde la que habla. De eso se ocupa en la introducción. Allí cuenta su crisis y su estadía por distintos manicomios. Son estas experiencias las que le dieron la posibilidad de discernir entre “ser”, “estar” y “volverse loco”, para pensar la locura como “un estado que agudiza y desarrolla lo que se conoce como intuición, al punto de generar una interpretación alternativa de lo real”. Esta concepción de locura le permite hacer una vinculación con el teatro ?capítulo 1? y con el actor ?capítulo 2?, sentar posición sobre el “arte del actor” en diálogo con teóricos como Stanislavski y Artaud ?capítulo 3?, y hacer analogías con el mito de Orfeo ?capítulo 4.

En el capítulo 5 analiza “el arte del Performance” como puente necesario para el modelo de actor que postula, y hace una comparación de la ceremonia Temazcal con la obra de teatro.

No es casual que después de estos capítulos, cuyo contenido es, en algún punto, más “teórico”, relate a continuación sus propias “experiencias pedagógicas” acerca de su esfuerzo por ponerlos en práctica. Porque Alan habla desde la experiencia. Y su relato deviene en denuncia cuando describe en el capítulo 6 situaciones de violencia en los manicomios e institutos de detención de menores donde trabajó como docente.

Por supuesto que no se olvida de homenajear a sus maestros Marisa Wagner y Vicente Zito Lema ?capítulos 7 y 8, respectivamente? compartiendo sus textos y enseñanzas.

El libro “libre” se cierra con una imagen en cuyo centro, la palabra “libertad” difumina líneas que parecen barrotes. Pero antes de ese símbolo, el último capítulo está conformado por una obra de teatro. Porque, en definitiva, ¿qué más liberador que “un espacio [artístico] donde todo sucede a partir de hacer las cosas de mentira”?