Festival Experimenta en Rosario

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Es domingo por la mañana, muy temprano, (me refiero a las seis de la mañana), y luego de una noche prácticamente sin dormir, me voy rápido a Retiro para viajar hacia Rosario. Voy a participar de la decimoquinta edición del “EXPERIMENTA TEATRO” Encuentro Internacional de Grupos, un festival dirigido a actores, directores, estudiantes, pedagogos, investigadores y público en general, organizado por el Grupo Laboratorio de Teatro “EL RAYO MISTERIOSO”, quienes vienen trabajando en conjunto desde hace veinte años.

Organizado anualmente, este festival, que ya es un clásico de la ciudad, busca crear un espacio de encuentro que reúna a colectivos teatrales de distintos países, cuyo trabajo se base en el criterio de investigación teatral para posibilitar la confrontación y el conocimiento entre prácticas diversas al interior y entre cada colectivo. Cada grupo invitado presenta su espectáculo y dicta un taller, intercambiando así modos de trabajo entre todos los participantes. La programación del festival incluye espectáculos, talleres, seminarios y conferencias a cargo de invitados especiales, talleres especiales, proyección de videos, mesas redondas, desmontajes teatrales, un encuentro de revistas de teatro, un encuentro de directores de festivales de teatro y otro de críticos teatrales.

Este domingo por la mañana entonces, me encuentro en la boletería de la empresa “El Rosarino” con Daniel Franco, Verónica Escalante (Leedor), Daniel Gaguine (El Caleidoscopio de Lucy), Laura Ávila (Planeando sobre BUE), Juan Ignacio Crespo y Mara Teit (Revista Llegás), Ana Seoane (Diario Perfil), y otros colegas de distintos medios. Viajamos juntos. El micro se convierte en una mesa espontánea en la que se reflexiona sobre las especificidades de la crítica teatral y las dificultades de editar una revista. Al llegar, nos hospedamos en el hotel El Libertador, sobre la Avenida Corrientes, en pleno centro de la ciudad. Almorzamos y cenamos en nuestras noches de festival en el coqueto restaurante del grupo organizador, quienes nos atienden con gran cordialidad.
Ese mismo domingo participo de la mesa de críticos, previa presentación y apertura del festival. Discutimos sobre el catastrófico estado de los grandes medios nacionales, la pérdida de la importancia del crítico teatral, su cambio de rol, la influencia de las tecnologías digitales en esta labor, y el debate de si la crítica deber ser objetiva, o puede devenir en una crónica, con la introducción de la primera persona y el desarrollo de un estilo de corte “impresionista”, vivencial y sentido.
Presenciamos un espectáculo callejero en el que dos ancianas enormes, de más de dos metros de altura, caminan por la calle, distrayendo a automovilistas, intentando ingresar infructuosamente en un bar y subiéndose finalmente a un colectivo de línea. Son ancianas hechas con zancos, máscaras y manipuladas por dos grandes actrices. Unas horas más tarde estamos en el Centro Cultural Parque España, ubicado en la costanera. Allí vemos la obra que abre el festival, Macchina Napoli, del grupo local. Una obra enteramente hablada en italiano, en la que el vestuario, el maquillaje y la luz cumplen una función destacada.
El segundo día de festival nos encuentra participando de la mesa de editores de revistas teatrales, allí intervengo como representante de este medio y de la revista Funámbulos. El intercambio de revistas, experiencias y sensaciones es intenso e incesante. Me hago un tiempo y un espacio para presentar también los libros de la colección teatral “Altas Llantas”, de la que soy director, y que publica Pánico el Pánico. La mesa de directores de festivales de teatro se revela también variada y muy interesante, con exponentes de Santa Fe, Ecuador, Brasil y Mar del Plata. A la noche del segundo día, asistimos a la segunda obra del grupo anfitrión: Dionisos Aut. Una obra con una gran impronta intertextual, fuertemente influida por la estética de grandes maestros como Tadeusz Kantor, Eugenio Barba y Omar Pacheco.
Luego de la obra, cenamos. Ya el regreso se olfatea en el ambiente. Nos despedimos de los organizadores, agradeciéndoles por su generosa hospitalidad, caminamos hacia la terminal, satisfechos por haber presenciado un festival destacado, que ha dejado una indeleble marca no sólo en la ciudad rosarina, sino también en el heterogéneo mapa teatral nacional.