Canibalísmico, cuentos de espasmo

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Los cuentos de Cristian Acevedo no dan espacio al respiro, se leen de un tirón. Uno tras otro están escritos con una prosa sencilla y eficaz. El terror y el asombro acompañan cada página, por lo menos hay una sensación de susto, y la satisfacción de la lectura que acompaña toda la noche. Publicado por Expreso Nova Ediciones, Canibalísmico (2014) es todo un hallazgo.

No escatimo elogios para este joven escritor miembro de La Abadía de Carfax, círculo de escritores de horror y fantasía, y ganador de diversos premios, entre ellos, el Premio Gonzalo Rojas Pizarro de Cuento de Chile (2013). Tengo dos razones: la primera es que, a medida que avanza la lectura, voy recordando capítulos de una de las series de televisión que marcaron mi infancia: Historias asombrosas (Amazing Stories), dirigida por Steven Spielberg entre 1985 y 1987. Ningún cuento de Acevedo se parece a alguna historia del programa, pero sí el clima en el que se cuentan, algunos personajes y el asombro ante la fantasía, lo inesperado.

Descubro en la escritura de Canibalísmico una influencia que no me es ajena. Y es que Cristian Acevedo nació a finales de los 70, quizás entonces coincidimos en lecturas, en shows de tv y quién sabe en cuál otro aspecto de la cultura popular de los 80. Lo cierto es que, y aquí expongo mi segunda razón por tanta verborragia agradecida, es que reconozco algunas lecturas: el cuento Matagemelos, recuerda inmediatamente a Episodio del enemigo de Borges, o La muerte viaja a caballo de Ednodio Quintero. Ningún personaje titubea, no hay espacio para la indecisión. Otros relatos evocan el capítulo El túnel de Los sueños (Yume, 1990), la gran película de Akira Kurosawa… y así podría seguir enumerando alegres coincidencias.

Complacida, podría leer muchos cuentos más de Acevedo, aunque eso implique dormir un poco inquieta. En Canibalísmico, un libro muy cuidado de una novel editorial, encontramos la belleza de lo desconocido.

Para suavizar tanto terror, y más en días de calor, preparo una ensalada fresca.

Ensalada de zucchinis y queso
Cortar los extremos de dos zucchinis y lavarlos muy bien. Con un pelador de verduras, cortar finas láminas (como si fueran tallarines). Hay que ir dando vuelta al zucchini para obtener las láminas. Cortar hasta que aparezcan las semillas. También con el pelador de verduras cortar láminas de queso parmesano o reggianito. Mezclar las láminas y disponer en una bandeja dándoles volumen en forma de ondas. Agregar aceite de oliva, pimienta negra y adornar con albahaca. Servir fría y acompañar con un buen espumante.

Buena lectura