Una lectura psicoanalítica de los cuentos de hadas: entrevista a Nicolás Cerruti

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Desde los más antiguos –orales y para adultos– hasta su consolidación como género de la mano de los hermanos Grimm, los cuentos de hadas han recorrido un camino propio. Muchos de ellos, todavía hoy, funcionan como fuente de inspiración; incluso para la invención de otro tipo de desafíos discursivos. Algunos autores, como John Grant y John Clute, señalaron que varios escritores de estos relatos “revisan los originales con la intención de recrearlos de forma contemporánea”; otros, como Philip Martin, se inclinan por el uso de características propias del cuento de hadas solo “para explorar temas modernos”. Lo cierto es que más allá de las intenciones del creador, estas literaturas han estado presentes desde que el hombre comenzó a investigar e interpretar la condición humana desde la producción literaria.

Luego, con la llegada de la industria cinematográfica y, sobre todo, con las diversas adaptaciones que supo llevar adelante The Walt Disney Company –a partir de su fundación en 1923–, muchos de los relatos infantiles cobraron una cosmovisión propia que marcó un antes y un después en la narración de estos cuentos para las nuevas generaciones. Estas películas basadas en la literatura forjaron –de forma consciente o no– ciertos estereotipos que se repiten con cada publicación editorial, con cada estreno del género en la pantalla grande.

El pasado 27 de noviembre, en el Museo del Libro y de la Lengua, el escritor y psicoanalista Nicolás Cerruti presentó su libro Bellas y Bestias: lecturas psicoanalíticas de los cuentos de hadas, donde reflexiona sobre la condición de la belleza, el hombre y la mujer a través de las distintas épocas, y la relación con las demandas del mercado que consume este tipo de textos. Consultado especialmente para Leedor.com, Cerruti comentó algunos puntos clave que lo llevaron a escribir su obra.

-¿Cómo surgió la idea de llevar a los personajes infantiles de los cuentos de hadas al diván?

Comenzó desde la página elsigma.com, donde coordino la sección de literatura. Como es una página especializada en psicoanálisis, siempre me gustó la idea de ampliarla, proponer escritores, con sus cuentos, sus poesías y sus ensayos. Pero en vacaciones no hay tantos lectores que puedan valorar ese trabajo tan especial, así que, un poco como un juego, un poco como una chance de escribir algo distinto, me sumergí en esa antigua pasión de los cuentos y los relatos infantiles. Es así que hablaba de una princesa en enero y otra en febrero, con la soltura que las vacaciones nos permiten, relacionándolas con otros autores, principalmente filósofos, y ciertos conceptos del psicoanálisis. Ese fue el germen. Luego, como cualquier escritura, sus personajes comenzaron a tomar cuerpo, a vivir, y los dejé hacer de las suyas, que me contaran sus múltiples formas de haber sido retratados.

-¿Qué opina sobre la construcción de los diversos estereotipos de héroes, princesas, bestias, etc.? ¿Solo es obra de los prejuicios?

Leyendo las distintas versiones de los cuentos, uno se entera de los parámetros sociales que dirigían esos estereotipos de los que hablás. En cada época, la mujer, el rol del héroe, los valores fueron cambiando y, por eso, era muy interesante cotejar las versiones para ver qué se perdió, qué perduró y sobre qué se insiste a la hora de determinar cómo debe ser la familia, el amor, el lazo con el otro.
Desde ya que los prejuicios tienen su lugar, simplemente porque no hay forma de escapar si uno es consecuente con su época. Eso que llegará a ser un juicio, y un juicio de valor, potencialmente se encuentra en todo prejuicio. Es así que viendo las distintas versiones tal vez podemos acercarnos no solo a nuestros prejuicios, sino a cómo están montados sobre valores que aún no abandonamos y que dirigen nuestras vidas.

-A propósito de esa construcción de estereotipos, ¿qué cosas cambiaron y qué otras persistieron a través de las épocas?

Es algo tan amplio que no alcanza ni siquiera con la lectura del libro. Es el eje que tomé y desarrollé punto por punto, develando que, por ejemplo, si “Blancanieves” es un cuento sobre la preocupación de la belleza, eso hoy, tranquilamente podría ser asociado al paso del tiempo. Si bien hay cosas que se conservan, desde el momento en que los ritos de iniciación cambian de edad, cuando la madurez se precipita, o la adolescencia se hace eterna, es más difícil ubicar en dónde está el pasaje de una etapa a otra. Incluso, sería válido preguntarse si siguen siendo etapas. La preocupación por la belleza, entonces, viró por la preocupación por el paso del tiempo, por ejemplo, cuánto puedo conservar mi piel, mi cuerpo, sin signos de deterioro. Desde ahí, podemos ver el germen de la construcción de los estereotipos sobre los que ajustamos nuestras ideas.

-¿Qué actualidad tienen hoy los cuentos de hadas? ¿Cambian las lecturas, cambian los lectores?

Cambian absolutamente los lectores porque los cuentos de hadas, desde que Disney es Disney, ha pasado a ser un producto masivo. Claro que hay casos singulares donde los padres, o directamente los niños, se interesan por hacer un uso de los cuentos y buscan sus propias historias. Pero lo cierto es que la amplia mayoría de los cuentos están tamizados por Disney. La actualidad, desde ya, es la del cine, pero en lo que respecta al cuento, veo que hay un cúmulo de historias que se desarrollan que son por demás interesantes. Hay en todas partes del mundo un interesante grupo de autores que están desarrollando esos cuentos que, tal vez, sean “de hadas” el día de mañana o simplemente “infantiles”. Pero esto es equívoco. De hecho, lo infantil es lo cuestionado hoy en día. Así que, desde ya, los relatos (cuentos) están por realizarse. Seguramente, los estudiosos podrán encontrar líneas de fuga que nos lleven a la repetición de ciertas historias, desde el pasado, pero todo está cambiando. Las hadas también. ¿Qué será de estas? Deberemos salir a la calle y tomarlas, ahí se encuentran las respuestas.