#29MDQFEST: Alive, de Jungbum Park

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En el Festival de Mar del Plata llegó el turno de Alive, de Jungbum Park, protagonizada por él mismo, secundado por Seungyeon Lee y Myeonghoon Park, 179 minutos de auténtico melodrama de un realismo atronador, con excelente fotografía y actuaciones, película que se perfila como una de las favoritas del festival.

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Jungbum Park (Seúl, Corea del Sur, 1976), no posee formación académica en cine, pero sin dudas ha aprendido mucho como asistente de dirección de quien reconoce como una de sus influencias, Lee Chang-dong, con quien trabajó en su Poetry.  Otras influencias que reconoce en su aprendizaje, es el cine de Ken Loach y Mike Leigh. Aunque él mismo destaca que se acercó al cine a partir de Takeshi Kitano, con quien comparte esta modalidad de dirigir y actuar sus películas, remarcando que su deslumbre y su vocación llegó cuando vió Hana-Bi (Flores de fuego). Esto se deja ver en el film, porque hay que decir que Park es un actor impresionante, que se pone al hombro la película, y que, por otras cosas que contó al público después de la proyección, no produciría el mismo resultado si sus películas fueran protagonizadas por otros.

Y así, protagonista de sus propias películas (la anterior, The Journals of Musan, de 2010), va puntuando él mismo con su ejemplo el tipo de actuación que busca, de un realismo devastador, en Alive se centra en las relaciones inter e intra clases sociales en el mundo laboral de la Corea contemporánea, fuertemente marcada por la crisis laboral, el desplazamiento de los viejos que son reeemplazados por manos jóvenes, la exigencia de hiperproducción y su contracara el neotaylorismo de las economías orientales, el consumismo feroz, la pobreza, la inexistencia de leyes laborales, las condiciones del nuevo proletariado manual y sobre todo, la violencia que todo esto produce.

El contexto de la historia sucede en un pueblo montañoso y nevado, en una fábrica de pasta de soja (dato que también es autobiográfico, porque es la fábrica de sus padres), y lo que relata se apoya en datos sucedidos en la vida real.

Uno de los elementos que aparece en toda la película y marca todo esto que venimos diciendo, auténtico símbolo que resume el conflicto, es el dinero, que pasa violentamente de mano en mano, el billete, como fetiche y como imposibilidad de salir de una realidad frente a la que no hay demasiada esperanza, en pleno capitalismo liberal, cada día más concentrado y salvaje. 

La película explora modos de narrar un aquí y ahora, dese una intencionalidad realista, al decir del propio director y nosoros agregamos:  naturalista, porque a momentos recuerda, y comenzamos hablando del carácter de melodrama, a Germinal de Zola, claro que sin atisbo de lucha social y con un conflicto que siempre puede ir peor, porque ya no hay utopía de cambio en la que creer.

Ojalá se estrene en Buenos Aires. Según nos contó un amigo en los pasillos del festival, todo lo proyetctado hasta ahora en comptentencia interncional y en los pesos pesados del fuera de conpetencia, ha sido comprado por distribuidoras para ser  exhibido en Buenos Aires. A estar atentxs para cuando se exhiba, amén de que escuchemos nuevamente de esta película cuando se lleve algún premio en el cierre del 29 Festival…