Fósforos gemelos, Luis Duarte

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Un texto dialoga consigo mismo y con otros textos. Desde los epígrafes, Fósforos gemelos de Luis Duarte nos presenta un mundo de personajes existencialistas que, arrojados al mundo, se tienen que hacer cargo de lo que les toca.

Fernando Pessoa, René Crevel, Ciorán, Jorge Luis Borges y Salvador Dalí abren este volumen de cuentos, cuyos temas son la soledad, la incomprensión, la mirada descalificadora del otro, los sueños incumplidos y la muerte, junto con otros que se desprenden de estos mismos, pero siempre con un humor puesto estratégicamente para quitarle dramatismo hasta a las situaciones más densas.

La pérdida de un hijo en un accidente improbable (“Doce Almendras”), la crueldad (“La clave de la inocencia”), la venganza (“El cuco”), la marginalidad (“Mate cocido”) terminan arrancando una sonrisa al lector, producto del alivio que sentimos cuando nos damos cuenta de que nada va a terminar tan mal como parecía.

Relacionado también con el humor, “Jaque mate” trabaja la parodia del discurso religioso: un hombre muere y se enfrenta a un viejo de barba color talco que “tiene un hámster blanco parado sobre un hombro, y una cicatriz le recorre la frente como un cierre”. Con él deberá decidir el futuro de su alma jugando a las cartas ?al culo sucio? y al ajedrez.

En cuanto a recursos, Fósforos gemelos aprovecha el registro coloquial para definir a ciertos personajes a partir de su lenguaje y, además, para generar situaciones cómicas que, en otro contexto serían agobiantes: en “El bicho de la Paternal”, Rolo es golpeado por su mujer –su “elefantito marino”? y termina durmiendo en su auto y negociando con el dueño de un supermercado chino para que le de algunos fideos para pasar la noche: “Lo que pasa, Kachi Chien, es que a ustedes les jode que alguien descanse la mente […] ¿O me equivoco, Feng Shui?”; en “El viaje”, Benito va a parar a un tren copado por una banda, cuyos miembros se conocieron en la cárcel de Sierra Chica, y todos terminan en comunión bajo los efectos de lo que fuman para sacar “la mierda de adentro”.

Otro recurso que aparece en algunos cuentos es el de la intertextualidad que no solo se da en los epígrafes del comienzo, sino también en alusiones más o menos veladas a otros autores. “La once” nos recuerda a “Carta a una señorita en París” por la presencia de ese número como factor desestabilizante y perturbador, mientras que en “La sortija de Roberto”, el fantasma de Arlt se hace presente y en su discurso introduce personajes, nombres y situaciones de sus novelas: “Este no es un peluche. Se llama Recabarren: es mi juguete rabioso” o “Antes escribía. Ahora lanzo llamas sobre algunas mentes curiosas”. La intertextualidad se manifiesta, asimismo, en la reelaboración de un motivo de larga tradición literaria: el del doble, en el cuento que lleva precisamente este título, y en el que Duarte aprovecha el motivo como vehículo de uno de sus temas recurrentes: el de las relaciones hombre mujer.

La rutina, el hartazgo por la convivencia, la violencia, la humillación hacia al otro son los comunes denominadores de la mayoría de las parejas que describen los cuentos, aunque nunca se llega a situaciones irreversibles no solo por el humor –como ya mencionamos?, sino también porque siempre aparece la cuota de creatividad necesaria para dar vuelta lo que pasa. Es que como dice “Escalera al cielo”: creer es el “primer paso para asumir nuestro poder de crear. […]. Si vos creás tu universo, no hay carencia que te limite”. A pesar de esa realidad a la que son arrojados, los personajes se salvan, en gran parte, porque todavía pueden apostar a sus sueños. Y desde el lenguaje literario, el uso de la metáfora termina reafirmando el poder de la creación. Este es un recurso en el que Duarte se luce: “El cielo continúa enojado, pero ha dejado de transpirar”; “sus retinas hicieron el amor por última vez con la vista aérea de Zárate”; “Ahora sus pasos tajean el silencio”, entre otras muchas que le ponen la cuota de poesía necesaria para remontar la realidad más prosaica.

Por último, después de leer Fósforos gemelos podemos volver a los epígrafes y afirmar con Pessoa que la virtud ?de los personajes y de todos nosotros? está “en conseguir, en fin, algo difícil, absurdo, en vencer, como obstáculo, la propia realidad del mundo”.

Ficha técnica

Fósforos gemelos, Luis Duarte, Grupo Editor Latinoamericano, 2014, 200 págs.