¡Tierra de libros cumple 10 años!

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A mí me gustaría tener una librería…

¿Habrá sido el título de este artículo el principio del fin? ¿O solamente un nuevo comienzo de las muchas vidas que nos toca vivir?
Preguntas retóricas, en definitiva, de las que no espero ninguna respuesta…

Hace diez años nos pusimos con una amiga a armar una librería. Primero fue un rincón para turistas que se llamó “Hojas gauchas”. Cumplía yo los 40 y andaba recorriendo librerías, distribuidores, editoriales…Nobleza obliga, la dueña de “Caleidoscopio”, muy bonito local frente a plaza de Belgrano R, de una forma muy amable y desinteresada café por medio, me empezó a desasnar de qué iría la cosa. Yo, ni idea…

¿Qué me impulsó a meterme en esto, virgen completa (con perdón) de lo que es tener un negocio? Había trabajado normalmente en relación de dependencia y los últimos diez años me había concentrado en la enseñanza de español para extranjeros e inglés para todo aquel que lo necesitara.

Si miro hacia atrás, lo que veo es una mujer con un gran amor (rayano en la desmesura, tal vez) por la literatura, que debe haber empezado con mis viejos y mi hermana mayor leyendo en todo momento delante de mis ojos de infante, y yo misma en esa actitud, casi todo el tiempo.

El resto (de los momentos que recuerdo) podemos haber cantado, o bailado, tal vez alguito jugado a la paleta y en el mar, y así pienso que lo que me dieron de leer (en esa maravillosa expresión que le robo siempre que puedo a la querida Estela Vega) me fue nutriendo desde muy pequeña, las letras por todas partes y en todos los idiomas que pude aprender: sin duda el primero fue el gallego que me acunó por partida doble (mi abuela vivió con nosotros hasta mis 8 años, mi madre en los cuentos de los sábados sobre su Santa Cristina de Barro natal variaba entre español y gallego sin solución de continuidad), luego el inglés, el francés, el alemán, el italiano…Una extrema fascinación por entender a aquel que escribió en su propio idioma…En la facu tuve que vérmelas con el latín y el griego, desafíos mayores pero que también sirvieron.

Un criterio utilitario, me dirán algunos. No, señor, forman parte de este modo de concebir el mundo literario, una manera particular alla Tierra de Libros. En definitiva, como bien se ve en Facebook, mi alter ego. En mi infancia podían convivir Anteojito, Hijitus, Patoruzú y Corazón y Alexandre Dumas. En mi adolescencia, Corín Tellado, Guy de Cars, Sartre y Camus…Una visión abarcadora, ecléctica, donde lo que queda afuera es lo que no te llega o no te mueve un pelo. Cuando la librería en Acassuso abrió, casi inmediatamente tuve la idea de incorporar las actividades como una forma de promocionar la literatura y la lectura. Posiblemente, en algunos casos, habría ventas por añadidura. Pero no siempre. De modo tal que el asunto de vender libros pasó a ser meramente una consecuencia de la cuestión de “parir” nuevas generaciones lectoras. De cualquier edad, se entiende. Que el cliente quedara prendado y prendido del estilo personal del lugar y que tuviera ganas de volver. Hete aquí que esta cuestión de generar el gusto por la lectura y la literatura devino, al cerrar el local, en el modus operandi de las ferias. Como diría mi amiga Bea, “la librería va a la escuela”. A veces (somos tan desmedidas) nos ofende cuando nos preguntan de qué editorial somos…Llevamos de todo y para todos los gustos, y no estamos comprometidos especialmente con nadie. Solo con los lectores.

La pasión sin límites llegó a la LIJ, que me era prácticamente desconocida a excepción de lo que consumía con mis hijos, y la rara avis se completa con esta mina que además de recomendar para adultos, hace lo propio para chicos. Con alguien que hace talleres para grandes y también para los bajitos. Con el mismo fervor. Que se renueva, casi, casi, todos los días. Y que hizo que en un año muy especial en lo personal, haya resignificado el espacio de mi propia casa para contener el Living de Olivos, adonde pueden visitarnos con cita previa para disfrutar desde una lectura hasta una actividad para chicos o grandes, o un tecito con la dueña.

Me pidieron una especie de memoria y balance sobre estos diez años. Ojalá haya podido transmitir un poco de nuestra esencia.

Silvina Rodríguez. Tierra de Libros.
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