#29MDQFEST: The Duke of Burgundy

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The Duke of Burgundy es la nueva película de Peter Strickland (Reading, Reino Unido, 1973) quien ganara en el BAFICI 2013 el premio a Mejor Película por su anterior largometraje Berberian Sound Studio.  Este 2014 ya lo tuvo en la pantalla comercial, participando la ciudad de Buenos Aires del estreno mundial de su film  Björk: Biophilia Live (codirigido por Nick Fenton) en simultáneo con 160 ciudades.

Pequeña perla reservada para un último día de proyecciones de Competencia Oficial, junto con Le Meraviglie, The Duke of Burgundy es un film que a riesgo consciente de caer en el lugar común vamos a calificar de exquisito y cumple un juego maravilloso, tendencioso y gratificante… es una película protagonizada integramente por mujeres, centrada en una relación lésbica sadomasoquista, donde el tema sin dudas es el del amor, sus límites, sus apuestas, sus entregas, a través de distintos juegos de opuestos conceptuales: visible/oculto, larvado/desplegado, cientificismo/irracionalidad, sexo/muerte, orden/caos, clasificación/imprevisto… Su título hace alusión a un tipo de mariposa habitual en las islas británicas.

La película plantea creativamente una serie de situaciones amorosas que confrontan todo el tiempo los límites de la relación y el modo de vivir intensidades dispares entre sus protagonistas, interpretadas por las actrices Sidse Babett Knudsen (Cynthia) y Chiara D’Anna (Evelyn), dos fanáticas estudiosas de la  lepidopterología. La historia pareciera ambientada a finales de los 60, comienzos de los 70, en una inglaterra rural y austera, con guiños al mundo victoriano y a las morales privadas e íntimas. Y actualiza un posible juego de placeres más cercano a la mirada del post-porno que a la heteronormativa de las sexualidades cristalizadas y tranquilizadoras a las que el cine tanto contribuye en sostener.

La estética general de la película es muy particular, cuida la enunciación en cada plano, con superposición de lentes y espejos, una iluminación delicada y muy ambient y un comienzo con cierta dosis de psicodelia, aumentando el clima de ensoñación, de fantasía, de fetiche, que sobrevuela toda la propuesta. Otro elemento particularmente propio es la música, aportada por el dúo pop inglés Cat´s eyes.

La lencería sí es un elemento de dominio y negociación, y su diseño pertenece a Andrea Flesch, siendo especialmente anunciada en los créditos de comienzo, lo que ya focaliza que será un elemento a observar.  Justamente, a nivel del fetiche sadomasoquista, no hay desnudos visibles ni juguetes comerciales (tan explotados por la moda mediática a partir del best seller ya pasado 50 Sombas de Grey), sino un refinamiento donde la palabra parece ser el agente erótico esencial y frente al que sucumbe cualquier instrumento.

En este sentido, es lo que se dice, pero sin dudas, cómo lo dialogan, lo ponen en acto, cómo tiemblan y a la vez se contienen los cuerpos, uno de los tantos rasgos que hacen a este film una pieza extraña, inasible, perturbadora y atrapante.