Isidoro Espacio de Arte

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Coronel Suárez, localidad de la provincia bonaerense, a casi 580  km de Capital Federal, 180 km de Bahía Blanca, con el marco no muy lejano del sistema de montañas de Sierra de la Ventana. Su población, según el censo de 2010, es de 23 621 habitantes. Si se suman sus tres colonias de alemanes del Volga venidos con las oleadas de la gran inmigración que conformaron las poblaciones de Santa Trinidad, San José y Santa María, la población asciende casi a 30 mil almas.

Si me decían que existía una galería de arte con más de 6 años de trabajo como principal nodo de acción cultural de la zona, en plena campaña sureña, no sé si lo hubiera creído.

Pero existe,  se llama Isidoro Espacio de Arte y hoy es mucho más que una galería, porque es un referente de la práctica cultural y de la formación artística no solo en artes plásticas, sino en otras actividades a las que le da cobijo.

En estos días le ha dado marco al proyecto terroir, donde la acción de trece artistas en una semana de trabajo ha dejado su huella en el balneario local y marcado el ritmo de su gente.

Isidoro es la primera y única galería de arte de la zona. Debe su nombre al prócer que le da nombre al pueblo: Isidoro Suárez, Coronel que peleara en la batalla de Junín (6 de agosto de 1824), personaje clave en su victoria, que además, ha entrado en la literatura por la puerta grande: es el bisabuelo de Jorge Luis Borges, y existen cuatro de sus poemas donde el escritor menciona su abolengo. Buena elección entonces el nombre de la Galería, sin dudas, que habla de una búsqueda de identidades propias, que se siente en el aire.

Una de los matices más interesantes del proyecto está en su flexibilidad, en sus límites difusos, en su capacidad de ser una usina que le brinda marco a muchos deseos y sueños para que se transformen en proyectos. Referente de una población joven, inquieta y sensible, Isidoro es su trastienda pero también y fundamentalmente es una red afectiva de otro tipo de prácticas, basadas en la economía del don y en formas autogestionadas, desde una intuición increible que ha hecho a su fundadora y directora, Sonia Gómez, un referente de la gestión autónoma, del aprendizaje continuo, de las propuestas audaces e inéditas, de la micropolítica de intercambios y aperturas como metodología de trabajo y vida.

Es esta flexibilidad, este devenir proyectos y nodos que recomienzan en nuevos desafíos que se entrelazan, lo que permea todo el espíritu de Isidoro, porque lejos de ser un emprendimiento personal de Sonia, es claramente una apropiación colectiva, que la potencia en todxs lxs que se suman a habitarla.

La trastienda está integrada por artistas de trabajo sumamente interesante, como puede ser una de las protagonistas clave de la educación artística en la zona que además tiene proyecciones internacionales, María Cristina Elorriaga, o la pintora que es en cierta forma ojos y registro poético del paisaje urbano y rural suarense, Leticia Jencquel, llegando a figuras jóvenes, donde destacan Ana Paula Hall. En este sentido Isidoro es una plataforma de creadores y prácticas que se proyectan fuera de su propio radio, ya que la gestión de la Galería busca provocar escuela de coleccionismo local pero también interactúa con el afuera de los centros artísticos legitimados, comenzando a participar de ferias, encuentros, clínicas y acciones globales.

Otro de los rasgos de Isidoro, es su inquietud que la hace estar siempre en caminos y búsquedas: desafíos, aprendizajes, propuestas y huéspedes nuevxs, ideas que quizás al comienzo suenan utopías alocadas en el contexto más bien calmado y tradicional de esta comunidad volcada a la actividad agropecuaria, pero que luego resultan hitos en su historia cultural, en un ejercicio que es además una puesta en valor permanente de sus capacidades y expectativas.

En suma, se recomienda Isidoro Espacio de Arte por muchos motivos. Pero fundamentalmente, porque es preciso correrse de lugar y abrirse a otros juegos, dejarse afectar por esta comunidad que ha sabido producir una realidad distinta, acorde a sus sueños, deseos, modos de estar en el mundo y  de ser felices.

 

 

Isidoro Espacio de Arte
Casey 1052, Coronel Suárez.
Buenos Aires, Argentina