Proyecto Terroir en Coronel Suárez: matriz creativa de territorialidades

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El paraje de la localidad bonaerense de Coronel Suárez, Balneario Municipal Samuel Davis, ha experimentado un nuevo relámpago en su historia gracias a la acción de 13 artistas latinoamericanos que lo operan desde distintos señalamientos.

La convocatoria parte del proyecto art in-situ, en su edición número 7, llevada adelante por Diana Campos (Victoria, Entre Ríos) e Irene Serra (Ciudad de Buenos Aires), artistas visuales, gestoras, educadoras.

En esta ocasión, terroir encontró un espacio operativo único y distinto, señero en provincia de Buenos Aires, afectivismo puro y del mejor, el que les brinda Isidoro Espacio de arte, una movida cultural potente y generosa que está transformando la localidad de Coronel Suárez y me atrevería a decir, zonas aledañas, en un nodo donde las prácticas artísticas son un fortalecedor de las prácticas comunitarias y un punto de encuentro de sensibilidades y reconocimientos.

Desde allí es que Isidoro convoca a art in-situ, que es el marco creativo y material de terroir. Esta movida nace en 2009, a partir del grupo de artistas mujeres llamadas tricoteras, que originalmente se nucleaban en torno a la práctica textil. Una vez más, como en innumerables casos, es este quehacer el que dispara nuevas búsquedas, estrechamente relacionadas con la reterritorialización, matriz provocadora de derivas que potencian búsquedas y lenguajes. El grupo original va decantándose y quedan las dos artistas mencionadas junto con Mariana Briguera, quien en este momento no participa de la movida pero ha sido parte fundamental.

En 2011 lanzan Tricot Agua, dando inicio a una serie de encuentros arte/naturaleza, no solo como enunciación colectiva sino facilitando el intercambio de saberes. Y provocan un art in-situ inédito en el islote que se ubica frente al Paraná, a la altura de la ciudad homónima, conocida como Curupí. En lo que quizás sea el proyecto más acabado del grupo, en procura de esa etnografía afectiva que busca la otredad como única manera de estar en el mundo, esta apertura al humedal marca un punto de inflexión para el trabajo de estas mujeres. Desde lo afectivo, se produce un intercambio con los pescadores del lugar, aquellos que se resistieron a la implementación del proyecto energético del Paraná Medio por el impacto ecológico en todos los sentidos (no solo natural, si no en su cultura de pesca, en su cotidianeidad y subsistencia), y empezaron a pensarse desde otros nichos y modos de hacer.

Es entonces que los propios agentes del Curupí quieren repetir la experiencia, y de ella también participa, invitada por Diana e Irene, un referente como Teresa Pereda. Esto da como resultado una madurez del proyecto que se visibiliza desde un lenguaje que abre el territorio, mucho más geopolítico. Decididamente derivadas en la extra disciplina, como única manera de un hacer de desmarques, lo más potente empieza a suceder y aquí llegan, siempre convocadas, a Coronel Suárez, luego de pasar por el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza con sus Humedales.

Así, estas dos gestoras, Diana e Irene, junto con la visión y el emprender imbatible de Isidoro hicieron posible reunir una variedad de artistas nacionales e internacionales para concretar este site specific, arquitectura de paisaje, diálogo arte / cultura – naturelaza, conformando un hacer colectivo, verdadera polifonía que se nutre de las prácticas de Alejandro Jaime Carbonel (Lima, Perú); Bruno Ceballos Porta (Catamarca); Anabella D’alessandro (Azul, Buenos Aires); Daniel Fitte (Sierras Bayas, Buenos Aires); María Luján Gasillón (Río Grande, Tierra del Fuego); Ines Linke (Minas Gerais, Brasil); Cristina Salas (Quito, Ecuador). A ello se suman artistas de la zona, como baqueanos que aportan otra experiencia de vida y hacen de anfitriones redescubriendo a su vez lo que siempre estuvo. Ellxs son: Ana Paula Hall (Coronel Suárez, Buenos Aires, Arg); Andrea Lázaro (Coronel Suarez, Buenos Aires); Claudia Pagouapé (Coronel Suarez); Mercedes Resch (Cura Malal, Buenos Aires).

mapaUbicación de los trabajos de lxs artistas en el mapa del Balneario Samuel Davis.

La localidad que lleva el nombre del Coronel Isidoro Suárez (héroe de la batalla de Junín) está situada en el corazón de la llanura pampeana bonaerense,y como tal, bien campera, ubicada a 576.8 km de la ciudad capital de Argentina, y a la que se accede por RN 205 y RP 65.  En este caso, el ecosistema a “huellear” (intervenir me parece que no se ajusta a lo aquí producido) es un balneario de arroyos reorientados a partir de las distintas necesidades urbanas y rurales y es uno de los hitos sociales de sus habitantes, hábitat comunitario por excelencia, profusamente compartido en verano.

Tomando distintas formas, entre la práctica artística en residencia, el land art, la gestión cultural, la práctica política comunitaria, el pequeño gesto, el resultado de este nuevo terroir afirma otras formas de estar y de activar (se) desde el hacer artístico, en una palabra que a mí me gusta llamar (y la he tomado de un grafitti en Cali a partir de la bellísima película colombiana Los Hongos), rexistir, una combinación vibrante y afectiva entre afirmar existencia + plantearse disidentes a las formas normativizadas del capitalismo cultural donde todo es producción, distribución y consumo en el marketing de los sentires y los deseares, con ningún margen para otros modos que igual siempre emergen en persistencias artísticas como estas.

Ahora nos dejan esta chance de encarar una excursión imperdible, vuelta al desierto, transformación corporal, imposibilidad de salir iguales a cómo llegamos, andar de caminos y mapas que se construyen al mismo tiempo que se recorren..  Desde la altura del pastizal, la tarea es recorrer estas huellas, indicios de otras maneras de dejar presencias, modos no agresivos de dialogar con lo que es para todos, de buscarnos en el otro, de querer estar, colectivamente, participando como testigos afectivos de tantas otras formas que adquiere la práctica artística de alteridades y sorpresas…